Brigada Parlamentaria Cruceña

 

Entrevista al senador Oscar Ortiz en el periódico El Comercio de Perú.

http://www.elcomercio.com.pe/edicionimpresa/Html/2008-04-09/vamos-cerrar-filas-unidad.html

"Vamos a cerrar filas por la unidad"

El presidente del Senado de Bolivia es un férreo opositor al gobierno de Evo Morales. El legislador estuvo en el Perú para informar su punto de vista de la crisis política de su país

Por Silvia Mendoza Martínez

Como presidente del Senado, es el tercero en la línea de sucesión democrática en Bolivia, tras el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera. Mientras el oficialismo y la oposición siguen enfrentados, Óscar Ortiz Antelo, congresista por el opositor Podemos, ha iniciado una gira sudamericana que lo trajo al Perú hace unos días, para instar a la comunidad internacional a participar en la solución a la terrible crisis que golpea al país altiplánico.

Según algunos analistas bolivianos, el país está en crisis por la intransigencia tanto del oficialismo como de la oposición, pero desde su punto de vista la crisis en Bolivia solo es el producto del avasallamiento de las instituciones de parte del gobierno del presidente Evo Morales. ¿No tiene la oposición parte de responsabilidad?
Obviamente, pero el tema es qué busca uno y qué el otro. Nosotros en el Congreso siempre hemos actuado en el marco de la democracia. Lo que planteamos es, por ejemplo, que en la Asamblea Constituyente se garantice los derechos del conjunto de los asambleístas, que tengamos una constitución razonable que combine los cambios sociales, las autonomías y funde un sistema democrático balanceado y una economía viable al país. Lamentablemente el Gobierno, siguiendo el modelo del (presidente de Venezuela) Hugo Chávez, nunca vio la constituyente como un espacio para generar un pacto nacional, sino simplemente como un instrumento para deshacerse de todos los límites que le planteaba los contrapesos democráticos. Por eso impuso un texto constitucional --que nosotros no aceptamos-- para que le dé cierta legalidad a un gobierno que ya no es una democracia, sino un régimen de partido único.

¿No sería más democrático votar el proyecto de constitución y por esa vía rechazarlo?
No, porque estaríamos dando legalidad a un proceso constituyente que no fue tal, porque no tuvo sesiones plenarias. El texto oficialista es el resultado de sesiones realizadas en medio del más absoluto atropello, en un recinto militar y rodeadas de grupos de choque. Luego, como el Gobierno no tenía los votos para aprobar el llamado a referéndum, cercó el Congreso y lo convocó para el 4 de mayo, buscando igualar la fecha con el referéndum por la autonomía (de Santa Cruz). Pero han sido tantos los atropellos que la Corte Electoral ha tenido que reconocer que no hay base constitucional suficiente para su convocatoria y que es imposible realizarlo en esa fecha. Por esto es evidente que el texto constitucional es ilegal e inviable por su contenido que crea ciudadanos de distintos niveles y opta por una economía comunitaria, inviable en estos días.

Según sus declaraciones, usted no cree en la fragmentación de Bolivia, pero la respuesta de la oposición, de la que forma parte, es convocar un referéndum para aprobar la autonomía de Santa Cruz. Esto implicaría que su departamento podrá tener su propia policía, su órgano electoral, podrá legislar, tendrá competencia sobre su presupuesto, su sistema educativo, etc. ¿Esto no es en la práctica una declaración de independencia?
No. Primero, yo vengo como presidente del Senado pero sí puedo decir que dentro de nuestra propuesta partidaria (del Podemos) concebimos la autonomía como un proceso en el cual se distribuyen las competencias y los recursos del Estado. En Sudamérica tenemos países como el Perú y Colombia que siendo unitarios, han avanzado en la descentralización. Creo que en algún momento tenemos que lograr un pacto, que debe ser reflejado a nivel constitucional, en el cual se establezca esa clara división y competencia entre municipios, departamentos y gobierno nacional. Pero como el proyecto del oficialismo centraliza todo, hemos tenido una respuesta firme.

