NINO GANDARILLA GUARDIA
Eslabones Encontrados
de la historia cruceña
Presentación: Paula Peña Hasbún
COMITÉ PRO SANTA CRUZ
Santa Cruz de la Sierra
2004
A la memoria de
“Chino” Banegas.
Luchador cívico,
eternamente joven.
ÍNDICE
Presentación…………………………………………. 4
Introducción…………………………………………. 6
La tierra camba………………………………………. 8
El Acta de Fundación………………………………… 13
El general Ñuflo de Chaves…………………………. 22
440 años del Éxodo de Asunción a Santa Cruz……. 27
400 años de la gran decisión……………………… 31
El Escudo Cruceño…………………………………. 38
El día de nuestra Independencia…………………… 48
443 años de lucha autonomista cruceña…………… 52
La Bandera Cruceña………………………………… 106
Historia del Ejército Cruceño……………………… 118
El Estado Federal de Santa Cruz………………….. 198
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PRESENTACIÓN
Nino Gandarilla es, sin dudas, más que un dirigente cívico comprometido con su departamento, es también un estudioso de la historia de Santa Cruz de la Sierra. En este nuevo libro que nos presenta, nos ofrece diez artículos, en los que reflexiona sobre momentos y hechos históricos concretos, como también con referencia a procesos históricos de larga duración.
La historia cruceña tiene todavía vacíos, mezcla de desconocimientos y de silencios sobre lo que no se ha escrito debido a la falta de voluntad y, en muchos casos, al temor de la censura. Sin embargo el trabajo de Nino ha superado estos obstáculos y nos presenta su propia visión sobre lo que somos y lo que fuimos.
En Eslabones Encontrados Nino analiza la historia cruceña desde tres perspectivas: el hecho histórico, la larga duración y la recreación de documentos. En la primera perspectiva, se analizan los hechos concretos, como la vida de nuestro fundador Ñuflo de Chaves, el traslado de Santa Cruz de la Sierra a San Lorenzo, la ocupación del territorio de lo que hoy conocemos como el Oriente de Bolivia, la Independencia de la Provincia de Santa Cruz de la Sierra y la historia de los símbolos cruceños: el Escudo y la Bandera.
En el análisis de procesos de larga duración, Nino presenta una historia de la lucha autonomista cruceña, desde los primeros años coloniales hasta nuestros días. Es un aporte valioso ya que en él compendia “443 años de lucha”. Es una nueva mirada a la historia cruceña, desde la óptica de los movimientos autonomistas. De la misma manera analiza lo que él llama “Breve Historia del Ejército Cruceño”; en este capítulo nos ofrece muchos datos y hechos relativos a la historia militar de Santa Cruz desde la fundación de nuestra capital hasta las Luchas Cívicas de 1957.
Finalmente Nino recrea el Acta de Fundación de Santa Cruz de la Sierra, del 26 de Febrero de 1561. Es un muy buen intento de tener algunas referencias de lo que pudo ser el momento fundacional no sólo de la ciudad en sí, sino de lo que es el ser cruceño, la cruceñidad y la cultura cruceña.
Por todo esto, estoy segura que este nuevo trabajo que nos entrega Nino Gandarilla, llena muchos de los vacíos de nuestra historia y condensa en una publicación la información necesaria para poder enseñar nuestra historia.
PAULA PEÑA HASBÚN
INTRODUCCIÓN
Antes de ingresar a la lectura de los documentos que se exponen a continuación, cabe realizar algunas advertencias al lector.
Este libro es un compendio de artículos sueltos que producimos inspirados en el curso de post grado en Historia del Oriente Boliviano, auspiciado por el Comité Pro Santa Cruz y la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. Por lo tanto su contenido es resumido y sus citas bibliográficas son referencias simples, como acostumbra el autor en sus publicaciones.
Nos concentramos más en la dialéctica y nos atenemos a la confianza de quien nos lee, pues siempre hemos sido serios. Lo contrario implicaría una propia investigación, en la cual no sería suficiente con el dato editorial y la cita de páginas específicas, para realizar una antítesis. Es más, hay casos que sólo pudieron comprenderse con años de reflexión sobre datos que ya estaban a la vista o habiéndonos involucrado en una lucha. Otras veces sólo hemos llegado a la luz cuando alguien contemporáneo escribió sobre el tema aportando datos complementarios o antagónicos.
La elección de los temas tiene relación con los principales hechos históricos de Santa Cruz, que eran referenciados por nuestros historiadores pero con muy poco énfasis y, en otros casos, estaban “ahí” disimulados u olvidados por la historia oficial.
Así fue que indagamos sobre nuestros orígenes, la fundación de nuestra estirpe, el rango militar de nuestro fundador, la guerra fría entre Santa Cruz y San Lorenzo, consecuencias de la traslación, los detalles de nuestra propia independencia, el sentido de la constante y centenaria lucha cívica, datos ampliados sobre nuestros símbolos y la existencia real y positiva del Ejército Cruceño.
Hilando datos, comparando autores, interpretando coyunturas históricas y en algunos casos buscando la fuente directa, hemos reconstruido el desarrollo de los acontecimientos y sus protagonistas para que el lector pueda clarificar ciertos hechos de ayer y de hoy.
En algunos casos –de un documento a otro- se repiten ciertas citas y episodios básicos, pero la redacción está dirigida y ambientada en el eje temático que abordamos y su desenlace es diferente. La obra puede leerse por partes, pues los artículos se relacionan pero no dependen entre si.
Le pusimos el título “Eslabones Encontrados”, porque con la lectura de este libro de mano hemos descubierto los enlaces que permiten completar y comprender otros acontecimientos ya registrados en la historia cruceña.
Expresamos nuestro agradecimiento a la Lic. Paula Peña por su interesante presentación, asimismo la colaboración de los investigadores Saúl Suárez, Róger Otero, Carlos Cirbián, Elio Montenegro, Ernesto Zambrana, Dunia Sandoval y los miembros de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz. Especial reconocimiento a los auspiciadotes de esta edición.
Santa Cruz de la Sierra, abril del 2004
El Autor
La
Tierra
Camba
LA TIERRA CAMBA
A manera de actualización informativa sobre el origen más antiguo de la Nación “Camba”, mestiza como casi todas las naciones del mundo y forjada en base al Europeo -con sus 800 mil años de antigüedad, según los descubrimientos realizados en la serranía de “Atapuerca” de España, cuyo homínido es originario del África- y, por otro lado, el nativo de las selvas del corazón sudamericano, nos remitimos a Don Hernando Sanabria Fernández quien, en su libro “Los Chanés”, dedica un capítulo a “Los hombres primitivos del Oriente” y afirma:
“Proposición tan escabrosa como difícil es la de establecer con algún fundamento valedero la antigüedad del hombre en la llanura boliviana y determinar cuáles fueron o pudieron ser en los primeros grupos humanos avecindados en ella. Estudio tal no puede menos que llevarnos al somero análisis del punto básico del asunto, esto es, el relativo al origen mismo de la especie humana en el continente sudamericano”.
Luego de hacer una serie de análisis sobre diferentes puntos de vista de los paleontólogos y antropólogos en torno al tema, los mismos que pueden resumirse en “dos corrientes marcadas y contradictorias: la de la autoctonía americana y la tesis de las migraciones asiáticas y polinésicas”, Sanabria dice que en tanto la ciencia suministre el suficiente material sólo cabe “la adopción provisional de cualquiera de las dos tesis planteadas, según el criterio personal de quien las sustenta.
Hecha esta previa aclaración nos declaramos partidarios de la autoctonía del hombre americano, concibiendo un proceso de hominación que no puede ser sino idéntico, o por lo menos análogo, al proceso seguido en cualesquiera otra zona de la tierra”.
Luego hace una relación de los hallazgos arqueológicos procedentes de las pampas argentinas, el macizo andino, el escudo brasileño, en la hoya amazónica, en las recortadas playas del Atlántico y hasta en las secas y arenosas costas del Pacífico. “Esto para no citar sino a los que han sido mejor estudiados y salido con favorable saldo en el riguroso balance científico a que fueron sometidos”.
Menciona la caverna de Ulloma, en La Paz y los tallados humanos en los valles de Tarija, para luego “en posesión de tales datos que revelan la efectiva antigüedad del hombre sudamericano, tócanos seguidamente referirnos al primitivo poblador del Oriente boliviano, con particular mención de los hallazgos en este territorio.
Creemos con el reputado antropólogo y etnólogo francés Alfredo Metraux que los primeros núcleos humanos habidos en el continente o son originarios de la llanura selvática o ha sido ésta su primario centro de expansión. Los selvícolas primitivos debieron errar largamente por la dilatada llanura hasta llegar al pie de la serranía y, una vez allí es de suponer que hayan empezado a escalarla aprovechando los cauces de los ríos y los declives de las laderas”.
Seguidamente describe las excavaciones en el paraje de Batanes, cerca de la frontera departamental de Santa Cruz con Cochabamba, otro descubrimiento en Moromoro, atribuido al “paleolítico sudamericano... análoga a la del viejo continente, pero cronológicamente contemporánea de la mesolítica o neolítica de éste”. También menciona el descubrimiento que hizo el párroco de Mairana, en el paraje de Sivingal, de restos humanos y alfarería, con una antigüedad no menor a 5.000 años, según el arqueólogo Pucher.
Luego destaca: “Larga sería la cuenta detallada de otros hallazgos de esta índole realizados en diversos lugares del Oriente Boliviano, pues, tenemos concretas noticias de otros tales en Santa Rosa (Provincia del Sara), cerro de Mutún (Provincia de Chiquitos), quebradas del Inca y San Agustín (Provincia de Florida), faldíos de Sal-si-puedes (Provincia de Vallegrande) y lomas de Arubaicho (Provincia de Cordillera). Pero, no podemos prescindir la mención de los restos humanos encontrados cerca de la línea divisoria entre los departamentos de Chuquisaca y Santa Cruz, restos de los cuales Pucher considera pertenecientes a un tipo que denomina Homo Ivoensis.
El animoso arqueólogo alemán, conocido por sus novedosas como imaginativas interpretaciones de los motivos ornamentales del la Puerta del Sol, asegura que el esqueleto del Homo Ivoensis, casi completo, corresponde a un individuo de estatura reducida, no mayor de 1.50 Mts. Al achatado cráneo falta el arco supraorbital como en el H. Neandertalensis y en el Pitecantropo de Java; tiene notables depresiones parietales y es fuertemente prognato; su sistema dentario es normal y tiene un índice cefálico de 80 95. Concluye Pucher afirmando que este hombre corresponde a la época pleistocénica y es el más antiguo que hasta hoy se ha encontrado en Bolivia ”.
No sólo estamos hablando de un hombre anterior a la novísima Tiahuanaco, sino de principios de la era cuaternaria; el período en que se inició la expansión de los glaciares. En palabras menos rebuscadas, se trata de la época cuando los hombres vivían en cavernas, contemporáneos del Mamut de África y Europa. El hombre del neolítico abandonó las cavernas, unos 10.000 años antes de nuestra era.
“Poco después, otro pueblo nómada, de tipo braquicéfalo y procedente de la pampa argentina, hace su aparición en esta extensa zona geográfica y no tarda en encontrarse con el dolicocéfalo de origen brasiliano”.
Sanabria escribió todo esto en 1949. No conocemos descripciones ni hallazgos más antiguos y por ello coincidimos con él cuando afirma que presumiblemente hayan sido los más remotos pobladores del Oriente boliviano y por ende, los parientes más primitivos que tenemos.
Considerando el Ambiente natural y los encuentros interculturales, a través de los siglos y milenios, todo Camba o aquel que tenga un pariente camba, incluso quienes hayan asimilado parte de ésta cultura, pueden considerarse descendientes remotos del “Homo Ivoensis”.
¿De quién es la tierra camba? Acaso de los descendientes brasilianos?, de los argentinos?, de los chanés?, de los paraguayos guaraníes?, de los chiriguanos?, de los andinos con remoto origen selvático?, de los españoles?, de los europeos en general?... de los africanos?... del Hombre?.
Mejor, nos remitimos a la historia geopolítica más reciente e importante, del actual estado de cosas: la Independencia de 1810 a 1825. Esa es otra historia que se debe contar, porque tiene sus detalles escondidos, sin embargo es un hito histórico referente, pues se trata del momento en que se conforman los Estados libres, con sus respectivas geografías.
Con el conocimiento pleno de esa historia y también considerando que los municipios son anteriores a cualquier República, nosotros creemos que la Tierra Camba es de la Nación Camba.
El municipio de Santa Cruz de la Sierra nace el 26 de febrero de 1561, en Chiquitos y luego de un breve peregrinaje, encontró su asiento definitivo a orillas del Piraí, recuperando así los territorios que le pretendieron usurpar cuando fundaron San Lorenzo.
Aquí, en el mismo lugar donde siglos antes dominaron los Chanés, el Cruceño desarrolló la Cultura Camba, pues fue la “Ciudad que dio más hijos a la selva, que otras dieron a los mares... Y que fue madre de pueblos distribuidos en el espacio, como las estrellas...” (R.Otero).
Así, en una integración fantástica, “en busca de Eldorado”, como si fuese un organismo vivo, sostenido por la inmensa geografía, Santa Cruz alimentaba los pueblos con su cultura y los pueblos la alimentaban con su cultura también... Como un corazón, que nutre los órganos y los órganos que nutren el corazón... Entre la ciudad capitana y lo que hoy conocemos como las provincias del Oriente boliviano.
Hoy, la Tierra Camba es habitada por propios y extraños, todos en busca de días mejores, pero sólo aquellos que han asimilado los valores de la Cultura Camba, pertenecen a la Nación Camba y son dueños también de la tierra.
EL ACTA DE FUNDACIÓN
DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Santa Cruz de la Sierra fue fundada el 26 de febrero de 1561, a orillas del arroyo Sutó, por el Capitán General Ñuflo de Chaves, quien había nacido en la Santa Cruz de la Sierra de Extremadura, probablemente el 12 de junio de 1518. A la fecha, no se conoce el paradero del Acta de Fundación levantada en aquella épica jornada. El escritor argentino Enrique de Gandía afirma que la vio por última vez en 1935.
Suplió este vacío el acta labrada en fecha 20 de abril de ese año por el escribano Francisco Gallego y el documento que transcribe la lista de los 90 españoles que fundaron la ciudad, publicada por Enrique Finot entre otros pliegos de la época.
¿Dónde está el acta de fundación de Santa Cruz? Podría estar en algún archivo institucional o personal. Pudo haber estado en lugar seguro y, desaparecido el custodio, se extravió para siempre. O tal vez fue sustraído por orden de las autoridades de San Lorenzo durante la disputa geopolítica frente a la ciudad capitana.
Pero no hay dudas de que en aquel histórico día se levantó el acta respectiva, no sólo porque era de rigor en aquella época, dentro del ceremonial, sino porque el fundador le había dado la mayor importancia a su gran empresa. Prueba de ello son los dos documentos que escribió: “Información de Méritos y Servicios” (1561) y “Memoria de los casos sucedidos en la tierra desde que estoy en ella” (1566).
Durante muchos años el vacío fue llenado con los documentos alternativos. En 1899 Don Gabriel René Moreno había obsequiado a la Municipalidad cruceña un óleo con la imagen de Ñuflo de Chaves y el Escudo de la ciudad y en los años sesenta el artista plástico español José María Paino pintó “La Fundación”, recreando las imágenes de todos los protagonistas. Con ello, los cruceños quedamos satisfechos.
Sin embargo, hoy la curiosidad humana nos hizo pensar en el contenido de aquel trascendental pliego y, con fines académicos, intentamos reproducir lo que el 26 de febrero de 1561 pudo ser el Acta de Fundación de Santa Cruz de la Sierra. Indagamos para ello los documentos a nuestro alcance y consultamos a colegas investigadores; entre ellos Carlos Cirbián, Elio Montenegro, Paula Peña, Róger Otero y Saúl Suárez, quienes nos manifestaron su prudente parecer.
Inicialmente abundamos en detalles geográficos y otros elementos religiosos, pero de acuerdo a los consejos y datos recibidos, acompañados de una meditación responsable sobre las circunstancias de la fundación, fuimos simplificando la redacción; pues si tuviéramos que ubicarnos en la proyección geopolítica de Chaves, deducida por los documentos de la época, después de haber caminado dos veces de lado a lado el Continente y descubierto miles de leguas vírgenes -además de haber vencido la rebelión de Manso- para después, de manera serena, dictar al escribano su gran visión de la gobernación de Mojos, si consideráramos todo ello, no lograríamos ni siquiera acercarnos a un proyecto de reconstrucción del acta.
Luego, cuando tuvimos el borrador, con fuentes y transcripciones disparejas, buscamos adaptar la redacción al estilo del escribano público Francisco Gallego, autor original del acta, cosa que apenas logramos un tanto. Con todo, este documento puede servir para que nuestros estudiantes y ciudadanos puedan recrear -aunque sea un poco- ese momento solemne, conociendo los protagonistas y sitios de la época. Sin embargo, evidentemente su valor no pasa de ser un producto de la imaginación del autor contemporáneo.
Santa Cruz de la Sierra, La Vieja, 26 de febrero del 2004.
Nino Gandarilla Guardia
En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas en un solo Dios Verdadero, que vive y reina por siempre, amén, tomando por intercesora e abogada a la gloriosa Virgen María, Nuestra Señora de las mercedes, para lo que abajo irá declarado:
Estando en el asiento de los Gorgotoquis, indios por nos llamados Chiquitos, en el llano que se encuentra al pie de la longa sierra de nombre natural Riquío a orillas del arroyo que le dicen Sutó, a veinte y seis días del mes de febrero del año del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo de mil y quinientos y sesenta e un años, el muy magnífico señor capitán Nuflo de Chaves, Teniente General de Gobernador y Justicia Mayor en estas provincias y gobernación, por el muy ilustre señor don García Hurtado de Mendoza y Manrique, Gobernador y Capitán General en las dichas provincias y gobernación por su Majestad el Rey don Felipe nuestro señor, desde el río Paraguay y el Pilcomayo hasta la cordillera de los chiriguanaes y los confines de los Charcas e todo lo demás que descubriere y poblare, por el Rey nuestro señor, dijo, que para gloria y honra de Dios Nuestro Señor, y en que se celebre, santifique y alabe su Santísimo Nombre y que se predique el Sagrado Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo e para poblar y desencantar esta tierra de la gran noticia e traer a los indios chiquitos e chiriguanaes y demás indios naturales al conocimiento de Dios Nuestro Señor y de nuestra Santa Fe Católica, poniéndolos en toda buena policía y en república a modo de españoles e a la obediencia del Rey Don Felipe nuestro señor y de sus sucesores en los reinos de Castilla y León, con maduro consejo y parecer de personas de ciencia y experiencia y conciencia, ha determinado hacer y fundar en este asiento de los indios Gorgotoquis, y para que mejor efecto tenga, dijo:
Que en el dicho nombre y por virtud de los reales poderes que su Majestad tiene, que por ser tan notorios no van aquí insertos, fundaba y fundó y depositaba y depositó en este asiento de los Gorgotoquis, la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, a la cual daba y dio toda la jurisdicción real, civil y criminal para que usen de ella según y de la manera que las demás ciudades de los reinos del Perú y del Río de la Plata la usan y ejercen y en esta gobernación pueden y deben usar, en nombre de Su Majestad.
