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http://www.eldeber.com.bo/2008/2008-06-28/vernotacolumnistas.php?id=080627230429
Hay que darle duro a los gringos
Por Carlos Pablo Klinsky Fernández
La demagogia política todavía permite que los políticos populistas enciendan la llama del engaño en el pensamiento de los ciudadanos.
La permanente confrontación de Evo Morales y los gringos se ha convertido en el mejor negocio político para el MAS, no sólo por las amenazas constantes del Presidente, sino también por la aceptación de más de 120.000 productores cocaleros relacionados con la siembra de coca permitida y la coca ilegal que va al narcotráfico en la zona de Chapare.
Hoy no hay peces gordos, hay pirañas por todo Chapare y otras zonas del país.
Las políticas de 'favorecimiento' a los productores no hacen otra cosa que beneficiar al narcotráfico, por ello Evo Morales es el presidente de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba y colocó a Felipe Cáceres como zar antidrogas, su hombre de confianza y dirigente cocalero. El ratón cuidando el queso. ¡Ahora es cuando, coca libre!
Políticamente, el liderazgo de Evo en el trópico de Cochabamba y en algunas zonas del país se alimenta de dos fuentes: la confrontación con la embajada estadounidense y la agencia Usaid, y la defensa de la coca, incluida aquélla que todos los del Gobierno saben que va al narcotráfico.
En el país sólo están permitidas, por mandato de la Ley 1008, 12 mil hectáreas de coca, que son suficientes para el consumo tradicional, pero insuficientes para el crecimiento de la demanda del narcotráfico en este Gobierno.
La oficina de Naciones Unidas contra la droga y el delito ya declaró el fracaso de la lucha antidroga de este Gobierno, puesto que la potencial producción de cocaína –94 toneladas métricas en Bolivia– se incrementó más del 50% en los últimos dos años y medio de desgobierno de Evo Morales.
Usaid, sólo en la gestión fiscal entre septiembre de 2006 y agosto de 2007, destinó $us 124 millones a Bolivia, de los cuales $us 87 millones corresponden a proyectos de medio ambiente, salud, educación, justicia, fortalecimiento institucional y desarrollo alternativo en Chapare y otras zonas. Y el resto, más de $us 35 millones, fue destinado a la lucha contra el narcotráfico, principalmente a dos de sus cuatro pilares: erradicación e interdicción.
Esa lucha es operada por la Sección de Asuntos Narcóticos (NAS), con apoyo a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico, la Fuerza de Tarea Conjunta para la Erradicación y el Ministerio Público.
Ésa es la verdadera lucha del Gobierno nacional contra la embajada de EEUU y Usaid: proteger el santuario de la empresa ilegal de Chapare, siendo ésa otra razón para rechazar el Tratado de Libre Comercio (TLC), porque exige medidas de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. El neoliberalismo es un pretexto fuera de contexto.
La única empresa que tiene seguridad jurídica en el país es la industria del narcotráfico, que opera en Chapare, en parques nacionales, reservas forestales y hasta en terrenos de El Alto, tal como lo afirmó el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación ante la Comisión de Desarrollo Económico de la H. Cámara de Senadores.
Los cruceños y el país perdimos en 1986 a manos del narcotráfico a un gran hombre, Noel Kempff Mercado; a partir de allí iniciamos una dura batalla contra aquéllos que se dedicaban a esta ilícita actividad, que carcomió cimientos sólidos de nuestra sociedad y el poder público.
Hoy más que nunca necesitamos recuperar la dignidad, perdida por el actual Gobierno nacional frente a la comunidad nacional e internacional, necesitamos decirle alto al presidente Morales con la fuerza del corazón y bajo el cielo más puro de América: Bolivia 'no' es un país de narcotraficantes.
* Diputado nacional,
CI 1996388 SC