¿No debería la oposición ser capaz de marcar la diferencia frente al estilo de gobierno que critica ?
Yo le aseguro que nosotros vamos a cerrar filas en torno a la unidad nacional, la prueba de ello es que hoy seis de nueve departamentos apuestan por las autonomías. Eso quiere decir que la autonomía está uniendo el país porque ya no son solo los departamentos de las tierras bajas, sino otros como Cochabamba y Chuquisaca, incluso Potosí. La autonomía se está convirtiendo en una nueva forma de concebir el Estado Boliviano pero en el marco de la unidad nacional. Pero esto solo es una parte del problema, el proyecto de constitución es la otra, además lo que más me preocupa es el grave problema económico que vivimos porque este es un gobierno sin gestión y sin política social, que ha desperdiciado el inmenso voto popular que le dio la población en imponer un proyecto constitucional que le asegure el continuismo en el poder. Por eso se debe dar lugar a un proceso de concertación que parta de la base de que el Gobierno reconozca que tanto la constitución como las leyes aprobadas por medio de cercos al Congreso no tienen validez, deben ser descartados y entonces debemos sentarnos a ver cómo construimos un nuevo texto constitucional.

¿Nada es rescatable desde su punto de vista?
No, siempre hay algo que puede ser útil, pero el conjunto no. Pero el Gobierno ofrece diálogo y comete nuevos atropellos y luego toma represalias, como ha sucedido hace unos días al prohibir la exportación de aceite vegetal bajo el pretexto de que subió de precio. Eso significa golpear la economía de Santa Cruz, donde hay un movimiento contrario al gobierno, por eso busca asfixiarla económicamente. Ese nuevo paso hace más difícil aún el acercamiento de las posiciones (de la oposición y el oficialismo).

Pero el Gobierno a lo largo de esta crisis ha hecho varios llamados al diálogo...
Nosotros habíamos instalado una comisión de consenso para discutir el conjunto del texto constitucional. Pero el 28 de febrero, estando nosotros en la mesa de negociación, fuimos abandonados por el vicepresidente (Álvaro García Linera) quien se fue a dirigir una sesión en el Congreso cercado por grupos de choque. Esto claramente rompe todos los canales de confianza.

¿En un escenario ideal en el que la oposición y el Gobierno se sentaran a conversar, cuáles serían sus postulados? ¿Qué necesita Bolivia para superar esta crisis?
Primero hay que restablecer la normalidad democrática, incluyendo la independencia del Poder Judicial, luego asegurar el respeto al Congreso. Tercero, hay que resolver el tema de la constitución, que es una fuente de conflictos, pero también puede ser una de las soluciones si reconocemos que es inviable; y por último, el Gobierno debe dejar de tomar acciones contra las regiones que se le oponen como ha venido haciendo, y debe descartar el uso de las fuerzas armadas para la solución de la crisis porque esto solo profundizaría las heridas de nuestra sociedad.

¿Tras el referéndum del 4 de mayo en Santa Cruz, el que según se prevé debe aprobar el Estatuto Autonómico, qué escenario le espera a Bolivia en vista de que el Gobierno lo considera ilegal?
Se va a dar un paso más en algo que ya se está produciendo, que es la fractura institucional del país, pero lo que va a pasar después va a depender de la serenidad de los actores. Nosotros queremos contribuir desde el Senado para evitar cualquier confrontación violenta, para seguir impulsando procesos de diálogo que nos permitan lograr un pacto de unidad nacional en base a la confluencia de las agendas pendientes: el cambio social y las autonomías.

La oposición pide la elaboración de una nueva constitución. ¿Dentro de esa lógica, no es contraproducente declarar por adelantado las autonomías regionales? ¿No sería más democrático concertar un nuevo texto constitucional y a partir de este iniciar el proceso de descentralización?
Yo reitero que lo que vivimos es una reacción de las regiones frente a un hecho real: un gobierno que trató de dar validez a una constitución aprobada ilegalmente y sin consenso. Por eso creemos que un nuevo texto constitucional es la única salida a esta crisis y mientras más demore la decisión (del Gobierno) de ponernos a trabajar en ello, vamos a tener que asumir un costo más alto.