Asimismo, dijo que concedía y concedió a la ciudad por términos y jurisdicción por la parte de levante desde el río Paraguay, que incluye las tierras y provincias de los indios Xarayes, Payconos, Coroquies, y Chiquitos, hasta la cordillera de Vitupué y los Yuracarés que es al poniente, pasando por las tierras de los Citaguaries, los Tamacosis, el río que llaman Guapay, llanos de Cotoca, la Barranca, los llanos de Grigotá y la Punta de San Bartolomé y por la parte desde el sur desde el río Parapetí y Pilcomayo, hasta los confines de los Charcas y toda la provincia de los chiriguanaes, porque desde allí comienza el término y jurisdicción de esta gobernación de los Mojos y entran en esta jurisdicción todas las exenciones, franquezas, libertades y mercedes que a esta ciudad tiene concedidas y que en esta fundación van insertadas.
Otrosí. En virtud de Su Majestad y por los reales poderes, dijo que daba y dio, concedía y concedió a esta ciudad todas las preeminencias, franquicias y libertades y exenciones que tienen las ciudades de los reinos del Perú y del Río de la Plata y más las que en los capítulos insertos le tiene concedidas, para que de todas, en nombre de Su Majestad, use y goce como en ella se declara,
E que mandaba y mandó a todos los jueces y justicia de esta Gobernación de los Mojos que contra ellas, ni parte alguna de ellas, no vayan en manera alguna so pena de caer e incurrir en las penas establecidas por derecho, y de sanciones pecuniarias para la cámara e fisco de Su Majestad, por cuanto se les concede por servicios de guerra y para poblar esta ciudad, las cuales no pueden ser revocadas en manera alguna. E firmólo de su nombre Don Nuflo de Chaves. Por mandado de su merced, Francisco Gallego, escribano mayor de gobernación.
E ansí hecha la dicha fundación, de la manera que dicha es, este día, mes y año, en la plaza de esta ciudad de Santa Cruz de la Sierra, por voz de Bartolomé Ruiz, pregonero, en voz alta se pregonó el auto arriba contenido. Testigos que fueron presentes el capitán Hernando de Salazar, el capitán Alonso de Cañizares, capitán Juan de Garay, don Diego de Mendoza y otros ochenta y cuatro hidalgos, capitanes y soldados. Doy fe, Francisco Gallego, escribano mayor de gobernación.
E después de lo dicho, este día veinte y seis de febrero de mil y quinientos y sesenta e un años, el muy magnífico señor capitán Nuflo de Chaves, estando en dicho asiento, con el pendón de Castilla en alto, acompañado de sus capitanes cabalgó hacia los cuatro lados de este asiento invocando el nombre de Su Majestad y de Castilla. Luego puso mano en la espada diciendo en alta voz: Posesión, posesión, posesión por el Rey Don Felipe nuestro Señor y por sus sucesores de los reinos de Castilla y León. Y tirando cuchilladas a todas las partes cortó ramos de árboles tomando posesión real y corporal y actual señorío de esta ciudad de Santa Cruz de la Sierra que en nombre de Su Majestad ha fundado y funda en este asiento de los Gorgotoquis, en la llanura a orillas del arroyo que le llaman Sutó al levante y pie de la serranía del Riquío al sur, la cual dicha posesión tomó y aprehendió en público, habiendo primero hecho tocar una trompeta y arrojado agua a todas las partes, y estando presentes como testigos el capitán Hernando de Salazar, capitán Juan de Garay, P. Francisco Pérez y otros ciudadanos, capitanes y soldados.
E ansí de cómo tomó y aprehendió dicha posesión sin contradicción de persona alguna, pidió a mi, el escribano, se lo dé por testimonio de lo actuado en nombre de Su Majestad y del muy ilustre Don Andrés Hurtado de Mendoza e firmólo de su nombre, el señor capitán Nuflo de Chaves ante mí Francisco Gallego, escribano mayor de gobernación.
E luego in continenti, después de haber tomado posesión el teniente general de gobernador don Nuflo de Chaves, levantó e hizo levantar con palo en señal de horca e rollo, dando a la ciudad e a las Justicias con que castiguen e sean castigados los malhechores, e dijo que estaba dispuesto a la defender con sus armas e sobre ello a perder la vida, e de cómo ansí quedó levantado el rollo, horca e cuchillo, lo pidió por testimonio e fueron a ello presentes los testigos y personas susodichos e firmólo el señor capitán Nuflo de Chaves, ante mi, Francisco Gallego, escribano mayor de gobernación.
E luego in continenti ordenó al vecindario la elección de los alcaldes e regidores del Cabildo, e prosiguiendo con lo ordenado fueron aclamados como alcaldes los hidalgos Pedro Tello Girón y Juan de Agreda Garcés y elegidos como regidores Fernán Campos, Jorge de Herrera e Juan de Garay. E luego de tomarles juramento en nombre de Su Majestad ordenó que el alguacil mayor Hernando de Salazar, el factor Bartolomé de Moya e veedor Alonso de Cañizares y el tesorero Gerónimo de Leiva entren desde ese momento en ejercicio de sus cargos. E ansí hecho firmólo el teniente gobernador y el Cabildo, Justicia e Regimiento. Don Nuflo de Chaves, Pedro Tello Girón, Juan de Agreda Garcés, Bartolomé de Moya, Hernán Campos, Jorge de Herrera e Juan de Garay. Ante mí, Hernando de Salazar, Alonso de Cañizares, Gerónimo de Leiva. – Ante mí Francisco Gallego, escribano mayor de gobernación y de Cabildo.
(Reconstrucción de acuerdo a documentos y datos pertinentes)
FUENTES:
ACTA DE REPARTICIÓN DE ENCOMIENDAS DE LA CIUDAD DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
20-04-1561
ACTA DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN LORENZO
13-09-1590
HISTORIA DE LA CONQUISTA DEL ORIENTE BOLIVIANO
Enrique Finot
NUFLO DE CHAVEZ
Roberto E. Porcel
FUNDACIONES Y TRASLACIONES DE LAS CIUDADES DE SANTA CRUZ Y SAN LORENZO
Guillermo Pinkert Justiniano
ÑUFLO DE CHAVES, EL CABALLERO ANDANTE DE LA SELVA
Hernando Sanabria Fernández
RELACIÓN DE LA CIUDAD DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA Y SU GOBERNACIÓN
Juan Pérez de Zurita
400 AÑOS DE CARNAVAL CRUCEÑO
Nino Gandarilla Guardia
El General
Ñuflo
de
Chaves
1518-1568
EL GENERAL ÑUFLO DE CHAVES
Santa Cruz de la Sierra fue fundada el 26 de febrero de 1561, a orillas del arroyo Sutó, por el Capitán General Ñuflo de Chaves, con autorización del Virrey Don Andrés Hurtado de Mendoza. Aunque no se conoce el paradero del Acta de Fundación levantado en aquella épica jornada, el escritor Enrique de Gandía la conoció (1935). Sin embargo existen varios documentos del mismo año que ratifican el acontecimiento (Véase Finot).
El fundador nació en Santa Cruz de la Sierra, de Extremadura, probablemente el 12 de junio de 1518 (por su santo). “De la unión de doña María de Sotomayor García de Chaves con don Alvaro de Escobar nacieron dos infantes, Diego, el mayor, y Onofre u Onufrio, el menor”. En aquella época los hijos podían elegir para su apellido el de cualquiera de sus antecesores. Tomó el de su abuelo materno y “el uso popular, acaba por podar el nombre de pila, hasta transformarlo en Nuflo, que nosotros hoy, decimos Ñuflo” (Sanabria).
Llegó a territorio americano con el segundo adelantado del Río de la Plata, Don Alvar Núñez Cabeza de Vaca”. Cuando la flota llega al puerto de Santa Catalina en el año 1541, ya ostentaba el grado de Capitán. Si bien se ha repetido durante mucho tiempo el mismo rango de Don Ñuflo, los documentos de la época posteriores a la fundación de Santa Cruz siempre lo mencionan como “el general Chaves”; pues desde que puso pie en este continente trabajó incansablemente y ascendió gracias a su gran talla humana. Cuando el gobernador Martínez de Irala le encomienda fundar al norte de Asunción “Chaves se convierte así en ‘General’, función que solamente se le asignaba a los capitanes que comandaban las grandes expediciones” (Roberto E. Porcel).
El bando dictado por Chaves el 22 de abril de 1558, al escribano Bartolomé Gonzáles lo registra como “dicho señor Capitán General”. La “Relación de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y su Gobernación”, escrita en 1571 por el gobernador Don Juan Pérez de Zurita señala el lugar “donde mataron al General Ñuflo de Chaves”. Una carta del Presidente de la Audiencia de Charcas anunciando la fundación de un monasterio de monjas en la ciudad de la Plata, registra en 1581 a las “dos hijas del general Ñuflo de Chaves”. Su hombre de confianza, el Capitán Hernando de Salazar, en su declaración de 1588 lo nombra como: “General Ñuflo de Chaves…” (Finot).
Don Ñuflo fue grande, en todo el sentido de la palabra; tan grande como el nuevo continente. Actuó como militar, como político y como diplomático en ambos lados de América; fue conocido y respetado tanto por españoles como por nativos. Hombre de honor en lo público y virtuoso padre de familia. Un verdadero idealista, encantado por la fantástica geografía.
Fue el primer hombre que cruzó el continente de lado a lado, del Atlántico al Pacífico, para lograr la conquista del centro de América meridional. Manuel Domínguez así lo describe: “Aquel enorme Chaves… Fue de Asunción a Lima dos veces, a pie, caminó 5.600 leguas en diez y seis expediciones, flecha humana que volaba a todas direcciones en pos de sus quimeras...” La española Maite García es más contundente: “Ñuflo hizo veinticuatro entradas, desde el treinta de mayo de 1541, hasta el 5 de octubre de 1568... Asombra la cifra de más de ¡Ochenta y cinco mil kilómetros!” Empequeñece los dos sobrehumanos paseos de Alvar Núñez y ridiculiza los maravillosos recorridos de Marco Polo. “Con la enorme diferencia de que las de Ñuflo están inequívocamente comprobadas…”
Chaves casó en 1550 con Doña Elvira Manrique, hija de don Francisco de Mendoza, gobernador del Río de la Plata, y de doña María de Angulo (Finot). Sus hijos fueron cinco: Francisco y Alvaro, ambos militares; María, Catalina y Elvira; las dos menores monjas y la mayor se casó en 1574 con un soldado de apellido Ossorio. Después de fundada Santa Cruz de la Sierra, se dirige a Asunción en 1564 para recoger a su familia. A su retorno, con su personalidad de hábil negociador y diplomático seductor organiza una de las hazañas más notables de la época.
Un verdadero Exodo. “Los asunceños arman una gran expedición para acompañar a Chaves (…) parten en una flota de dieciocho navíos y una gran cantidad de embarcaciones menores, en muchos casos familias enteras, con todos sus bienes, pertrechos y armas y con más de setecientos yeguarizos, llevando consigo sus indios encomendados” (Porcel). Encabezó el gobernador Francisco Ortiz de Vergara, junto a las autoridades de Asunción, intentando llegar a Lima. Muchos de ellos se quedaron en Santa Cruz, provocando una explosión urbana de más de 1 Km2.
Ñuflo de Chaves murió en 1568 y fue enterrado en Santa Cruz la Vieja, donde aún se encuentran sus restos. Escribió dos documentos: “Información de Méritos y Servicios” (1561) y “Memoria de los casos sucedidos en la tierra desde que estoy en ella” (1566). Lamentablemente no están al alcance de nuestros estudiantes, como debería ser. Pero su legado llegó hasta el asiento definitivo de nuestra ciudad, a orillas del piraí. Cuando la Audiencia y el virrey ordenaron la traslación de Santa Cruz hasta San Lorenzo y los cruceños decidieron quedarse en Cotoca, uno de los miembros del Cabildo, Don Francisco de Ossorio de Chaves, era nada más y nada menos que el nieto del fundador (Finot).
El respeto a sus servicios fue reconocido por la Audiencia en diciembre de 1575 y luego por el rey, el 18 de julio de 1577, decretando el pago de una renta a Doña Elvira y a sus hijos, quienes habían quedado desamparados después de la rebelión autonomista de Don Diego de Mendoza. Nosotros, como otros ayer, en febrero del 2004, expresamos nuestro homenaje de respeto y admiración a la figura más importante de la conquista de América meridional: el General Chaves.
Nino Gandarilla Guardia
FUENTES:
CASTAS
Maite García
HISTORIA DE LA CONQUISTA DEL ORIENTE BOLIVIANO
Enrique Finot
HISTORIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA, UNA NUEVA REPUBLICA EN SUDAMERICA
Enrique de Gandía
NUEVOS ESCLARECIMIENTOS SOBRE LA DESCENDENCIA DE ÑUFLO DE CHAVES
Enrique Finot
ÑUFLO DE CHAVES EL CABALLERO ANDANTE DE LA SELVA
Hernando Sanabria Fernández
SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Raúl del Pozo Cano
EL
ÉXODO
DE ASUNCIÓN
A
SANTA
CRUZ
1564
440 AÑOS DEL ÉXODO DE ASUNCIÓN
A SANTA CRUZ LA VIEJA
“De los que entraren se quedarán
más de los que querrán,
porque hay bien de comer y hospédanles
con mucha familiaridad y cortesía...”
(Ruy González, Santa Cruz de la Sierra, 1564).
En febrero de 1564, el Capitán General Ñuflo de Chaves, fundador de Santa Cruz de la Sierra, retornó a Asunción con la misión de recoger a su familia e invitar a españoles asentados allí para unirse a la nueva urbe fundada en 1561. Autoridades y pobladores de Asunción aceptaron la invitación pues tenían previsto visitar Lima en busca de concesiones. Fue así que un impresionante Éxodo se produce a mediados del ‘64 y se asientan en Santa Cruz durante año y medio, sumando población y provocando un desarrollo vertiginoso que llegó a casi 40 manzanas urbanizadas, convirtiéndola en la más importante de la región platense.
“Los asunceños arman una gran expedición para acompañar a Chaves. Finalmente parten en una flota de dieciocho navíos y una gran cantidad de embarcaciones menores, en muchos casos familias enteras, con todos sus bienes, pertrechos y armas y con más de setecientos yeguarizos, llevando consigo sus indios encomendados…
Encabeza el grupo el gobernador Francisco Ortiz de Vergara, y van con él el contador Felipe de Cáceres, el factor Pedro de Orantes y el obispo De la Torre junto con varios clérigos… Al pasar por la provincia guaraní de Itatín Chaves convence para que lo acompañen unos tres mil o cuatro mil naturales, todos con sus familias” (R. Porcel).
Dice René Moreno: “Ñuflo de Chaves resultaba ser el mágico prodigioso, que con todos los colores primitivos y todos los matices y medias tintas del arco iris, había logrado enardecer y de Egipto sacar por el desierto, tras de cierta tierra de promisión, a esta selecta grey de colonizadores europeos”.
¿Cómo fue el recibimiento? Para saberlo basta con leer la frase del expedicionario asunceño Ruy González (E. Finot), la cual pusimos en el epígrafe de este artículo. “La llegada ensanchó los corazones. Fueron estos dos los días brillantes y ruidosos de Santa Cruz la antigua. Nunca jamás ha vuelto Chiquitos a ver junta más gente blanca ni de mejor calidad en ninguno de sus pueblos hasta el día de la fecha” (Rene Moreno). Muchos de los expedicionarios se habían quedado a aumentar el número considerable de españoles que habían venido con Ortiz de Vergara y que ya estaban en Santa Cruz.
Esta hazaña del gigante general Chaves, fue el preludio casual de su muerte (1568). Cuando retornan de Lima el obispo Latorre y Felipe de Cáceres, Don Ñuflo los recibe en Santa Cruz y posteriormente los escolta en el viaje. Al pasar por la provincia de los Itatines reúne algunos caciques, quienes demostraron sumisión inicialmente y luego lo atacaron cuando descansaba.
Los restos de aquella gran ciudad hoy se pueden observar en la zona arqueológica del Parque Nacional Santa Cruz la Vieja. Los 440 años del Éxodo de Asunción presentan una oportunidad para que los municipios, las Sociedades de Estudios Geográficos e Históricos y las autoridades de Asunción y Santa Cruz promuevan lazos de amistad.
Nino Gandarilla Guardia
FUENTES:
CATÁLOGO DEL ARCHIVO DE MOJOS Y CHIQUITOS
Gabriel René Moreno
HISTORIA DE LA CONQUISTA DEL ORIENTE BOLIVIANO
Enrique Finot
ÑUFLO DE CHAVES
Roberto E. Porcel
La
gran
Decisión
1605
2005: 400 AÑOS DE LA GRAN DECISIÓN
En 1605, después de un amplio debate entre vecinos, autoridades y la Audiencia de Charcas, los cruceños tomaron la decisión de mudar la ciudad hacia el oeste, donde recientemente se había asentado San Lorenzo el Real, la rival comunidad que le disputaba su jurisdicción.
44 años antes, el 26 de febrero de 1561, Dn. Ñuflo de Chaves había fundado a orillas del arroyo Sutós (Chiquitos), la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Esta capital tenía todas las condiciones de supervivencia. Los indios Chiquitos se habían integrado al desarrollo de la ciudad, se encontraron metales en la zona de los Itatines, la Naturaleza proveía de alimentos y los cultivos dieron buenos resultados. El agua escaseaba sólo en una época del año y la seguridad era relativamente estable, de acuerdo a las condiciones de la época.
Su fundador y gobernador, el Capitán General Ñuflo de Chaves, fue el primer hombre que cruzó dos veces el continente meridional. “Fue de Asunción a Lima dos veces, a pie, caminó 5.600 leguas en diez y seis expediciones en pos de sus quimeras...” (Domínguez).
En 1564 Santa Cruz de la Sierra se constituyó en la urbe más importante del Río de la Plata, además de los pobladores cruceños y los indios chiquitos integrados, albergó a casi toda la población de Asunción que, en una flota de 18 de navíos y gran cantidad de embarcaciones menores salió de su ciudad, junto a su gobernador, oficiales reales y hasta su propio obispo. “Familias enteras, con todos sus bienes, pertrechos y armas y con más de setecientos yeguarizos, llevando consigo sus indios encomendados...
Al pasar por la provincia guaraní de Itatín, en la margen oriental del río Paraguay, Chaves los convence para que lo acompañen entre tres mil a cuatro mil naturales, todos con sus familias, con la promesa de asentarlos en mejores tierras en Santa Cruz de la Sierra (...) Era realmente un éxodo, que Chaves había sabido muy bien proponer y armar” (Porcel). Allí vivieron durante más de un año bajo el gobierno de Chaves, hasta que el líder paraguayo, Ortiz de Vergara, decidió seguir camino hacia La Plata.
En octubre de 1568 se produce la muerte de Ñuflo de Chaves, debido a divergencias con los caciques itatines, quienes lo victimaron a traición. Fue enterrado en el cementerio de la iglesia matriz de Santa Cruz de la Sierra. Ante esta situación el vecindario elige para sucederle a Dn. Diego de Mendoza, quien realiza los castigos correspondientes a los rebeldes y se prepara para continuar la obra colonizadora. Sin embargo, el celoso Virrey Toledo lo reemplazó por Juan Pérez de Zurita, provocando la rebelión de los cruceños. El nuevo gobernador fue devuelto a Lima, provocando su furia.
El conflicto se prolongó por dos años hasta que el Virrey decidió la ejecución de Mendoza, invitándolo mañosamente a Potosí, donde fue victimado junto a sus acompañantes. El movimiento autonomista cruceño hizo que el Virrey y la Audiencia de Charcas coincidan en la idea de hacer desaparecer la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
En 1580 Toledo nombra gobernador a Lorenzo Suárez de Figueroa, con instrucciones de fundar una nueva ciudad. Fue así que, después de superar los diversos contratiempos, el 13 de setiembre de 1590 fundó San Lorenzo el Real, orillas del Río Grande. El acta de fundación entre otras cosas dice: “Dicha jurisdicción, dijo que quitaba y quitó y apartaba y apartó de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra...”. La talla del nuevo fundador se pone al descubierto: mientras Chaves había puesto un nombre en honor a su ciudad natal, Suárez de Figueroa bautizó a la suya con su propio nombre; igual que a un rancho o hacienda personal.
Pero el sitio no fue conveniente para su desarrollo y se determinó trasladar la impostora ciudad a las llanuras de Grigotá, a orillas del río Piraí, tomando como referencia la Punta de San Bartolomé (C/Mercado y Vallegrande). Se mudó el 21 de mayo de 1595; el lugar era un verdadero vergel pero acechado por diferentes naciones de indios; era territorio chiriguano, conquistado sobre los chanés.
Entretanto, Santa Cruz vivía su propia vida, “altiva siempre y sin perder su fervoroso espíritu municipal. Inútiles fueron las requisitorias del gobernador para que mudase de locación y viniera a integrarse con la nueva San Lorenzo...” (Sanabria).
San Lorenzo el Real no significaba nada para los cruceños, no sólo porque no querían someterse a sus autoridades sino porque su propia ciudad tenía un mayor desarrollo. “La fundación de Chaves se desarrolló y llegó a cubrir una extensión de un Km2 en sólo 45 años de vida, convirtiéndose en una de las principales de América Meridional. Ésta es la mejor prueba para negar sus traslados(...) Pudimos identificar unas cuarenta manzanas para doce calles cubiertas de casas, sin contar los arrabales y la aldea indígena (...) Santa Cruz había alcanzado mayor extensión en 45 años que San Lorenzo en 200 años..” (Cortés).
Aún así las autoridades insistieron en su traslado y en 1604 enviaron a Francisco de Alfaro, con órdenes de hacer prevalecer la autoridad de la Audiencia. Los cruceños finalmente accedieron el siguiente año, abandonando Chiquitos y “dejando expresa constancia de que no se trata de fundación nueva...” La mudanza se hizo 44 años después del establecimiento de Santa Cruz de la Sierra y 15 años después de haberse fundado San Lorenzo el Real. Probablemente se efectuó en los últimos días de marzo, según la costumbre, cuando ya había concluido la época de lluvias.
“Pero ya en ella, los hombres de la ciudad viajera negáronse a convivir con la comunidad ya existente de San Lorenzo el Real y concluyeron por establecerse, con sus instituciones y sus órganos de práctica y derecho, en el paraje denominado Cotoca” (Sanabria). Seguramente los lorenceños intentaron asentar a los cruceños en los suburbios de la ciudad e imponer su nombre y sus autoridades. Por ello la reacción.
Durante 17 años vivieron las dos comunidades separadas, azotadas por la pobreza y la guerra, hasta que en 1621 el gobernador Nuño de la Cueva, con la ayuda de los padres jesuitas de ambos lados, realizan consultas y debates, logrando finalmente acuerdos en los que se respetaban de cada comunidad y cabildo, sus tradiciones y se procede a la ocupación de Santa Cruz sobre la ciudad de San Lorenzo.
Con los años los cruceños impusieron su nombre y sus autoridades; esta lucha pacífica y persistente seguramente duró unos 150 años. Sin embargo los resultados de la traslación fueron funestos; en Chiquitos habían dejado una ciudad de más de cuarenta manzanas, estable y segura y en pocos años se encontraban en guerra y carencias. Las descripciones de pobreza de la época demuestran que Santa Cruz era un lugar para verdaderos conquistadores y no para señoritos en busca de comodidades.
Cada una de las “entradas” en busca de “Eldorado” significaban grandes sacrificios para los hombres que viajaban y para las mujeres que se quedaban a cuidar la ciudad y sus familias. El comercio se enfrentaba a los acosos de la guerra y la falta de caminos, pero la voluntad de acero de los cruceños superó todos los contratiempos. “Son de buena estatura y robustez, muy sufridores de trabajos, inclinados al manejo del arma, fieles y leales vasallos al Rey, obedientes a cuanto se les manda por sus superiores; en todo el Perú no se encontrarán mejores soldados. Las expediciones contra portugueses, indios chiriguanaes y de la pasada rebelión, dan buen testimonio de esta verdad” (Viedma).
Justamente Viedma es quien nos muestra la época en que prevalece el nombre de Santa Cruz para la ciudad y la gobernación. En 1786 ya dice “Este partido se compone de la ciudad de Santa Cruz, o San Lorenzo de la Barranca” y siempre se refiere a “los vecinos de Santa Cruz”. San Lorenzo, la impostora –como la llamaba Aquiles Gómez- había desaparecido para siempre.
La gran decisión de los cruceños en 1605, no benefició a las primeras generaciones; sin embargo los resultados geopolíticos fueron los mejores. Con la “toma” pacífica y progresiva de San Lorenzo, los cruceños recuperamos todos los territorios que la suplantadora ciudad pretendió usurpar. Pobre pero grande, así vivió la comunidad cruceña durante siglos; cada generación hizo su parte de heroísmo.
Pasó el tiempo y esos soldados a que se refiere Viedma, fueron quienes más adelante reciben y defienden los nuevos aires de libertad. Mariano Zambrana asegura que “en la época del Gobernador Viedma y del subdelegado coronel Seoane de los Santos, contribuyó Santa Cruz con subsidios pecuniarios al sostenimiento de esa heroica Legión de Voluntarios Patricios que después de las refriegas sangrientas durante dos días en las calles de Buenos Aires, triunfó definitivamente sobre la segunda invasión inglesa que comandaba Whitelocke. Y es sabido que esa Legión de Patricios al mantener en 1809 (bajo las órdenes del coronel Cornelio Saavedra) la autoridad del virrey Liniers contra las pretensiones del partido español, apoyaba y sostenía la causa de la Independencia; y es muy sabido también que los tres batallones de que se componía esa célebre Legión, en 1810 sirvieron de base para formar los ejércitos patriotas que cubrieron de gloria inmortal a la América del Sur”.
El 24 de setiembre de 1810, Santa Cruz se pronunció por la Independencia. Durante la guerra se destacan militares como el Cnl. Antonio Suárez, Gral. Ignacio Warnes (rioplatense cruceño) y Cnl. José Manuel Mercado; el clero, representado por P. José Andrés Salvatierra, y el pueblo en la figura de José Manuel Baca, al lado del Ejército Cruceño. Concluyó heroicamente la guerra y con el nacimiento de la República, la cruceñidad retomó su lucha autonomista iniciada en “Santa Cruz la Vieja”, la cual continúa hasta hoy.
Nino Gandarilla Guardia
FUENTES:
ACTA DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN LORENZO
Copia de Germán Coimbra Sanz
ACADEMIA ORIENTAL DE LA HISTORIA – No. 8
Eduardo Cortés L.
BREVE HISTORIA DE SANTA CRUZ
DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA Y ESTADÍSTICA DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Francisco de Viedma
LIBERTADORES CRUCEÑOS
Nino Gandarilla Guardia
ÑUFLO DE CHAVES
Roberto E. Porcel
PLUMADAS CENTENARIAS
Mariano Zambrana
SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Raúl del Pozo Cano
EL
ESCUDO
CRUCEÑO
1636
EL ESCUDO CRUCEÑO AUTÉNTICO
El Escudo Cruceño es el más antiguo de nuestros símbolos patrios. Fue otorgado a la Ciudad de Santa Cruz de la Sierra por el rey de España Don Felipe IV, mediante Cédula Real expedida en Madrid el 7 de noviembre de 1636. El pliego fedatario que titula a la ciudad de “Muy Noble y muy Leal”, junto al diseño heráldico de sus armas, fue entregado en la Villa de Madrid a Don Juan Pizarro, que se desempeñaba como Procurador General de nuestra ciudad ante la corte española.
Correspondió recibirla en Santa Cruz al Gobernador Don Cristóbal de Sandoval y Rojas, caballero de la orden de Santiago y consanguíneo principal del Duque de Lerma, probablemente en febrero de 1638. En aquel tiempo era Alcalde de la ciudad Don Diego López de Roca.
El Escudo Cruceño no fue conocido por varias generaciones, seguramente por la disputa de soberanía que existió entre nuestra ciudad con la impostora San Lorenzo durante más de 150 años, desde la traslación de Chiquitos (1605) hasta mediados del siglo XVIII, cuando se impone el nombre de Santa Cruz de la Sierra a orillas del Piraí. Sin lugar a dudas fue entregado a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y no a San Lorenzo, como afirman algunos; su gran cruz central es la prueba indiscutible.
Cuando se recibió el emblema, habían pasado 17 años desde que el gobernador Nuño de la Cueva, con la ayuda de los padres jesuitas de ambos lados, después de consultas y debates, logran finalmente que se respeten de cada comunidad y cabildo, sus tradiciones y derechos, procediéndose a la ocupación de Santa Cruz –que se encontraba en Cotoca- sobre el pueblito de San Lorenzo (1621).
No es posible determinar cuál fue la difusión que le dio el alcalde López de Roca, pero es de suponer que el Cabildo cruceño lo recepcionó en su sede, pues siempre funcionó de manera oficial -antes y durante aquella “guerra fría”-, hasta que recuperó su soberanía sobre la ciudad y el territorio de la gobernación. Pasaron los siglos y el emblema no gozó de mayor reproducción debido a que la bandera hispana tuvo mayor uso en las “entradas” de conquista y contiendas militares. Llegó la Guerra de la Independencia y en los primeros años de la República, la coyuntura vigente no era propicia para su recuperación. Se sabe que al final del siglo XIX el gobierno central intentó asignar un escudo a la ciudad, pero fue rechazado por la comunidad cruceña porque sus intelectuales conocían de la existencia del original.
Fue Don Gabriel René Moreno quien tomó particular interés en el tema, seguramente debido a la feliz coincidencia con su natal. Se documentó y reivindicó nuestro Escudo de Armas en el año 1899. Carlos Cirbián extrajo de las actas del H. Concejo Municipal de la ciudad los siguientes datos: “Los señores Gabriel René Moreno y Arístides Moreno, con oficio de 8 de octubre de 1899 dicen remitir al H. Concejo Municipal de Santa Cruz de la Sierra el lienzo que contiene el retrato de Don Ñuflo de Chaves, el mismo que aún no ha llegado…” (05-01-1900). “La Comisión de Constitución de Régimen Municipal acepta el obsequio del cuadro y programa varios actos públicos para su recepción, declarando además día cívico el que señale para su efecto…” (19-01-1900). “Dentro de los festejos municipales por la entrega del retrato se da lectura al acta respectiva…” (23-01-1900).
Con ello confirmamos que, el lienzo con el retrato del fundador, en cuyo espacio superior derecho se encuentra nuestro Escudo, fue recibido por las autoridades de Santa Cruz con todas las formalidades y protocolos del caso.
Sin embargo los avatares del símbolo cruceño continuaron su historia. En los años setenta, del siglo pasado, se observó la aparición de un escudo totalmente distorsionado, que probablemente tiene origen en las imprentas de la región andina de Bolivia, pues de allá provienen las primeras láminas que se encontraron. El año 1986 la prensa registra que la Unión Juvenil Cruceñista denunció a tres personas -venidas de la ciudad de La Paz- quienes se dieron a la tarea de vender muchos ejemplares de un “falso escudo cruceño” impreso en cartulina.
Este mismo escudo falso se lo vio también impreso en varios textos escolares, afiches y láminas educativas. Es más, muchas de la banderas cruceñas que hoy se venden en las calles de nuestra ciudad llevan este emblema distorsionado, al igual que innumerables placas recordatorias y logotipos institucionales. Lo peor es que también nuestros diarios cruceños lo están publicando.
Esta mala obra probablemente tuvo origen en una simple necesidad de imprimir nuestro Escudo sin tener una muestra del auténtico a mano. Tampoco descartamos la posibilidad de que haya sido otra arbitrariedad de los enemigos de Santa Cruz que pretendieron ridiculizar hasta nuestro símbolo patrio.
Para conocimiento de Ud. amable lector, a continuación se exponen los detalles que diferencian al Escudo Cruceño del escudo falso:
I. El contorno (borde) del Escudo Cruceño es de una sola línea y se lo observa desde su entorno inferior izquierdo.
- El escudo falso tiene unos picos a los lados derecho e izquierdo del blasón, está dibujado con doble línea y se lo observa de frente.
II. El Escudo Cruceño está dividido en tres cuarteles, el de arriba abarca todo el espacio, de lado a lado.
- El escudo falso está dividido en cuatro cuarteles.
III. En el Escudo Cruceño las palmeras de totaí nacen de debajo del brazo derecho de la cruz potenzada, son rectas y bien proporcionadas.
- En el escudo falso las palmeras están en el aire y sus tallos son curvos.
IV. El tallo del toborochi en el Escudo Cruceño es de color claro y su copa es frondosa.
- En el escudo falso el tallo del árbol es de color oscuro y su fronda aparece como si estuviera podada.
V. El león rampante del Escudo Cruceño, es un león africano dibujado en su forma natural.
- En el escudo falso han dibujado un león estilizado, similar a los que aparecen en otros escudos europeos, con la lengua afuera.
VI. En el Escudo Cruceño, la cruz potenzada mayor y las dos cruces pequeñas se las observa desde su entorno inferior izquierdo.
- En el escudo falso se las observa de frente y con las potenzas desproporcionadas.
VII. Los colores del Escudo Cruceño son básicamente naturales.
-En el escudo falso se ve una combinación de azul y morado en los cuarteles.
VIII. Los detalles de la corona ducal y de la torre almenada del Escudo Cruceño son diferentes a los del escudo falso. Asimismo, algunas publicaciones le agregan laureles debajo del blasón, que son inexistentes en el auténtico.
ESCUDO CRUCEÑO ESCUDO FALSO
En síntesis, nuestro Escudo resume los elementos de fusión de las culturas hispana y nativa; de la ciudad capitana con el pueblito de San Lorenzo; del poder monárquico, la religión y la historia local; de la naturaleza y el paisaje puro en la vasta región. Adiciona además un elemento respetado en todos los continentes: el rey de la selva, cuya bravura es imitada por todos los guerreros del mundo.
El año 1928, Plácido Molina Mostajo en su obra “Páginas Históricas” realizó la interpretación detallada de su contenido:
“El castillo y el león, signos de monarquía; la corona ducal, otorga a la ciudad un elevado rango; la cruz central, símbolo de la religión cristiana; las dos cruces más pequeñas, casi superpuestas simbolizan la fusión de la vieja Santa Cruz de la Sierra creada por el Cap. Ñuflo de Chaves y San Lorenzo el Real, pueblo donde se asentó definitivamente nuestra ciudad capital; las palmeras y el árbol ventrudo llamado Toborochi, pueden considerarse como símbolos de la hospitalidad del cruceño, pues los indígenas solían refugiarse en los troncos huecos del toborochi”.
Hay quienes afirman que la corona de nuestro escudo es condal y no ducal; sin embargo esta confusión tiene origen en la calidad de Condado que tenía Santa Cruz de la Sierra en Extremadura, donde nació el general Ñuflo de Chaves. Saúl Suárez afirma que el 4 de diciembre de 1635 –un año antes de la otorgación de nuestro Escudo- “El rey de España Felipe IV instituye a Santa Cruz de la Sierra (España) en cabecera de condado, en favor de Baltasar de Chaves y Mendoza, al parecer sobrino de Ñuflo de Chaves. El título pasó de generación en generación hasta que llegó a ostentarlo María Eugenia de Guzmán, esposa de Napoleón III, Emperador de Francia”. Con esto queda aclarado el asunto.
El símbolo de la ciudad fue asumido de manera espontánea por las provincias cruceñas desde el momento de su primera edición y publicación. En la mayoría de las oficinas públicas, cívicas y privadas se podía encontrar una muestra. En los colegios provinciales se lo enseñaba y muchos patricios lo ostentaban orgullosos en sus salas.
En 1973 el asesor jurídico de la Alcaldía Municipal de Santa Cruz, Dr. Remberto Gandarilla Suárez, encargó a una empresa del Brasil la elaboración de 1.000 prendedores para solapa, los cuales fueron distribuidos entre la ciudadanía activa. Durante esta década la Municipalidad hizo imprimir una edición de escudos en cartulina tamaño oficio, con la leyenda “Santa Cruz de la Sierra” y una segunda reproducción en doble oficio y papel brillante, con los datos de la cédula real.
En 1980, un grupo de cruceños que habían decidido reivindicar la Bandera Cruceña hacen confeccionar cientos de gallardetes de mesa con los colores verde, blanco y verde, adornados con el Escudo Cruceño en la parte central. Desde aquella época la Unión Juvenil Cruceñista difundió la tradición de que nuestra bandera lleva el Escudo Cruceño el centro “sólo cuando hay emergencia cívica”. Por este tiempo una imprenta local realiza la tercera edición del escudo en tamaño 37 x 50 cm.
El 12 de enero de 1985, el IV Congreso Cívico de la Cruceñidad reunido en Roboré, aprobó la Resolución de adoptar el Escudo Cruceño como símbolo Departamental. El promotor de esta noble iniciativa fue el dirigente cívico provincial Luis Mayser Ardaya. En virtud a ello, el Prefecto del Departamento y Jefe del Gobierno Departamental, Lic. Freddy Landívar Araúz, dictó el Decreto Prefectural No. 11/85 mediante el cual se aprueba “Adoptar el Escudo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra como símbolo y emblema de todo el Departamento que lleva el mismo nombre de ésta”.
En su artículo segundo dice: “Dicho Escudo debe figurar en el recinto de las oficinas públicas de carácter nacional y/o departamental existentes en el Departamento y asimismo en los colegios y escuelas de este distrito. Se instruye igualmente el uso corriente del mismo en los membretes del papel en documentos oficiales y en los sellos de análoga procedencia e igual función”.
El documento en su parte introductoria menciona que “en esta divisa heráldica, se hallan simbolizados todos los atributos de la tierra y de sus gentes, las tradiciones y la historia de los pueblos que moran entre los últimos contrafuertes andinos y las proximidades del río Paraguay...”
El 24 de abril de 1985, el Presidente del Comité Pro Santa Cruz, Ing. Jorge Landívar Roca, en su discurso pronunciado para el acto solemne de suscripción del Decreto Prefectural dijo:
“El civismo de un pueblo debe ser conciente, profundo y sin mancha, debe estar inspirado en el conocimiento de su historia, su cultura, sus tradiciones y cuanto constituye su identidad cultural; por ello es necesario que el hombre cruceño permanentemente exalte a sus emblemas regionales. Emoción histórica es la que sentimos cuando a través de ellos rememoramos las gloriosas como ejemplares acciones de quienes nos precedieron en el tiempo.
Cada símbolo es una gesta heroica, un acto de sacrificio, un renunciamiento en pro de la comunidad… El escudo, al estar constituido por símbolos e imágenes, pertenece en esencia al mundo espiritual. Difícilmente puede concebirse un sistema tan adecuado para resumir con gran brillo y poco espacio, la empresa colectiva de todo un pueblo y el esfuerzo individual de sus hijos”.
Tiempo después el Comité edita la cuarta edición del afiche de nuestro símbolo en tamaño 55 x 40 cm., con toda la información sobre el mismo. También se encargó a una empresa de Chile la elaboración de prendedores para solapa. Al final de la década estas escarapelas comienzan a fabricarse en Santa Cruz.
Del Escudo Cruceño la Unión Juvenil Cruceñista tomó su símbolo de lucha, consistente en una Cruz Potenzada verde, sobre fondo blanco y orilla verde. La usa en brazales, membrete y banderas. Asimismo, el año 1987 la institución juvenil presentó al Concejo Municipal de Santa Cruz el proyecto para la construcción de un monumento en el Parque Urbano consistente en una gran cruz potenzada de 50 metros, con mirador; similar a la del “Valle de los Caídos” en España. Sólo se colocó una pequeña cruz de madera.
En la máxima condecoración que otorga el Comité Pro Santa Cruz, la “Medalla al Mérito Cívico” figura la cruz potenzada como elemento central de la joya; en la Medalla al Merito Municipal el blasón es completo.
Uno de los más grandes escudos se lo vio en 1989, durante el Mes de la Bandera Cruceña, organizado por el Comité Pro Santa Cruz, durante la presidencia del Dr. Freddy Terrazas Salas. Se lo colocó en el frontis del edificio central de la Universidad.
Junto a la bandera cruceña de mayor volumen que ha visto el pueblo, por su ancho y alto, el Escudo Cruceño más gigantesco fue aquel que se utilizó de escenario para la concentración “Contra la crisis y el avasallamiento”, convocada por el Comité Pro Santa Cruz el 16 de noviembre del 2001, durante la gestión del presidente Don Lorgio Paz Stelzer.
Nuestro Escudo de armas es utilizado en todas las bandas presidenciales y de las principales autoridades cruceñas. Cuando no las usan, portan el emblema en oro sobre el pecho. Asimismo los papeles oficiales del todo el movimiento cívico, de instituciones civiles y del Municipio llevan nuestro Escudo impreso. Sólo la Prefectura del Departamento aún no cumple esta norma.
Cada 7 de noviembre, los colegios deberían rendir homenaje al Escudo Departamental de Santa Cruz.
Nino Gandarilla Guardia
FUENTES:
ALMANAQUE ORIENTAL
Saúl Suárez Medina
BREVE HISTORIA DE SANTA CRUZ
Hernando Sanabria Fernández
Nino Gandarilla Guardia
DOCUMENTOS
Comité Pro Santa Cruz
DOCUMENTOS
Unión Juvenil Cruceñistas
DOCUMENTOS
Comités Cívicos Provinciales de la Cruceñidad
MINIGUIA SANTA CRUZ Y SUS PROVINCIAS
Viajero TV Cultura
PAGINAS HISTÓRICAS
Plácido Molina Mostajo
EL DÍA DE NUESTRA INDEPENDENCIA
1825
EL DÍA DE NUESTRA INDEPENDENCIA
El 14 de febrero de 1825 el entonces coronel José Manuel Mercado, quien había combatido junto al Libertador Ignacio Warnes en el Pari, toma definitivamente la plaza de Santa Cruz de la Sierra, declarándose al día siguiente la Independencia de las cinco provincias orientales.
Todo había empezado en agosto de 1810, con la rebelión del fuerte de Membiray (Cordillera) promovida por el capellán José Ignacio Salvatierra, que dio como resultado la toma de Santa Cruz el 24 de setiembre de ese año, eligiéndose una junta de gobierno encabezada por el Cnl. Antonio Suárez que dio parte a las Provincias del Río de la Plata.
En los años siguientes el ejército cruceño, apoyado y financiado por el propio pueblo cruceño, peleaba cada día por su independencia de la corona española. El movimiento primero fue liderado por Suárez, luego por el Gral. Ignacio Warnes y finalmente por el Cnl. José Manuel Mercado, “el colorao”. Las batallas de Florida (25 de mayo de 1814), Santa Bárbara (7 de octubre de 1815) y El Pari (21 de noviembre de 1816) tuvieron un resultado estratégico para la resistencia patriota, tanto en las provincias del Río de la Plata como en el Alto Perú.
Después del Pari, donde murió Warnes, Santa Cruz de la Sierra quedó a cargo del Brigadier realista Francisco Javier de Aguilera y Cordillera en manos del jefe patriota José Manuel Mercado. Desde allá dirige las constantes incursiones y tomas sobre la plaza de Santa Cruz; una de las más notables fue la de la noche buena de 1818, cuando el valiente “Colorao” irrumpió de improviso y ocupó la ciudad con su gente.
Pasaron los años y el brigadier Aguilera se estableció en Vallegrande, allí se había enterado de las noticias de Junín, Ayacucho y la campaña de Sucre sobre el Alto Perú. Pero fue la sublevación de Cochabamba en enero de 1825, la que le hizo marchar con su tropa para sofocar el levantamiento, pues era una plaza que él había dominado y estaba cerca. Pero su gente se le defeccionó en Chilón, el día 26 de enero.
Como consecuencia de ello el 14 de febrero ocurrió nueva rebelión en Santa Cruz, a iniciativa y por acción de los patriotas militares y civiles, quienes depusieron al Gobernador Tcnl. Tomás Aguilera y eligieron al Cnl. Mercado como gobernador. Al día siguiente, el 15 de febrero, ocurre la Proclamación de la Independencia de Santa Cruz presidida por el cabildo cruceño y siendo nombrado gobernador el cabildante Don Juan Manuel Arias.
José Luis Roca sostiene que en Vallegrande fue el 12 de febrero el movimiento y evidentemente lo demuestra con el parte militar respectivo. Esto se confunde con la tradición vallegrandina, la cual es muy respetable y fue sustentada por Sanabria con los respectivos documentos. Durán Canelas, sin embargo, aclara la situación: “Aprisionado Aguilera, lo conducían a Cordillera para que lo juzgase el Coronel Mercado; mas, los veteranos soldados suyos que lo custodiaban le permitieron fugarse…”.
Las distancias y protagonistas nos muestran un escenario para razonar. Resumamos: El 26 de enero se levanta la tropa en Chilón y se dirigen a Cordillera para unirse con Mercado; Aguilera escapa hacia Vallegrande. Luego de reorganizarse, el jefe patriota se dirige a Santa Cruz y envía emisarios a Vallegrande, cuya proclama se realiza el 12 de febrero. Resuelto el problema del cuartel realista, dos días después, el 14 de febrero se levanta Santa Cruz de la Sierra y eligen a Mercado como Gobernador.
Al día siguiente, el 15 de febrero, se produce la Proclamación de la Independencia del territorio cruceño y el Cabildo restablece a uno de sus integrantes como Gobernador: Juan Manuel Arias, quien lo hace secundar en Cordillera, Mojos y Chiquitos. Todo el país estaba libre: Vallegrande inicia el desenlace a la Cabeza del Cnl. Pedro José Antelo; Cordillera dio a favor porque permaneció libre desde el comienzo de la lucha y Mercado venía de allá; Mojos se pronuncia el 22 de marzo, a la cabeza de Anselmo Villegas; Chiquitos bajo el mando de Sebastián Ramos también secunda a Arias. En abril el cabildo decide la anexión a Bolivia.
El Cnl. Mercado asistió a la Asamblea del 6 de agosto como invitado y no como diputado, se dice que derramó lágrimas de emoción, pero no sabemos si fue de alegría o de impotencia al ver que “Estos hombres eran diferentes de aquellos de la generación de 1809, quienes habían dado sus vidas por la causa que sostenían (...) Ellos eran oportunistas que habían usurpado los sitiales pertenecientes a los veteranos de la guerra de diez y seis años…” (Arnade ). Seoane, principal usurpador del sitial de Mercado, se incorporó a la asamblea el mismo 6 de agosto por la tarde, sin contribuir ni deliberar nada y su amigo Vicente Caballero, llegó recién el día 9 y lo hicieron firmar el acta.
Tiempo después, el prefecto José Miguel de Velasco, informa al mariscal Sucre que el día de la independencia de Santa Cruz fue el 15 de febrero e instruye su celebración oficial. Deberíamos recordarlo.
Nino Gandarilla Guardia
FUENTES:
ALMANAQUE ORIENTAL
Saúl Suárez Medina
LIBERTADORES CRUCEÑOS
Nino Gandarilla Guardia
443 AÑOS DE
LUCHA AUTONOMISTA CRUCEÑA
1561-2004
443 AÑOS DE LUCHA AUTONOMISTA CRUCEÑA
El 26 de febrero del 2003, por primera vez en la historia del Movimiento Cívico, un presidente del Comité Pro Santa Cruz manifiesta formalmente al país la centenaria exigencia de los cruceños de consolidar su propio Gobierno Departamental Autónomo.
Años atrás, el 17 de mayo de 1984, el Comité Pro Santa Cruz, bajo la conducción del Ing. Jorge Landívar Roca, había lanzado un histórico manifiesto a la nación exigiendo la Descentralización Político-Administrativa y el establecimiento de los Gobiernos Departamentales, de acuerdo a la Constitución.
En 1986 y 1987, el Dr. Carlos Dabdoub Arrien, durante su posesión como titular de la máxima institución cívica, había anunciado el tiempo de “afirmar la autonomía histórica de nuestros pueblos…” La descentralización no llegaba y la Autonomía era considerada como un “sueño” o un “mito”, pero fundamentalmente como “una bandera de lucha”.
Esta demanda geopolítica tiene su propia historia. No ha habido época e incluso década en que los habitantes de Oriente y Occidente no hayan protagonizado movimientos, de defensa los unos y de intentos de conquista los otros. Incluso antes de la llegada de los españoles, los Chané, primeros pobladores organizados en esta parte del continente, derrotaron al inca Guacané en sus pretensiones de ocupación; la relación de estos dos pueblos sólo pudo consolidarse a través del intercambio comercial (Sanabria).
Lo mismo ocurrió tras la llegada de los Chiriguanaes, pues unos 2.000 indios mantuvieron a raya la frontera con el enorme ejército de Guayna Kapac que intentaba sin éxito conquistar las sierras bajas cruceñas (Jisunú).
Esta conciencia geográfica es asumida, a través de los siglos, por todos los pueblos que han echado raíces en Santa Cruz. El primero fue el Capitán General Don Ñuflo de Chaves, de la corriente colonizadora del Río de la Plata quien, después de conocer la región y ver que Asunción se disminuía, emprende su propia iniciativa para fundar Santa Cruz de la Sierra y la gobernación de Mojos el 26 de febrero de 1561, a orillas del Sutó.
Para ello y para consolidar la nueva jurisdicción, realiza gestiones diplomáticas con Lima y con Asunción. Chaves tiene que disputar las tierras con Andrés Manso, de la corriente colonizadora del Perú, quien vino a una comarca ya conquistada por el General. Luego tiene que hacer prevalecer su autoridad sobre las de Asunción en tierra cruceña, durante el éxodo asunceno de 1564.
Bien claras fueron las aspiraciones autonomistas del fundador: “tendía a independizarse en lo posible de la tutela limeña teniendo consumada su emancipación respecto del simulacro gubernativo que desaparecido Irala, había quedado en Asunción” (Finot).
En 1568, a la muerte de Chaves (deja viuda, dos hijos y tres hijas), el pueblo cruceño en su primer acto de soberanía elige a Don Diego de Mendoza como gobernador. Contrariado el Virrey del Perú en noviembre de 1571 toma la decisión de reemplazarlo por Juan Pérez de Zurita. Santa Cruz se levanta contra el intruso, lo apresa y lo devuelve al Perú. Ante esta situación el Virrey Toledo intenta una acción punitiva contra los cruceños pero al llegar a las sierras bajas los chiriguanaes acaban con ella haciendo escapar al virrey.
Pasó el tiempo y comenzaron a llegar cartas amistosas del Virrey. Tiempo después, el oficial Salgado, partidario de Mendoza, fue colgado por orden del mismo monarca. Mendoza, invitado mañosamente a Potosí fue decapitado en esa ciudad; dos autoridades cruceñas que le acompañaban fueron colgados. Fue el primer mártir autonomista cruceño y su lucha quedó arraigada para siempre en el espíritu del pueblo, generación tras generación.
En octubre de 1580, el Virrey del Perú encomienda a Don Lorenzo Suárez de Figueroa la fundación de una ciudad paralela a Santa Cruz de la Sierra, pretendiendo suplantarla y acabar con su existencia. La ciudad fue fundada el 13 de setiembre de 1590 con el nombre de San Lorenzo el Real, orillas del Río Grande. El acta de fundación entre otras cosas dice: “Dicha jurisdicción, dijo que quitaba y quitó y apartaba y apartó de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra...”. Se mudó el 21 de mayo de 1595 a los llanos de Grigotá; el lugar era un verdadero vergel pero acechado por diferentes naciones de indios; era territorio chiriguanae, conquistado sobre los chanés.
Entretanto, Santa Cruz vivía su propia vida, “altiva siempre y sin perder su fervoroso espíritu municipal. Inútiles fueron las requisitorias del gobernador para que mudase de locación y viniera a integrarse con la nueva San Lorenzo...” (Sanabria).
San Lorenzo el Real no significaba nada para los cruceños, no sólo porque no querían someterse a sus autoridades sino porque su propia ciudad tenía un mayor desarrollo. “La fundación de Chaves se desarrolló y llegó a cubrir una extensión de un Km2 en sólo 45 años de vida, convirtiéndose en una de las principales de América Meridional. Ésta es la mejor prueba para negar sus traslados(...) Pudimos identificar unas cuarenta manzanas para doce calles cubiertas de casas, sin contar los arrabales y la aldea indígena (...) Santa Cruz había alcanzado mayor extensión en 45 años que San Lorenzo en 200 años..” (Cortés).
Aún así las autoridades insistieron en su traslado y en 1604 enviaron a Francisco de Alfaro, con órdenes de hacer prevalecer la autoridad de la Audiencia. Los cruceños finalmente accedieron el siguiente año, abandonando Chiquitos y “dejando expresa constancia de que no se trata de fundación nueva...” La mudanza se hizo 44 años después del establecimiento de Santa Cruz de la Sierra y 15 años después de haberse fundado San Lorenzo el Real. Probablemente se efectuó en los últimos días de marzo, según la costumbre, cuando ya había concluido la época de lluvias.
“Pero ya en ella, los hombres de la ciudad viajera negáronse a convivir con la comunidad ya existente de San Lorenzo el Real y concluyeron por establecerse, con sus instituciones y sus órganos de práctica y derecho, en el paraje denominado Cotoca” (Sanabria). Seguramente los lorenceños intentaron asentar a los cruceños en los suburbios de la ciudad e imponer su nombre y sus autoridades. Por ello la reacción.
Uno de los miembros del Cabildo de “Santa Cruz la Nueva”, asentada en Cotoca, era Francisco de Osorio de Chaves, nieto del fundador, por su hija mayor. Este es otro de los detalles que nos revelan la voluntad tradicional y conservadora de los cruceños de la época.
Durante 17 años vivieron las dos comunidades separadas, azotadas por la pobreza y la guerra; hasta que en 1621 el gobernador Nuño de la Cueva, con la ayuda de los padres jesuitas de ambos lados, realizan consultas y debates, logrando finalmente acuerdos en los que se respetaban de cada comunidad y cabildo, sus tradiciones y se procede a la ocupación de Santa Cruz sobre la ciudad de San Lorenzo.
Con los años los cruceños impusieron su nombre y sus autoridades; esta lucha pacífica y persistente seguramente duró unos 150 años. Sin embargo los resultados de la traslación fueron funestos; en Chiquitos habían dejado una ciudad de más de cuarenta manzanas, estable y segura, y en pocos años se encontraban en guerra y carencias. Las descripciones de pobreza de la época demuestran que Santa Cruz era un lugar para verdaderos conquistadores y no para señoritos en busca de comodidades.
Dice Sanabria que “como para dar pábulo a la altanería y arrogancia de sus gentes, el rey Felipe concedió a la ciudad el título de ‘Muy Noble y muy Leal’ juntamente con su escudo de armas propio, por cédula real dictada en la villa y corte de Madrid, el 7 de noviembre de 1636”. Dicho escudo tiene como elemento central es una gran cruz potenzada.
Pero la lucha geopolítica también se realizaba en la retaguardia. Desde el primer tercio del siglo XVII, los “bandeirantes” intentaron ingresar al territorio cruceño, pero las constantes expediciones militares desde Santa Cruz detuvieron su avance; una de estas jornadas la protagonizó el teniente de gobernador Hernando de Loma Portocarrero, en la zona de Xarayes. Años más tarde hizo lo propio el maestre de campo Antonio de Carvajal por el lado de la comarca de Itatín.
En 1696 el gobernador José Robledo a la cabeza de una lucida hueste de cruceños, cuyo equipo y mantenimiento fue costeado por el vecindario, dieron con una “Bandeira” paulista en la flamante misión de San Francisco Javier y allí les inflingieron una tremenda derrota. Este fue el único contraste serio que tuvieron los famosos bandeirantes en jornadas que duraron siglos. Fue en territorio cruceño. En 1740 volvieron a entrar las bandeiras pero bastó para correrlas la noticia de que iba de Santa Cruz un cuerpo de milicianos.
Durante casi tres siglos de colonia Santa Cruz se desarrolló, defendió y subsistió por su propio esfuerzo, proveyéndose de los medios necesarios mediante la producción agrícola, ganadera e industrial, sin depender de Asunción, Buenos Aires, Charcas ni Lima. Nunca recibió una migaja de la plata de Potosí; comerció para ganarse sus recursos. Fundó y alentó el desarrollo de innumerables pueblos a lo largo y ancho de su territorio, explorando y colonizando con alto sentido humano. En la colonia se forjó el Modelo Cruceño de Desarrollo que conocemos hoy.
Las autoridades civiles y militares tenían que actuar conforme a lo que decidía el pueblo, de lo contrario el vecindario ponía remedio tomando enérgicas providencias. La corona proveía el cargo de gobernador a hombres de altos merecimientos y conocida figuración, acompañados de sus títulos. El alcalde y los principales funcionarios eran elegidos por el pueblo (Sanabria).
Dice Placido Molina Mostajo que la monarquía española, “en cuyos dominios no se ponía el sol, la mayor que se ha visto en este mundo, llegó a conceder a la gobernación de que tratamos, un escudo y un pendón, un cabildo municipal y tales privilegios, exenciones y títulos, que la constituyeron como una república dentro de la monarquía”.
Los cruceños también tuvieron un acontecimiento espiritual reivindicativo. Cuenta la historia que en el año 1785 tres peones encontraron la imagen de una virgen sobre un tronco y la llevaron al pueblo de Cotoca para venerarla. Santa Cruz desde su fundación no tenía patrono sino Patrona, era la Virgen de las Mercedes, por lo tanto la Virgen de Cotoca, representaba un retorno espiritual, justo en el lugar donde estuvo asentada la ciudad cuando vino desde la añorada capital vieja de Chiquitos. Desde entonces hasta hoy, los cruceños de todo el Oriente vuelven a adorar a su Patrona en multitudinarias romerías, habiéndole construido un santuario en 1932.
Por su parte, el Ejército Cruceño hacía un servicio constante; se caracterizó por su valentía a niveles superiores. El gobernador Viedma en 1788 así describía a sus hombres: “Son de buena estatura y robustez, muy sufridores de trabajos, inclinados al manejo del arma, fieles y leales vasallos al Rey, obedientes a cuanto se les manda por sus superiores; en todo el Perú no se encontrarán mejores soldados. Las expediciones contra portugueses, indios chiriguanaes y de la pasada rebelión, dan buen testimonio de esta verdad”.
Mariano Zambrana asegura que “en la época del Gobernador Viedma y del subdelegado coronel Seoane de los Santos, contribuyó Santa Cruz con subsidios pecuniarios al sostenimiento de esa heroica Legión de Voluntarios Patricios que después de las refriegas sangrientas durante dos días en las calles de Buenos Aires, triunfó definitivamente sobre la segunda invasión inglesa que comandaba Whitelocke. Y es sabido que esa Legión de Patricios al mantener en 1809 (bajo las órdenes del coronel Cornelio Saavedra) la autoridad del virrey Liniers contra las pretensiones del partido español, apoyaba y sostenía la causa de la Independencia; y es muy sabido también que los tres batallones de que se componía esa célebre Legión, en 1810 sirvieron de base para formar los ejércitos patriotas que cubrieron de gloria inmortal a la América del Sur”.
España tenía grandes problemas en Europa y las colonias habían sido abandonadas. La política criolla en América se calienta y rápidamente se torna en lucha patriótica.
Fue así que atendiendo al llamado de las demás colonias del continente y avivando siempre su espíritu autonomista, Santa Cruz responde por primera vez en agosto de 1810 con un movimiento realizado en el fuerte de Membiray de Cordillera, promovido por el Capellán José Andrés de Salvatierra, el mismo que tiene su desenlace más importante con la toma de la plaza cruceña el 24 de setiembre del mismo año comandada por el Cnl. Antonio Suárez. Se constituyó una Junta Gubernativa autónoma que rápidamente reportó la acción a las provincias del Río de la Plata.
Pocos meses después el Cnl. José Miguel de Becerra retomó la plaza asumiendo las funciones de gobernador que le había acordado el Brigadier Goyeneche, jefe del realismo en el Alto Perú.
En marzo de 1813, el Cnl. Antonio Suárez vuelve a tomar Santa Cruz a favor de la patria. Meses después, el 24 de setiembre, llega a la ciudad con título de gobernador el porteño Cnl. Ignacio Warnes quien se encarga de organizar el ejército patriota y lo financia con recursos otorgados por el vecindario. Llega acompañado de 25 hombres entre los que estaba el destacado militar cruceño José Manuel Mercado.
Días después, el 26 de setiembre se realizó la elección de diputados al Congreso de las Provincias Unidas del Río de La Plata, siendo elegidos el Cnl. Antonio Suárez y Don Cosme Damián Urtubey. Este último, era esposo de la Sra. María Carmela Seoane, hermana del abogado.
El 25 de mayo de 1814 Warnes y sus cruceños libran la batalla de la Florida, junto al Cnl. Álvarez de Arenales. La victoria fue contundente y aseguró el régimen libertador para Santa Cruz y las provincias del Río de la Plata. Ambos caudillos son ascendidos a generales por Decreto del 9 de noviembre de 1814, firmado por el Supremo Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Warnes desempeñó un gobierno autónomo, sin dependencias de Buenos Aires, ni del Perú. Su Republiqueta era estratégica para la avanzada hacia el Alto Perú y para la resistencia rioplatense. El pueblo cruceño lo apoyaba. Sin embargo, los altos mandos militares cambiaron y con ellos se pretendió reemplazar al gobernador de Santa Cruz, justo cuando emprendía marcha contra los realistas guarnecidos en Chiquitos. Junto a su Estado Mayor tomó la decisión de continuar y obtuvo la victoria de Santa Bárbara el 7 de octubre de 1815.
Mientras Warnes se encontraba en Chiquitos, el nuevo gobernador Santiago Carreras es victimado en Santa Cruz de la Sierra. Se atribuye esta rebelión al Batallón Pardos Libres, creado por Warnes y a quienes Carreras habría humillado y disuelto.
El pueblo proclamó a Warnes como único gobernador, ahora legitimado de manera soberana por voluntad popular. Mientras llegaba de Chiquitos, restituyeron los poderes interinos al Cnl. José Manuel Mercado, principal hombre de confianza del caudillo rioplatense-cruceño.
A su regreso Warnes se dedicó a levantar el ánimo del pueblo y del ejército cruceño. En aquel mismo tiempo, el General de los ejércitos del Alto Perú, Don Juan Ramírez de Orozco, dispuso que el Cnl. Francisco Javier de Aguilera se dirigiera a Santa Cruz, quien luego de vencer los obstáculos que le puso el vecindario de Vallegrande, sale con sus disciplinadas y veteranas tropas.
Warnes necesitó entonces avivar más el patriotismo cruceño. “Recurrió entonces a un expediente que había de darle los mejores resultados. En discursos pronunciados en las calles y proclamas que mandó distribuir profusamente, hizo ver al pueblo que se acercaba una invasión de gentes de la montaña, a quienes titulaba de naturales enemigos, y de que era llegado el momento de defender la propia tierra a costa de cualquier sacrificio…” (Sanabria). Semanas después, Warnes pudo ver el resultado de su convocatoria, palpando el heroísmo cruceño en su máxima expresión.
Componían el temible ejército realista, el batallón Fernando VII, el Talaveras de la Reina, dos divisiones cochabambinas y dos piezas de artillería, haciendo un total de 1.600 hombres. El Ejército Cruceño componíase de poco más de 1.000 hombres distribuidos en las tres armas: la Caballería al mando del Cnl. Mercado, la Infantería al mando del comandante Saturnino Salazar y el comandante Rocha dirigía la artillería, una parte de la fusilería estaba integrada por unos 300 jóvenes de lo más selecto de la juventud cruceña.
El 21 de noviembre de 1816 se libró la famosa Batalla del Pari; la más sangrienta que hubo en la guerra de la independencia americana. Sólo 200 hombres sobrevivieron del ejército realista y unos 350 de las fuerzas patriotas.
Cuando el Cnl. Mercado había vencido a la caballería cochabambina y la perseguía, Warnes conseguía la victoria en el Pari y dirigía sobre la línea de fuego; pero el Cnl. Aguilera esperó esta situación y ordenó el disparo de cañón sobre su caballo. Fue el final del Libertador cruceño-rioplatense, que había sostenido la Republiqueta de manera autónoma, sin dependencias de Buenos Aires, ni del Alto Perú. Pero la lucha continuaba.
Mientras Aguilera logra tomar la plaza cruceña, Mercado reúne poco a poco a sus soldados y luego se refugia en el fuerte de Saipurú (Cordillera). Desde allá dirige las constantes incursiones y tomas sobre la plaza de Santa Cruz. Una de las más destacadas fue la de la noche buena de 1818, cuando el valiente “Colorao” irrumpió de improviso y ocupó la ciudad con su gente.
Durante esa época Aguilera, cruceño - realista, si bien era aliado del Gral. Olañeta, jefe del ejército realista del Alto Perú, siempre mantuvo su territorio independiente y actuaba sobre todo su entorno. Cuando el Mariscal Sucre, al mando del Ejército Libertador, realiza negociaciones con él, su respuesta deja expresamente establecida su posición autonomista.
En ese estado de cosas, el 26 de enero de 1825 las tropas de Aguilera se amotinan en Chilón y lo toman preso, pero dirigiéndose al fuerte de Saipurú, donde se encontraba el Cnl. Mercado, logra escapar y se dirige a Vallegrande; allí es apresado nuevamente el 12 de febrero.
Mientras tanto, Mercado marcha a Santa Cruz y el 14 de febrero toman la plaza, junto al capitán José Manuel Baca (Cañoto) y el comandante Marceliano Montero a la cabeza de un piquete armado y los vecinos patriotas entre los que se hallaban el Dr. Antonio Vicente Seoane, Antonio Suárez, Nicolás Cuellar, José Reyes Oliva, José Ignacio Méndez y José Vicente Suárez. Es proclamado gobernador el Jefe de los Patriotas Cnl. José Manuel Mercado.
Al día siguiente, el Cabildo de la ciudad se reúne y elige al cabildante Don Juan Manuel Arias como primera autoridad de la Republiqueta. El Mariscal Sucre decide sustituirlo por el comandante Francisco María del Valle (de las tropas de Colombia), con el título de “Comandante en Jefe de los departamentos libres de Santa Cruz”. Mas adelante, en marzo, toma la decisión de enviar a un coronel nacido en las provincias del Río de La Plata, alistado en las tropas de Colombia. Luego, en diciembre, Simón Bolívar envía a un libertador cruceño: el General José Miguel de Velasco, como “Presidente del Departamento”.
El 9 de febrero se había emitido el Decreto firmado por Sucre convocando a la constitución de la nueva república altoperuana. Por su parte, el Congreso argentino, el 30 de abril emite una ley que en su artículo 4to. dice: “Aunque las cuatro provincias del Alto Perú han pertenecido siempre a este Estado, es voluntad del Congreso General Constituyente que ellas queden en plena libertad para disponer de su suerte según crean convenir mejor a sus intereses y felicidad.”
Las cuatro provincias altas eran: La Plata (Chuquisaca), Cochabamba, La Paz y Potosí. Sin embargo el Mariscal Sucre habría convenido con el Dr. Casimiro Olañeta convocar a cinco provincias, incluyendo a Santa Cruz.
Para entender la influencia de Casimiro Olañeta, se debe acudir a la sentencia del Príncipe de las letras bolivianas Don Gabriel René Moreno que lo califica como “Padre de Bolivia”. Entre Seoane y Olañeta habían muchas coincidencias, aparte de haber sido doctores de Charcas, junto al vallegrandino Dr. Vicente Caballero. Ambos eran “dos caras” en la máxima potencia: Olañeta había traicionado a su tío y Seoane había traicionado a su propio padre.
Seoane no aprovechó el movimiento de febrero para hacerse cargo de la gobernación, como lo hizo en 1810, esta vez tenía ya sus proyectos en dirección de una diputación, de acuerdo a los planes de su colega Olañeta. En abril se reúnen los políticos de la ciudad y junto al Cabildo manejado por Ignacio Méndez eligen a Seoane y su amigo Vicente Caballero como diputados, por Santa Cruz y Vallegrande.
Cordillera, Mojos y Chiquitos, tuvieron patriotas civiles y militares para defender la libertad y para proclamarla, pero teóricamente “por el hecho de que los grandes partidos de Cordillera y Chiquitos no tenían un solo hombre que pudiera ser encontrado con requisitos para la investidura de diputado...”, el vasto Departamento sólo envió a dos (Arnade). El Jefe del Ejército Cruceño, Cnl. José Manuel Mercado, asistió simplemente como invitado de Sucre.
El 5 de abril de 1825, el Presidente del Departamento Francisco M. del Valle envía una carta a Charcas, que reprodujo Plácido Molina Mostajo:
“A las 8 de la noche se sublevó la tropa (…) diciendo a voces que no quieren nada de Colombia ni el que los mandase jefe dependiente de las órdenes del E. S. Libertador” Seguidamente informa que los presos se los llevan a Santa Cruz y su comandante general es Don Miguel Dávila.
El cabildo, el 14 de abril emite un “pliego de instrucciones”. Este documento en su artículo No. 20, tiene unas “dudas”, con respecto al decreto del 9 de febrero, en su artículo. 14º que indica que “las credenciales de los diputados serán firmadas por todos los electores...” Debido a ello, el 1ero. de agosto de 1825 la Asamblea “realizó su primera sesión secreta porque las credenciales de los delegados ausentes por Santa Cruz habían sido observadas y existía una acusación de que ellos habían sido electos por fraude”, pero no se adoptó ninguna resolución (Arnade).
Cuando los oficiales patriotas al mando del comandante José María Ramos y el asistente de Mercado, Juan Manuel Melgar, llegaron de Cordillera no fueron tomados en cuenta por quienes ostentaban el poder. Melgar fue enviado a la frontera con Brasil a cumplir servicios lejos de sus comandantes (Durán Canelas).
Los “dos caras” cruceños toman todas las previsiones políticas y el 27 de mayo envían una carta al Gral. Arenales, Jefe del Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a través de la cual le abundan en elogios y finalmente le comunican que Santa Cruz está enviando representantes a la Asamblea de Oruro. Con ello, legalizan lo de la “quinta provincia” convocada por Sucre. Encabeza la firma José Ignacio Méndez.
Sanabria dice: “Seoane, altoperuanista convencido por razones intelectivas y por razones materiales, hizo vehemente acción de altoperuanismo...”
Seoane, principal usurpador del sitial de Mercado, se incorporó a la asamblea el mismo 6 de agosto por la tarde, sin contribuir ni deliberar nada y su amigo Vicente Caballero, llegó recién el día 9 y lo hicieron firmar el acta. “Treinta de los cuarenta y ocho diputados eran graduados en la Universidad de San Francisco” y “puede suponerse que de los diez y ocho diputados no graduados es posible que unos pocos también hubieran estudiado en la Universidad...” En medio de ella, dice Arnade, estuvieron “dos caras tales como Casimiro Olañeta, Manuel María Urcullu, Angel Mariano Moscoso y José Mariano Serrano. Casi todos los otros diputados eran gente oscura que era desconocida en los anales de la guerra de la independencia y quienes probablemente estaban subordinados a los deseos de los dos caras...” (Arnade).
Aguilera había logrado fugar y contactarse con Sucre, para luego instalarse por algún tiempo en Cochabamba. Allí, en sus momentos de absoluta soledad y desilusión, quien en su tiempo luchó con ferocidad contra los patriotas, se inspiró en textos de “los cinco tomos de la historia política de los reinos ultramarinos, de un autor apellidado Luque” y decidió enviar al mundo y a los siglos su último mensaje, en medio del imperio de los tránsfugas.
“El 26 de octubre de 1828, después de tres años de que Aguilera no daba señales de vida, la población Vallegrandina amaneció sorprendida con la noticia de que éste se había apoderado de la ciudad esa madrugada intimando la rendición del prefecto Anselmo Ribas” y restituyendo la vigencia de la corona española, bajo los principios con los que se había iniciado en la vida militar. Después de un breve combate logró fugar ileso pero fue delatado y fusilado.
Toda la América estaba sumergida en el mismo fango. Sucre es traicionado y asesinado el 4 de junio de 1830, en las montañas de Berruecos (Colombia, su patria). Francisco María del Valle fue fusilado en Santa Cruz, el 27 de marzo de 1831 por organizar un levantamiento para declarar la independencia de las provincias de Santa Cruz, esta vez de la caótica y corrupta nueva república anarquizada por el demagogo Olañeta, enemigo de Bolívar.
En los primeros años de la República, el libertador cruceño Gral. José Miguel de Velasco, intentó varias veces controlar la situación con acciones militares y administrativas que fueron de profundo espíritu democrático. Fue 4 veces presidente de la República, pero a pesar de que contaba con todo el apoyo del pueblo cruceño y simpatía de los bolivianos, siempre tuvo quien le ofenda y le arrebate el poder.
Como un acto de justicia histórica, en 1834, los dos próceres de la independencia, Antonio Suárez y Andrés Salvatierra, junto a Lorenzo Moreno son elegidos Senadores de la República, durante la presidencia de Andrés de Santa Cruz. Los cruceños envían a sus mejores hombres para tales funciones de Estado.
En 1838 Suárez acepta las funciones de Prefecto del Departamento, que el gobierno central le ha confiado. La ejerce hasta mediados de 1839 en que, triunfante la revolución del general José Miguel de Velasco, es reemplazado por el ciudadano D. Francisco Bartolomé Ibáñez, primo y cuñado del general victorioso.
El Ejército Cruceño, ante la invasión peruana de 1841, fiel al compromiso del 6 de agosto de 1825, envía a sus mejores soldados para defender la independencia. Destacó en la batalla el Cnl. Agustín Saavedra y el Escuadrón Cazadores a órdenes del Teniente Coronel Marceliano Montero y los soldados cedidos patrióticamente por Velasco, fueron quienes determinaron la victoria boliviana.
La historia boliviana se olvidó de los héroes cruceños. El poder iba y venía. Santa Cruz comienza a darse cuenta del error de haberse asociado con las provincias altas, pues sólo era utilizado por los gobiernos de turno como lugar de destierro para sus enemigos y delincuentes políticos.
El 18 de noviembre de 1842 fue creado el Departamento del Beni. Existen corrientes que afirman que la decisión de dividir al Oriente fue una venganza del presidente Ballivián contra Velasco. Sixto Montero Hoyos afirma que el autor intelectual de la creación de este departamento fue el Ministro de Gobierno Dr. Manuel de la Cruz Méndez.
En 1847 el caudillo Francisco Bartolomé Ibáñez depuso al prefecto Gral. Rodríguez Magariños y asumió el Gobierno Departamental proclamando al Gral. José Miguel de Velasco como presidente. No fue posible. Cinco años después, el 2 de agosto de 1852, ante una arremetida militar del gobierno de Belzu contra sus opositores en Santa Cruz, el coronel Fabián Hoyos, Comandante Militar de esta capital, toma la plaza cruceña y prepara la resistencia. “Todo preparado, sólo faltaba romper los fuegos. En ese instante, se ve aparecer en la calle el Obispo Angel Del Prado, acompañado del deán Andrés Salvatierra y del prebendado Manuel Urgel…” Los sacerdotes logran un pacto entre el Cnl. Hoyos y el Gral. Gregorio Lanza, quien había penetrado la ciudad al mando de un batallón de quinientos hombres.
Hecho el pacto, para evitar derramamiento de sangre, Lanza toma el mando y permanece “algunos meses, deleitado en una vida de jolgorio y en que casi siempre asistía el Obispo Del Prado”. Cuando fue llamado por el Gral. Belzu dejó organizada su guarnición para resistir cualquier rebelión. En el mes de octubre de 1853 el Cnl. Hoyos, acompañado del mayor Eduardo Roca y el capitán José Hoyos Gil, toman el cuartel por las armas.
“La revolución estaba consumada, el Cnel Hoyos se había hecho cargo de una fuerza de quinientos hombres que lo vitoreaban y le juraban absoluta lealtad”. Se monta la maquinaria revolucionaria proclamando al Gral. Velasco como presidente de la República. Esto provocó nueva reacción del gobierno de Belzu quien destacó una incursión militar mayor, enfrentando a las fuerzas de Hoyos en Quimorí, donde cayó prisionero el jefe cruceño, ya en enero de 1854. Sin embargo Hoyos logró liberarse al cruzar el río Grande, cuando era conducido a su destierro.
La situación en Santa Cruz, dentro de Bolivia, se debatía entre la esperanza de que las cosas mejoren y los permanentes desengaños. Siempre tratando de involucrarse en la política nacional, el departamento era marginado del poder y del desarrollo. “Hasta 1852, Santa Cruz, daba la impresión de ser un campo de concentración de desterrados militares”, dice Montero Hoyos.
Los desterrados y las misiones militares del interior provocan consecuencias sociales en “La familia Ñufleña”, pues “la profesión de las armas, formada en los cuarteles, no tenía más educación que un carácter atrabiliario, ebriedad consuetudinaria, irresponsables en la persecución de doncellas, eran los atributos de la gente de cuartel y de aquella época, modalidades que no se conocían en la inocente y apacible vida de la capital cruceña, casi patriarcal e ingenua. Se llamaba afuereños a los que venían del lado de la sierra (…) Las reyertas continuas, la persecución de mujeres y muchos hogares ultrajados con las seducciones, provocaron la aversión al elemento de proscriptos. Entonces se generalizó llamar a los afuereños ‘collas’ lo que dio nacimiento al odio que de personal se hizo lugareño” (Montero Hoyos).
Hasta que en 1864 el Prefecto de Santa Cruz Dr. Tristán Roca prepara las condiciones para una revolución regional: inaugura el periódico “La Estrella del Oriente”, crea la bandera cruceña y escribe el primer Himno cruceño, en una versión que desde su primera estrofa anuncia el camino a seguir: “A las armas valientes cruceños / al combate entusiastas volad…”· El 28 de diciembre de ese año, Roca levanta al pueblo cruceño negándose a reconocer al gobierno del tirano altoperuano Melgarejo. Convoca a elecciones y organiza su ejército.
Roca es exiliado y se refugia en Paraguay para preparar nuevos movimientos, sin embargo muere antes de su objetivo.
Melgarejo asume el gobierno y hace del país un verdadero festín de la corrupción y la violencia. Brasil acreditó como diplomático a Felipe Lopes Netto, “quien en menos de un mes, el 27 de marzo de 1867, suscribió el tratado más ominoso que registran los anales hispano americanos.
Por ese tratado el Brasil ganó mas de 300.000 Km2; cerró a Bolivia la salida al Madeira, libre de sus saltos y rompientes y se llevó toda la márgen derecha del río Paraguay, dejando al país sin las salidas naturales que habían heredado de España y que el propio Portugal había reconocido en tratados solemnes” (Vásquez).
A la fuerza, tiempo después, el tirano hace aprobar el tratado por el Congreso. Fue así que, en 1868, nuevamente el pueblo cruceño protagoniza movilizaciones contra el gobierno central y el prefecto Cnl. Ignacio Castedo hizo causa común con su gente.
Un documento con las firmas de casi dos centenares de intelectuales y representantes de familias cruceñas, con el título “Al gobierno al Congreso i a la Nación”, emitido el 23 de setiembre de 1868 dice: “Vino a sorprendernos el tratado de límites con Brasil, cuyo articulo 2º frustra nuestras risueñas esperanzas, despojándonos de varias y muy extensas, al par de que ricas porciones de territorio, dejándonos sin puertos propios y sujetando del todo nuestro comercio y nuestra frontera a discreción del poderoso Imperio, cuyas usurpaciones y tendencias absorbentes se pretende legitimar (…) ¡Marcado egoísmo de un lado y ligereza e imprevisión del otro!”
Sin lugar a dudas, fue un atentado directo contra la economía y el futuro de Santa Cruz. Pero paralelamente el emprendimiento cruceño continúa y no se rinde. El 10 de noviembre de 1875, Don Miguel Suárez Arana funda un pueblo en la bahía de Cáceres denominado “Puerto Suárez”, iniciativa que estaba acompañada de un enorme proyecto que permitió abrir una ruta de navegación por el río Paraguay, hacia el Atlántico. Con sus propios recursos construyó caminos y estableció puestos fronterizos.
El apoyo del Estado se tornó indispensable para tan enorme emprendimiento, pero el gobierno hizo todo lo posible para obstaculizar su desarrollo, hasta que “se cierra la empresa, se le desposee al empresario de toda función y todo derecho y finalmente se le incauta sus bienes” (Sanabria). Así Bolivia terminó con la Empresa Boliviana en el río Paraguay” y también olvidó este proyecto hasta hoy.
Pero a pesar de los movimientos y emprendimientos cruceños, las cosas no cambian en Bolivia y menos en Santa Cruz. A comienzos del año 1875, el Dr. Andrés Ibáñez a la cabeza de grupos armados intenta tomar la plaza de Santa Cruz. Encontrándose preso el 1ero. de octubre de 1876 hizo amotinarse a los gendarmes que lo custodiaban y el Cnl. Ignacio Romero al intentar sofocar la revolución “Igualitaria” fue victimado. Al día siguiente, un comicio popular proclamó a Ibáñez como Gobernador.
En el mes de diciembre del mismo año, Ibáñez organiza una Junta de Gobierno Federal, la cual encabezó y estuvo integrado por los señores Urbano Franco, Simón Alvarez y Santos María Justiniano.
El Gobierno Federal de Santa Cruz desarrolló su administración durante cinco meses en medio de la amenaza centralista. Finalmente el gobierno boliviano envía una fuerte división al mando del Gral. Villegas, cuyo número y armamento oficial superaban al Ejército Federal provocando su repliegue a Chiquitos. El 1ero. de mayo de 1877 Ibáñez, el revolucionario federalista-igualitario es fusilado junto a sus fieles seguidores en la frontera con Brasil (Chiquitos).
Dos años después Bolivia pierde la guerra del pacífico. El poder central había tenido una reacción militar rápida y prepotente contra Santa Cruz, pero al poco tiempo cayó con manos corruptas y traidoras ante las tropas y la geopolítica chilenas. Es más, cuando el gobierno envía un representante para responder con la “no rendición” a los invasores chilenos, eligen al Comisionado Menacho, cruceño, que fue desaparecido por el enemigo y olvidado por la historia boliviana. El mar boliviano era vendido por los traidores altoperuanos y por ello no llegaban las tropas de refuerzo a la Batalla del Alto de la Alianza.
Pero el Ejército Cruceño puso la cara por el país. Se había reagrupado organizando su cuerpo de caballería denominado “Escuadrón Velasco”, con un efectivo de más de trescientas plazas equipadas por el propio vecindario y al mando del Cnl. Héctor Suárez Velasco. Las matufias del estado altoperuano hicieron que en Tacna se disuelva el flamante escuadrón y sus tropas pasaron a engrosar la unidad llamada “Libres del Sur”. La historia oficial dice que los Libres del Sur era integrado por “jóvenes voluntarios de Chuquisaca y Potosí”. Nuevamente Bolivia ignoraba el sacrificio y la sangre cruceña.
Por si esto fuera poco, el municipio de Santa Cruz de la Sierra fue el único que contribuyó económicamente a la guerra, con el pago de diez mil bolivianos y esto tampoco se reconoce.
Durante la contienda el cruceño Cnl. Miguel Castro Pinto, Jefe de los Libres del Sur, comandó el centro de la línea de batalla, fue abandonado por Bolivia y prisionero de los invasores. Luego también fue olvidado por la historia. Destacaron los médicos cruceños Bailón Mercado y Zenón Dalence, la valiente enfermera cruceña Ignacia Zeballos auxilió a los heridos, siendo la única mujer en el lugar de la batalla. Los cruceños seguían cumpliendo con su compromiso de 1825, la flor y nata de su juventud entregó su vida en Ingavi y en el Pacífico, pero el poder central los ignoraba.
La resistencia cruceña se debilita por algunos años, pero Bolivia continúa su escandalosa historia de corrupción centralista. En todo el Oriente se asume la causa Federalista y durante la Asamblea Nacional de 1890 los representantes del departamento Beni se pronuncian a favor del sistema Federal para Bolivia.
Un año después, el 2 de enero de 1891 los coroneles Domingo Ardaya, José Domingo Avila (Presidente y Vicepresidente), Don Augusto Toledo y los ciudadanos Moreno y Bustillos, tomaron el cuartel de la guarnición militar proclamando el Gobierno Federal de Santa Cruz; fue nombrado Secretario General el Dr. Jerónimo Otaso.
Se dictan todas las medidas administrativas del caso, incluyendo la organización de una Guardia Nacional, y “el ejército con un batallón de infantería, tres regimientos de caballería y una brigada de artillería”. Se creó el Banco Oriental con su respectiva emisión de moneda.
“La Junta Gubernativa Federal del Oriente empezó la proclamación de la federación en todas las provincias del departamento, encontrando el apoyo de Chiquitos y Cordillera. Las consignas eran ‘Federación o Muerte’ y ‘Viva la Federación’. El prefecto del departamento Horacio Ríos, huyó a Samaipata y desde allí pidió ayuda al gobierno de Aniceto Arce” (Peña). La revolución federal cruceña fue reprimida.
El 10 de abril de 1899, el Gral. José Manuel Pando gana la Guerra Federal en La Paz, para luego traicionarla en la Convención Nacional de Oruro; estableció la Sede de Gobierno en su departamento natal.
“La Convención Nacional reafirmó el unitarismo y el centralismo dejando a las regiones más abandonadas que en el siglo anterior, ahondando las rivalidades entre ellas (…) La guerra federal halló en Santa Cruz un ambiente favorable que apoyaba la causa federalista, pero si bien los siete representantes cruceños votaron a favor de la causa federal en la Convención Nacional, triunfó la hegemonía paceña”.
Bolivia continúa su camino de corrupción y despotismo; Santa Cruz se rebela constantemente buscando su autonomía pero recibe la furia de las armas. El glorioso Ejército Cruceño ya había sido disuelto sistemáticamente, por el nuevo orden de cosas dentro del Estado boliviano.
Pero el 11 de octubre de 1902, un nuevo ejército camba defiende la soberanía nacional en otro punto geográfico abandonado por el corrupto y miope Estado boliviano. La gloriosa Columna Porvenir, integrada en su totalidad por orientales, al mando de Don Nicolás Suárez –que con sus propios recursos la creó y adiestró- recuperó Bahía, hoy Cobija, Capital del Departamento Pando. Los refuerzos bolivianos no llegaron a la contienda.
“El 17 de noviembre de 1903 se firmó en Petrópolis el tratado de este nombre en virtud del cual Bolivia cedió toda esa rica región a cambio de mínimas compensaciones territoriales y de una entrega de dos millones de libras esterlinas” (Vásquez).
El persistente pueblo cruceño continúa la lucha y en los primeros años del siglo XX protagoniza nuevas manifestaciones cívicas. El proyecto cruceño, postergado desde 1825 ahora se concentra en sus intelectuales. En julio de 1903 se organiza la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz. Un año después la flamante institución emite el “Memorandum” dirigido a la nación, donde se establecen todas las pautas para el desarrollo del Oriente y la importancia de su integración con el sistema nacional a través de un ferrocarril.
En su introducción el documento dice: “Cierto es que tenemos el órgano regular de nuestros representantes que hemos enviado al Congreso para que aboguen por los intereses del Oriente y Noroeste de Bolivia; pero una larga y dolorosa experiencia de más de 70 años, nos ha persuadido de que los pueblos occidentales de la región andina, cuyos intereses son más o menos solidarios entre sí, no toman en cuenta los intereses y el progreso de los pueblos orientales, que bien comprendido, son los intereses más importantes, para el bienestar general de la Nación, y la mayoría parlamentaria del Occidente, ahoga las opiniones de la minoría del Oriente”.
Advierten también sobre la ocupación paraguaya en territorio cruceño desde siglo pasado: “El solo hecho de la ocupación paraguaya en territorio netamente boliviano, demuestra la indiferencia con que los gobiernos de Bolivia han mirado los intereses del Oriente”.
Aparentemente sólo los cruceños se ocupaban de los verdaderos intereses de la nación, pues en 1904 el gobierno boliviano firmó el “Tratado de Paz, Amistad y Límites con Chile, por el cual Bolivia cedió a perpetuidad el Litoral perdido en la guerra del pacífico”. Al igual que en la guerra, este tratado tuvo la resistencia de los senadores cruceños Pablo E. Roca y Pedro Ignacio Cortés.
Comienza una gran Revolución Intelectual que durante cincuenta años pelea a través de libros, periódicos e instituciones. Bolivia sumaba su deuda externa y los recursos aún no llegaban al Oriente. Santa Cruz exige la construcción del Ferrocarril oriental con los recursos del tratado de Petrópolis, buscando integración y los políticos altoperuanos responden con acusaciones de separatismo: “Santa Cruz sería un Panamá para Bolivia; una vez que los cruceños tuviesen ferrocarril, se independizarían”, afirmaban.
Y continúan las movilizaciones cívicas; en 1910, el líder cruceño Dr. Udalrico Zambrana encabeza las manifestaciones populares. El estado nacional continúa su geopolítica altoperuanista y en febrero de 1912 una parte del territorio cruceño es despojado para anexarlo al Departamento de Chuquisaca. Una disputa sobre el territorio comprendido entre los ríos Grande y Parapetí, Pilcomayo y Paraguay concluye con que Santa Cruz “hubo de transar y ceder hasta sus linderos actuales por el sur, conforme a las leyes de 1898 y 1912, la cuestión sustentada con los departamentos de Chuquisaca y Tarija.” (Plácido Molina).
Este tema, conocido como “la cuestión de Cuevo e Ibo” fue tratado ampliamente en su tiempo. El historiador Hernán Ardaya Paz dice: “De esta manera, Santa Cruz quedaba desposeído de una gran extensión territorial, reconocida como de jurisdicción cruceña desde tiempos inmemoriales, en virtud de numerosas disposiciones reales y gubernamentales (…) Aunque Santa Cruz con esas dos leyes quedaba gravemente cercenado, en aras de la pacificación y la cordialidad que debe existir entre pueblos hermanos, tuvo que resignarse a perder un territorio superior a las seis mil leguas cuadradas”.
La iniciativa privada responde con fe en el Oriente. En 1915 se organiza la Cámara de Industria y Comercio de Santa Cruz. En 1917 el diputado Luis Lavadenz junto a los empresarios Adolfo Gandarilla Ledesma, Aquiles Jordán y Castor Franco constituyeron una sociedad para explorar los yacimientos petrolíferos de la región, iniciando con sus propios medios lo que sería el futuro de Santa Cruz y de Bolivia. Más adelante venden sus derechos a la compañía norteamericana “Richmond Levering” quienes realizan mayores inversiones y comprueban la existencia de petróleo desde el Pilcomayo al Yapacaní” (Gandía). Pero solo era el inicio, pues la postergación cruceña continuaba.
En abril de 1918 la juventud cruceña se organiza para la lucha. Los líderes Alfredo Jordán, José Saucedo, Leónidas Penacho y Juan Felipe Vaca organizan el primer directorio del “Centro Juvenil de Acción Orientalista”.
En febrero de 1921, después de tres años de lucha cívica e intentando participar en la democracia boliviana, se anunció la transformación de la Acción Juvenil Orientalista en Partido Regionalista, con la jefatura de Cástulo Chávez y Eduardo Peña Landívar. Participaban también Celso Castedo y Juan Felipe Roca. Era un movimiento de principios autonomistas.
En junio, los estudiantes de Primaria, Secundaria y de Derecho, realizan periódicas marchas de protesta con el grito de guerra “Ferrocarril o Nada”. Liderizaba el movimiento el presidente de la Federación de Estudiantes Daniel Antelo.
Por su parte, el 10 de julio del mismo año, el Dr. Udalrico Zambrana continúa las luchas cívicas organizando en Cabildo Abierto el Comité de Defensa de los Intereses del Oriente. Este movimiento llegó a proclamar la independencia de Santa Cruz a fines de 1921, en una concentración popular que eligió un gobierno provisorio. Fue resistido por el gobierno central.
En este movimiento también participó el líder cruceño Carmelo Ortiz Taborga, quien fue elegido para leer el pliego del Concejo Municipal ante el gobierno central. Más adelante escribió el libro “Cimiente que no muere”, cuyo contenido era independentista. Fue exiliado por sus ideales.
La actitud déspota de la rosca política centralista colmó la paciencia cruceña por ello se generalizó el ultimátum: “Ferrocarril o Nada”. Si bien se ha interpretado de muchas formas el concepto, al punto de afirmar que “nada” era una especie de resignación al suicidio, la circunstancias de la época y la lectura histórica de los acontecimientos indican que Nada era NADA con una Bolivia que no quería integrarse con el Oriente; en otras palabras: Independencia.
Tres años después, el 1ero. de julio de 1924, el Dr. Saldaña León encabezó un nuevo movimiento emancipador, en compañía de Don Alfredo Ortiz, Don Enrique Banzer, Dr. Juan Felipe Roca, Dr. Cástulo Chávez y el Dr. Rómulo Saldaña. El Jefe de las fuerzas militares fue el Tte. Jacinto Reque Terán. La Junta de Gobierno la presidía Pablo E.Roca.
En 1925, a 100 años del compromiso cruceño con la república de Bolivia, se extrae crudo en la región. Con la era del petróleo Santa Cruz comienza a tomar interés de parte de todos sus vecinos, incluyendo los andinos; pero aun no llegan ni el ferrocarril ni las inversiones. El nacionalismo -o independentismo- cruceño, alimentado por el centralismo déspota, se convierte en histeria para los andinos y en avaricia para los países vecinos.
Cansados los cruceños de presionar al Estado, sin respuesta, deciden atraer los ojos de la comunidad internacional. En 1927 se organiza el Touring Club Oriental quienes se plantearon promover el turismo regional. Para este fin Don Antonio Velasco realizó una colección completa de fotografías de Santa Cruz, las cuales fueron enviadas a todas las embajadas bolivianas. Asimismo, filmó la primera película cinematográfica del oriente boliviano, la cual fue exhibida en Inglaterra.
El 5 de diciembre de 1928, las advertencias de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz, hechas en el Memorandum de 1904 y la nula respuesta del Gobierno Central tienen su desenlace. Sorpresivamente fuerzas paraguayas atacan el fortín Vanguardia en el Noreste del Chaco, con bajas en ambos bandos y la respectiva respuesta sobre el fortín paraguayo Boquerón. Esta provocación fue el inicio de las tensiones que desencadenaron la guerra en 1932.
Durante la Guerra del Chaco, por órdenes del gobierno central, los cruceños son llevados a primera línea, igual que en Ingavi y en el Pacífico. Situación que llevó a los militares cruceños a destacarse como los mejores soldados y, al vecindario cruceño, en luto general.
Afirman algunos autores que se pretendía exterminar la población masculina de Santa Cruz, pues en el plazo de tres meses fueron ejecutados más de 200 soldados cruceños, por las armas bolivianas, bajo el supuesto delito de espionaje. En cada casa cruceña se velaba un hijo, un hermano o un padre.
A pesar del incentivo político y bibliográfico por parte de ideólogos paraguayos y argentinos, en plena guerra los cruceños asumieron el papel más leal con la Bolivia que provocó el conflicto y abandonó a sus gentes. El pueblo cruceño y sus líderes no accedieron a ninguna propuesta de anexionismo ni de separatismo por parte de los vecinos; pues todas ellas tenían una tendencia a ceder territorio cruceño al invasor. Santa Cruz apostó una vez más al compromiso de 1825.
Destacaron muchos militares cruceños y la historia nuevamente los olvidó, pues ningún niño boliviano conoce sus nombres. Por su enorme brillo resplandeció la figura del Tte. Germán Busch Becerra quien fue Presidente de la República. Asimismo, por su flamante dignidad militar y civil se conoce en Santa Cruz de la Sierra el nombre del héroe de la guerra del Chaco Gral. Froilan Calleja Castro.
Bush, después de haber penetrado las trincheras de Boquerón, al inicio de la guerra, continuó una brillante actuación. “Su valor a prueba y pericia en las lides entre el bosque cerrado y la planicie rasa fueron día a día acrecentando su fama. Comandaba el 5to. Regimiento de caballería con el grado de capitán y su actuación con éste le hizo acreedor a distinciones y ascensos. En la última etapa de la campaña llegó a la jefatura del Estado Mayor General y ganó ascendiente pleno, así entre militares como entre criollos” (Sanabria).
A pesar del heroísmo cruceño en la guerra, el debate sobre el regionalismo y el separatismo se encendía. El 24 de setiembre de 1934 Lorgio Serrate lanzó un manifiesto que entre otras cosas decía: “Regionalismo no es separatismo. El regionalismo de Santa Cruz es nuestro orgullo de campanario. Regionalismo para dar a la patria todos sus hijos y rendir en el campo de batalla el máximun de sacrificio, para conquistar, si posible, todos los laureles ¡Orgullo de nuestros soldados! Regionalismo para luchar con el arado fertilizando los campos y proveer el abastecimiento de todo el ejército ¡Orgullo de nuestros incansables agricultores! Regionalismo del corazón que prefiere las rosas a las kantutas… La grandeza de Santa Cruz es el seguro de vida de Bolivia”.
Después de la Guerra del Chaco surgió nuevamente el Partido Orientalista, sin embargo poco se conoce de su accionar en la política. Desde los igualitarios, era el tercer partido regional creado en Santa Cruz.
En febrero de ese año la situación regional era de emergencia. Se había dado todo para la campaña del Chaco y la juventud se movilizaba en torno al pedido del ferrocarril. El gobierno respondió con acusaciones de separatismo y con difamación a los prisioneros de la guerra. El III Encuentro Nacional de Universitarios emitió un pronunciamiento exigiendo la construcción del ferrocarril Santa Cruz – Cochabamba y en su segundo punto sentenciaba: “En caso de no hacerse efectivos estos postulados que afectan a la seguridad y grandeza de la República, quedaría justificado cualquier propósito que pudiera abrigar el Oriente para asegurar su vida y su bienestar en el concierto de los pueblos libres”. (N. del A.- El ferrocarril nunca se construyó).
El 17 de marzo, el periodista cruceño Leonor Ribera Arteaga, publicó en el “Diario Popular” un artículo titulado “La República del Altiplano y la República Oriental”. Después de establecer la tendencia egocéntrica y excluyente del poder altoperuano dice: “Y por último, abórdese si se quiere el ‘separatismo cruceño’ como una posibilidad futura, pero que procederá en razón directa del abandono que sufre Santa Cruz desde hace un siglo. Ojalá si, que el temor de que Santa Cruz ‘se vaya’ algún día sirva para sacarla de la postración en que se encuentra, con lo que ganaría no sólo ella, sino nuestra aspiración de una Bolivia grande, unida y próspera…
Santa Cruz prolongó el esfuerzo colonizador de Ñuflo de Chaves llevando hasta los confines patrios las palpitaciones del sentimiento nacional, mientras los caudillos bárbaros del Altiplano saqueaban el tesoro público y estropeaban las más sagradas instituciones de la República…”
Las cosas no podían volver a lo mismo. Se organizó la Legión Oriental de Excomabientes, integrado por soldados y trabajadores. En 1936 se levanta Santa Cruz a la cabeza del Tcnl. Froilán Callejas Castro, apoyando al nuevo gobierno militar del Cnl. David Toro, cuyo principal aliado fue el Teniente Coronel Busch.
El movimiento tuvo las características autonomistas que la fuerza de la historia exigía, se tomó el control del departamento nombrando un nuevo Prefecto y las principales autoridades. Nuevamente la rosca andina acusó de separatismo al movimiento y envió sus negociadores.
Se firmó un acuerdo en el que se reconocía la autonomía de la Universidad cruceña, la necesidad de concluir el ferrocarril a Cochabamba y el principio de que “el Prefecto del departamento siempre sea cruceño…”
En febrero de 1937 se organiza la institución denominada Centro Amigos de la Ciudad, cuya estructura intenta atender las innumerables deficiencias urbanas, a través de comisiones técnicas, pero no contaba con recursos económicos para el efecto.
Las cosas no cambiaban en el país y fue así que el 14 de julio de 1937 el Jefe de Estado Mayor del Ejército asume el poder. La gallarda figura del Teniente Gral. Germán Busch iluminó al país entero. Santa Cruz había advertido a Bolivia sobre la guerra y no fue escuchada; había propuesto integración y había sido ofendida, había peleado valientemente en una guerra provocada por la dejación andina y, ahora, ofrecía a Bolivia su mejor soldado.
Cien años después de Velasco, un cruceño vuelve a la Presidencia. El héroe del Chaco intentó moralizar el país, poniendo a raya a los poderosos y corruptos de ayer. Trató de tomar medidas heroicas para bien del país, pero el entorno palaciego lo acosaba constantemente, llegando el poder externo a penetrar en la intimidad de su propia familia.
En su breve mandato corrigió la centenaria postergación del Oriente con leyes que sólo un verdadero estadista podía dictar de manera patriótica. Dispuso la vinculación ferroviaria con Brasil y Argentina y la Ley que reconoce las regalías petroleras del 11% a favor de los departamentos productores. Ambas medidas beneficiaban a departamentos y, a la vez, al país.
En 1937, gracias a la geopolítica altoperuana y su omnipresencia en el poder centralista, una parte de lo que hoy es el Departamento Pando es despojada y anexada al Departamento de La Paz. Ese año, el Dr. Julio Salmón dijo en un acalorado discurso que Santa Cruz avanzaría sólo por su propio esfuerzo: “De otra manera, seremos unos pobres diablos, que no hemos podido ni siquiera igualar y menos pasar a los cruceños que se fueron, porque ellos y sólo ellos, crearon lo poco que tenemos y no el poder central. El poco haber que tenemos, es obra nuestra, exclusivamente nuestra…” (Vásquez).
El 24 de setiembre de 1938 fue creado el Departamento Pando. Por esas negociaciones palaciegas llevó como nombre el apellido del presidente que no estuvo a tiempo para defenderlo de la invasión brasileña, mientras que Suárez sólo fue denominada una provincia. Pero La Paz, que ambicionaba el Territorio de Colonias -conquistado y defendido por cruceños- no sólo logró ponerle el nombre de un paceño al nuevo departamento camba, pues se apoderó de grandes extensiones de territorio creando la provincia Iturralde (N. del A.- Véase el mapa de Santa Cruz de 1810).
El Decreto de la Convención Nacional, emitido en la fecha señalada, en su Art. 11º dice: “Elévese a la categoría de ley del Estado el Decreto Supremo de 22 de diciembre de 1937, que establece la creación de la provincia Heat, en el departamento de La Paz, con las modificaciones introducidas por la delimitación del Departamento Pando, debiendo en adelante denominarse Provincia Iturralde…” Al parecer, los convencionales de la época, que firmaron este decreto, tuvieron que salvar parte del territorio oriental, creando un nuevo departamento, pero cediendo parte de nuestro territorio.
Durante la Asamblea Nacional se formó el “Sector Oriental” con los senadores y diputados de Santa Cruz, Beni y Pando. Este bloque fue apoyado por el presidente Busch y obtuvo la aprobación de los tratados internacionales de vinculación ferroviaria y aprovechamiento del petróleo con Argentina y Brasil, además del restablecimiento de la universidad cruceña.
La Ley del 15 de julio de 1938, conocida como la “Ley del once por ciento”, dice textualmente:
“Art. 2º. - Fíjase el once por ciento de la producción bruta de petróleo de cada Departamento, como renta en favor de los tesoros de las circunscripciones productoras de dicho hidrocarburo.
Art. 3º. – Los fondos provenientes de ese porcentaje, se depositarán en los tesoros departamentales semestrales por las compañías o entidades fiscales explotadoras, y bajo su inmediata responsabilidad”.
Ese año en Santa Cruz, por iniciativa autónoma se creó la Cámara Industrial, Agrícola y Ganadera, “que delineó la situación agropecuaria regional”.
El 23 de agosto de 1939, el Presidente Germán Busch es asesinado en el propio seno de su entorno familiar (conyugal), en la sede de gobierno.
La historia continúa y aparecen los movimientos cívicos obreros. Aparece la figura del líder Adolfo Román – hijo; periodista y artista plástico, considerado el máximo representante de las masas populares. Fue electo para la Convención Nacional de 1939 y participó del debate sobre la descentralización del país, en el Bloque Oriental Socialista. Durante la votación ganó el centralismo andino con 44 votos sobre 35.
El centralismo es cuestión de dinero, de negocios y negociados; de los impuestos del pueblo y los préstamos del Estado en manos de unos pocos centralistas.
La civilización cruceña resistía al tiempo; continuaba subsistiendo con dignidad a la pobreza y el atraso. Los recursos de las minas no llegaron nunca, ni los de la deuda externa, pero el pueblo seguía cumpliendo con el acuerdo del 6 de agosto de 1825. El desabastecimiento estaba a la orden del día.
El año 1941 el Estado crea el Comité de Obras Públicas, institución que tuvo sus orígenes autónomos en 1932. Pero estas entidades no contaban con fondos para las obras públicas.
En 1942 el gobierno norteamericano envió una misión a Bolivia, presidida por Merwin Bohan para analizar la situación del país y realizar una propuesta. El famoso Plan Bohan no hizo otra cosa que repetir lo que los cruceños planteaban desde el Memorandum de 1904.
Después de la trágica muerte de Román Hijo (1940), en 1942 surgen nuevas organizaciones como la Unión Obrera, bajo el liderazgo de Edmundo Roca Arredondo y el 3 de setiembre de 1943 se organiza su brazo de combate, la Unión Obrera Juvenil, bajo la dirigencia de una nueva generación de líderes: Jorge Flores, Luis Oyola, Justo Céspedes, Remberto Gandarilla, Hugo Aponte, Rolando Taborga, Hugo Pesoa, Orestes Arnés, Carlos Miserendino, Iver Vilar, Pedro Atalá, César Saucedo, Ricardo Catoira, Arturo Numberg, Mario Barrero, José Bernachi, Carlos Gonzáles, Pedro Rivero, Antonio Torrez y Carlos Terceros Banzer.
Ese año también se organiza la Acción Cívica Cruceñista, a iniciativa de Juan Felipe Roca y el presidente del Club Social 24 de Septiembre Dr. Aurelio Arauz. Fue presidida por Plácido Molina Mostajo, aunque tuvo poca actividad.
La institución de Edmundo Roca sin embargo, trata de paliar de manera autónoma la falta de un Estado en Santa Cruz, atendiendo a los pobres en sus necesidades de salud y vivienda.
Era una organización cívica y democrática “fundada bajo los principios de Busch”, sin embargo no tenía acceso a los recursos del Estado. Por ello, en diciembre de 1943 apoya el golpe de Villarroel y se transforma en instrumento político del MNR. A la caída de Villarroel, la Unión Obrera mantuvo el poder en Santa Cruz ganando las elecciones municipales de 1947 y 1948. Santa Cruz renovaba sus esperanzas y esta vez estaba apostando a la Revolución.
En 1949 se levanta Santa Cruz contra el gobierno de Urriolagoitia Edmundo Roca encabeza la rebelión cruceña que desconoce al gobierno central y la falta de apoyo en el resto del país lo lleva a tomar la histórica forma autonomista. Llegó a niveles bastante radicales, se organizó una Junta Revolucionaria que proclamó como presidente a Victor Paz (en el exilio), como vicepresidente a Edmundo Roca y Froilan Callejas como Jefe de las Fuerzas Armadas. Desde La Paz nuevamente se habló de un movimiento “separatista” y el ejército boliviano marchó sobre Santa Cruz, con órdenes del gobierno para perseguir y reprimir a los rebeldes cruceños.
En 1950 se producen diversos reclamos de la población; fundamentalmente del sector transporte organizado en el Sindicado de Choferes y Ramas Anexas “1ero. de Mayo”, quienes protagonizaban huelgas y marchas durante el mes de setiembre, por la falta de abastecimiento de combustibles a la región. El Comité de Defensa de los Intereses del Oriente había desaparecido años atrás, así como las organizaciones sindicales y el pueblo no contaba con un ente aglutinador.
Los dirigentes de la Federación Universitaria Local, encabezados por el estudiante beniano Hernando García Vespa se movilizan y convocan a las instituciones del pueblo, el 30 de octubre de ese año, para fundar el Comité Pro Santa Cruz. Su primer directorio estuvo encabezado por Don Ramón Darío Gutiérrez Jiménez, P. Carlos Gericke Suárez y Hernando García Vespa. Fueron vocales: Mario R. Gutiérrez, Agustín Saavedra Suárez, Hernando Sanabria Fernández y Mercelo Terceros Banzer; todos ellos, notables cruceños por toda sus vidas.
El 10 de enero de 1951 el Comité Pro Santa Cruz convocó a un gran Cabildo Abierto demostrando la unidad del pueblo cruceño entorno a sus justas demandas. Las demandas eran básicas para el desarrollo: abastecimiento de hidrocarburos, atención a los servicios de agua y energía eléctrica y pago de regalías. El gobierno abasteció de carburantes pero agua y luz nunca se consiguieron del estado central. Se iniciaba la lucha por las regalías petroleras, la herencia de Busch.
Santa Cruz responde a la Revolución de 1952 con anhelos de modernidad y progreso. Se involucran intelectuales, caudillos y el pueblo en masa. En tierras cruceñas la revolución tiene especiales matices, pues se conservan los modos de producción. El pueblo humilde obtiene el voto universal y otras conquistas sociales que rápidamente son asumidas por la sociedad en su conjunto.
El Memorandum de 1904 y los proyectos de desarrollo cruceño son copiados a medias y referenciados posteriormente por consultores nacionales y extranjeros. Bolivia mira hacia el Oriente como una opción de desarrollo para abastecerse de alimentos y descongestionarse demográficamente. A todo ello se le adiciona un concepto geopolítico de conquista del espacio vital: “la marcha hacia el oriente”, consistía en trasladar la mayor cantidad de población colla a las tierras cambas. El tiempo y la naturaleza se encargaron de asimilarlos.
Se inician las obras de la carretera del interior hacia el ingenio Guabirá, pasando cerca de la ciudad de Santa Cruz y hasta finales de los cincuenta las entrañas de la tierra camba comienzan a alimentar al Estado boliviano con sus hidrocarburos.
Sin embargo, con la Revolución no llega ni el pavimento, ni el agua, ni la luz eléctrica. Sólo habían emprendimientos locales en estos rubros y no abastecían a la población. Se avecina el cuarto centenario de la fundación y el Proyecto Cruceño sigue postergado. La lucha continúa. Habían varios proyectos técnicos de desarrollo, desde 1927, pero sólo se consolidaban aquellos esfuerzos con recursos de empresarios cruceños o con aportes del vecindario.
En 1956 el diputado Virgilio Vega presenta un proyecto de Ley interpretativa que corregía el Código del Petróleo para hacer efectivo el pago de las regalías del 11%. La Ley fue sancionada el 15 de enero de 1957; los diputados Omar Chavez Ortiz, Jorge Flores Arias y Virgilio Vega exigieron al presidente Hernán Siles Suazo su promulgación pero ya era junio y este no firmaba.
El Comité Pro Santa Cruz continúa con las exigencias al gobierno central. El 7 de octubre de 1957 el líder juvenil beniano, Carlos Valverde Barbery organiza la Unión Juvenil Cruceñista, como brazo movilizador de la lucha cívica, lo acompañan en la directiva Julio Cortez Lozada y Jorge Landívar Gil. El 31 de octubre del mismo año se organiza la Unión Femenina Cruceñista a la cabeza de Doña Elfy Albrech.
El gobierno centralista de Hernán Siles Suazo ordena la mano dura sobre el movimiento cívico cruceño. El 31 de octubre fue asesinado frente a la plaza el cruceño unionista Jorge Roca Pereyra, por milicianos del gobierno. El 7 de diciembre muere en combate el unionista Gumersindo Coronado Zambrana, en el barrio de San Luis, hoy 2do. anillo zona oeste. El 12 de diciembre se firmó en La Paz el Decreto Supremo que reconocía el 11% de las regalías a los departamentos productores.
La lucha continuaba, habían heridas abiertas por los caídos y las ofensas; lo cívico se confundía con el activismo político de FSB, frente al MNR. El gobierno usó esta situación como pretexto para escarmentar a Santa Cruz. Melchor Pinto Parada, presidente del Comité Pro Santa Cruz es deportado y retorna 55 días después. Una concentración de 40.000 personas lo recibe en la plaza de armas. El Comité exige el pago de las regalías devengadas desde 1938.
En 1958 el gobierno central está decidido a aplastar el movimiento cívico de Santa Cruz y envía un contingente de 10.000 milicianos de la provincia andina de Ucureña, más 3000 soldados fuertemente armados. En abril de 1959, el Ministro de Gobierno Walter Guevara Arce en actitud prepotente e imperdonable ofreció públicamente 50.000 pasaportes al pueblo cruceño para que abandone su propia tierra.
Los resultados fueron sangrientos no sólo para los cívicos cruceños sino también para los líderes políticos cruceños que apoyaron el movimiento; en Terebinto fueron masacrados cruelmente. El Dr. Melchor Pinto es exiliado nuevamente en 1959. Santa Cruz, una vez más pagaba su decisión de asociarse con el Alto Perú en 1825 para fundar Bolivia.
Las regalías fueron conquistadas con sangre. El 11% comienza a pagarse desde abril de 1959. El Comité de Obras Públicas comienza a recibir recursos de las regalías y en 1964 se convierte en ente autónomo bajo la presidencia de Omar Chávez Ortiz. En el futuro se convertirá en la Corporación Regional de Desarrollo.
En 1959 el Comité de Obras Públicas contrata una compañía técnica italiana que estructura el Plan Techint, donde se diseña la estructura urbana de la ciudad y se recogen todas las iniciativas anteriores. Comienza a proyectarse el desarrollo.
Pero Santa Cruz, que nunca recibió nada de la Plata ni del estaño altoperuanos, ahora regala el 89% al estado boliviano, para la extracción misma de la riqueza natural y para que los otros 8 departamentos tengan desarrollo. Pero cada rosca de políticos corruptos, aprovechando el sistema unitario que les permitía manejar el dinero del pueblo a su antojo, hicieron desaparecer millones de dólares, dejando al pueblo andino en la miseria.
Santa Cruz había comprobado durante su historia que las instituciones cívicas y voluntarias eran eficientes para enfrentar el subdesarrollo. Por ello, desde aquella época la sociedad cruceña multiplicó al máximo su capacidad de organización en todos los campos.
El Estado boliviano sólo tomaba en cuenta a Santa Cruz para extraer sus riquezas naturales, como una verdadera colonia. El modelo cruceño de desarrollo siguió forjándose. Ante la falta de atención del Estado a prácticamente todas las necesidades departamentales, había la respuesta autónoma del pueblo. Así nacen las cooperativas de servicios públicos: CRE, para la energía eléctrica; Cotas, para las comunicaciones; y Saguapac para el agua potable. Para cada necesidad una institución regional. El cruceño organizó un micro-Estado interno, para cubrir sus necesidades, con los pocos recursos que manejaba.
En 1965 se reorganiza el Comité Pro Santa Cruz y en adelante, cada año, cada gestión, cada presidente se ha ocupado de exigir al gobierno central el pago justo de las regalías petroleras, así como también el financiamiento de obras de desarrollo. Cada año, cada gobierno, intentó siempre frenar el progreso cruceño y respondió con violencia, amenazas y atentados a cada exigencia.
El 27 de agosto de 1970 se funda el Comité de Defensa de los Pueblos Orientales, dirigido por el Dr. Carlos Valverde Barbery, Jorge Marcos Salvador y Oscar Bello Marcó. Por la situación política de la época, poco se conoce de su activismo.
En 1971, la política nacional continúa como nació desde 1825. El caos altoperuano frena las aspiraciones de desarrollo cruceño y los departamentos orientales comienzan a repensar la autonomía, esta vez se montaba un movimiento con influencia política internacional que garantizaría su soberanía. Pero el militar cruceño Hugo Banzer Suárez asume el poder, en medio de una telaraña de estrategias transnacionales y guerra fría. Santa Cruz sólo pensaba en desarrollo. Poco consiguió, sus recursos seguían sosteniendo la burocracia estatal y las obras se construyeron con dineros propios de CORDECRUZ.
El año 1975, el líder cruceño Dr. Carlos Valverde Barbery realiza un movimiento rebelde junto a la Fuerza Aérea de Santa Cruz. No se consolidó. En 1977 el Comité Pro Santa Cruz exige el retorno a la Democracia. El ’78, Santa Cruz participa con esperanzas de lo que fue una farsa democrática montada por el gobierno central. El fraude y el caos provocan nuevo golpe militar y Santa Cruz mira asqueado sin participar en nada.
El siguiente año es investido en la Presidencia Constitucional de la República uno de sus enemigos históricos, quien ofreció 50.000 pasaportes a los cruceños. Se organiza otra vez la resistencia cruceña.
En 1980, un grupo de cruceños decide reivindicar la enseña departamental. Como primera acción mandan confeccionar cientos de gallardetes de mesa con los colores verde, blanco y verde, adornados con el escudo cruceño en el centro. La bandera estaba prácticamente olvidada hasta que el 24 de setiembre de 1977, el Dr. Hernando Sanabria Fernández y el Dr. Remberto Gandarilla Suárez publicaron los colores en el diario “El Deber”.
Por su parte, la Unión Juvenil Cruceñista, en coordinación con el Secretario General del Comité pro Santa Cruz, Don Luis Darío Vázquez, realiza una nueva acción a favor del rescate de nuestra enseña departamental. Durante una movilización cívica contra el Gobierno centralista, realizada en Puerto Suárez, enviaron una bandera cruceña para ser izada en esa ciudad. Fue la primera vez que flameó en el siglo XX y mejor oportunidad no pudo haber; un movimiento cívico en la frontera. Era Presidente de la institución juvenil el estudiante Jorge Hollweg y titular del Comité Cívico de Puerto Suárez el Sr. Adolfo Rau.
Ese año ‘80, durante los festejos de los 30 años de la fundación del Comité Pro Santa Cruz, en un acto coordinado con la Alcaldía Municipal, el 11 de noviembre del mismo año, a las diez de la mañana, fue izada oficialmente junto a la bandera nacional, en el patio de banderas del ente cívico. Presidió el acto el Dr. Rodolfo Roda Daza, titular del Comité.
Viene el gobierno militar de Luis García Meza, matizado de violencia y saqueo de las piedras preciosas del departamento. Asimismo, intenta construir un ingenio azucarero en el norte de La Paz, para atacar el poder económico cruceño. El 21 de julio de 1981 el Comité Pro Santa Cruz realiza un paro cívico departamental contra la aprobación del proyecto azucarero de San Buenaventura.
En 1981, otra vez Santa Cruz hace noticia, esta vez con una nueva rebelión militar encabezada por el general beniano Alberto Natush Busch, contra el dictador Luis García Meza. El militar camba se declara Presidente de la República desde el Oriente y sólo la renuncia del dictador evitó que el movimiento sea definitivo.
En 1982, el Comité pro Santa Cruz, bajo la conducción del Dr. José Luis Camacho, convoca a Congreso Cívico Nacional en Sucre. Tres demandas cruceñas fueron aprobadas: Retorno a la Democracia, Descentralización y Elecciones Municipales.
El Movimiento Cívico continúa su exigencia de retorno a la Democracia, para nuevamente caer frente a la presidencia constitucional de otro de sus históricos enemigos: Hernán Siles Suazo, el mismo de 1957. La resistencia cruceña es tan permanente como la mezquindad y prepotencia del gobierno.
El 17 de mayo de 1984, el Comité Pro Santa Cruz, bajo la conducción del Ing. Jorge Landívar Roca, lanza un histórico manifiesto a la nación exigiendo la Descentralización Político-Administrativa y el establecimiento de los Gobiernos Departamentales, de acuerdo a la Constitución. Ante la negativa del gobierno de Siles Suazo y su política de permanente avasallamiento, el 1ero. de agosto del mismo año convoca a la gran Marcha de Reafirmación Cívica “contra el avasallamiento”, con la participación multitudinaria del pueblo en la Plaza de Armas.
El 25 de junio de 1985 la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz emite su segundo Memorandum proponiendo la descentralización. En diciembre se funda el Movimiento de Resistencia Cívica, encabezado por el Dr. Carlos Valverde Barbery, Dr. Hernando García Vespa e Ing. Guillermo Kenning Voss.
El 8 de julio de ese año, el Alcalde cruceño Dr. Oscar Barbery Justiniano realiza la histórica convocatoria a elecciones municipales, en uso pleno de la Autonomía Municipal y desestimando toda intromisión de la burocracia centralista. Ese mismo año los unionistas toman el aeropuerto Viru Viru exigiendo su Descentralización. Sólo se consiguió la Desconcentración de la terminal aeroportuaria.
Por ese tiempo, en medio de la anarquía centralista y su política de fortalecimiento a los grupos de avanzada altoperuana, en la brecha Casarabe es asesinado el transportista cruceño Tomelic, junto a su ayudante beniano de apellido Díez; fueron masacrados por los mal llamados “colonos” andinos, asentados en la zona.
La Unión Juvenil Cruceñista responde con la toma del Instituto Nacional de Colonización, con fines de investigación. Los documentos fueron devueltos tiempo después.
Se organizan clandestinamente el Movimiento Autonomista 26 de Febrero (M-26), liderizado por Sergio Antelo y el Movimiento Orientalista 14 de Febrero (M-14) cuyo maestro era el Dr. Aquiles Gómez Coca, quien a la vez presidía el Movimiento “Diego de Mendoza”. De la misma manera aparecen también la Organización Revolucionaria del Oriente y el Destacamento “Cañoto”, ambos de índole independentista.
Por su lado, ante la hegemonía de las logias andinas en el poder, con sus ramificaciones en todo el país, profesionales, empresarios y líderes cruceños organizan grupos reservados que también son denominados “logias”, por sus rituales y privacidad. Actúan para recuperar las instituciones cruceñas. Se denominan “Caballeros del Oriente” y “Toborochi”. Aún hoy sigue el debate sobre su existencia.
El 19 de diciembre de 1986 Santa Cruz realiza un paro cívico departamental exigiendo el pago de las regalías petroleras. El 14 de enero de 1987 se organiza el partido Movimiento Federalista Democrático, bajo la jefatura de Carlos Valverde Barbery. En las siguientes elecciones municipales es electo concejal el federalista Dr. Aquiles Gómez.
El 26 de febrero de ese año el Comité Pro Santa Cruz presidido por Carlos Dabdoub Arrien levanta el espíritu cívico del pueblo convocando al Juramento a Santa Cruz. La jura se realizó ante el monumento del Cristo Redentor y frente a enormes banderas cruceñas. La idea original fue del Dr. Pedro Rivero Mercado.
En 1989, la Federación de Fraternidades Cruceñas a iniciativa del Lic. Alfonso Moreno Gil, inicia un titánico movimiento social y cultural, con la creación del Día de la Tradición Cruceña. Consiste en una marcha reivindicativa y todo un día de prácticas culturales del oriente. Se lo realiza en diferentes fechas del año, en todas las provincias del departamento, constituyéndose en uno de los pilares fundamentales de defensa de la cultura camba.
Por su parte, la juventud cruceña toma la iniciativa de organizar grupos de danzas folclóricas populares. Hector Molina crea el Ballet Gran Paitití y el dirigente de la Unión Juvenil Cruceñista Juan Ramón Banegas Antelo funda el grupo “Kerembas”, como respuesta a la “saya” comercial andina, que se había introducido en el carnaval cruceño.
Lo que sigue, es la historia reciente. El poder cruceño se lo manifiesta a través del Comité Pro Santa cruz con manifiestos, reuniones cívicas nacionales y paros departamentales. Los medios de comunicación cruceños asumen roles de mayor importancia, así como los sectores políticos, económicos, culturales e intelectuales.
La lucha por la Descentralización se profundiza. El 1 de abril de 1994 el Comité, bajo la presidencia del Ing. Wilmar Stelzer realiza un paro cívico departamental contra la promulgación de la Ley de Necesidad de Reformas a la Constitución que pretendía cambios en los artículos que establecían la vigencia de los Gobiernos Departamentales. El gobierno ultra centralista de Sánchez de Lozada había decidido eliminarlos.
El 6 de junio de 1995, durante la presidencia del Ing. Héctor Justiniano, el Comité Pro Santa Cruz realiza un paro cívico exigiendo la Ley de Descentralización. El gobierno de Sánchez de Lozada no sólo eliminó de la constitución los gobiernos departamentales sino que también aprobó una falsa Ley de Descentralización.
El 6 de octubre de 1996 nuevamente se realiza un paro cívico departamental, esta vez contra la aprobación de la Ley del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). El siguiente año, durante la presidencia del Ing. David Antelo, el paro cívico es contra la aprobación del Código de Minería. Todas estas disposiciones afectan negativamente los intereses de Santa Cruz.
En 1996 el Dr. Carlos Valverde Barbery públicamente se declara independentista y presenta su libro “La Nación de la Llanura”. Por ese tiempo también adopta la misma posición el investigador cruceño Eduardo Cortés.
El 4 de junio de 1999, durante la presidencia del Lic. Alfonso Moreno Gil, el Comité Pro Santa Cruz realiza un paro cívico departamental exigiendo al gobierno central el refinanciamiento de los créditos a los pequeños productores de Santa Cruz. El 28 de julio del 2000 el paro cívico exige la correcta fijación de precios de los combustibles.
Al final de los años noventa y comienzos del nuevo siglo se profundiza el desbande poblacional desde la zona andina, debido al fracaso del estado centralista. La situación se torna insostenible. La Bolivia andina, a pesar de tener el mayor porcentaje de los recursos cruceños de hidrocarburos y manejar todos los impuestos del país se muere en medio del lodo y la corrupción. Nacen los grupos denominados “Sin tierra” para avasallar zonas productivas y áreas protegidas, en su mayoría con fines comerciales y políticos. Santa Cruz se defiende.
En el 2001 nace el Movimiento Nación Camba con el lanzamiento de su Memorandum el 14 de febrero. Su aparición provoca un debate nacional que lo fortalece. Lo dirige un cuerpo colegiado donde destacan las figuras del Arq. Sergio Antelo Gutiérrez y Carlos Dabdoub Arrien. Se propone un nuevo pacto con el Estado boliviano donde se respete la multinacionalidad. Se establece el “nacionalismo camba” y su tendencia es popular.
Este año, la Cámara de Industria y Comercio de Santa Cruz y la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno publican cifras sobre el aporte de Santa Cruz al Estado nacional, llegando al 35% del total de los recursos nacionales. Se demuestra que el Estado boliviano no es “papa estado” como lo pregonaban los centralistas, ahora la realidad demuestra que Santa Cruz sostiene la economía nacional y un estado parásito.
Sin embargo la situación del departamento sigue insostenible. La salud y educación abandonadas, la seguridad en manos de cada ciudadano, los crímenes a la orden del día, el avasallamiento de tierras a los cuatro lados. Prácticamente no hay Estado en Santa Cruz, sólo aparece para cobrar impuestos y explotar los recursos naturales, como en una colonia.
El 26 de febrero del 2003, por primera vez el Presidente del Comité Pro Santa Cruz plantea al país la necesidad de establecer un sistema nacional de Autonomías. El legado de Ñuflo de Chaves y Diego de Mendoza, de Warnes y de Ibáñez sigue invariable.
Durante el “febrero negro” del 2003, el Comité Pro Santa Cruz defiende la Democracia y evita la anarquía en territorio cruceño. Meses después, en julio, la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos emite un nuevo Memorandum conmemorando sus 100 años, analizando “un siglo de conflictos” y proponiendo nuevamente poner los ojos en Santa Cruz.
El 2 de octubre las instituciones de la cruceñidad junto al Comité emiten un pronunciamiento planteando la Refundación de la República y las autonomías departamentales. “En verdad, de la vieja Bolivia poco tenemos que conservar, son 178 años de desencantos, aspiraciones frustradas e ilusiones perdidas”, dice el documento en su parte introductoria. Luego de hacer las propuestas de refundación concluye: “Por lo expuesto, estamos seguros que sólo existen dos caminos: I. Ponernos definitivamente de acuerdo, para sentar las bases de la refundación de un país verdadero, multiétnico, pluricultural, para que todos nos sintamos parte, o… II. Que cada región tome su propio camino…”
Tarija y los departamentos orientales se manifiestan positivamente ante la propuesta, pero el gobierno central responde con soberbia.
El 12 de octubre, el Comité Pro Santa Cruz levanta el monumento al Capitán General Ñuflo de Chaves en el sitio de la fundación –Santa Cruz la Vieja. Ante una masiva manifestación, en el Día de la Tradición de San José de Chiquitos, el Presidente Rubén Costas reafirma la necesidad de Refundar el país.
En octubre 17, durante la rebelión popular que se realizó en la Sede Gobierno, Santa Cruz nuevamente es el sustento de la Democracia y el movimiento cívico evita el derramamiento de sangre. Varios sectores de la población se prepararon para la defensa de la histórica plaza de armas.
Al finalizar la difícil jornada el Comité emite un documento que en su párrafo final dice: “De no darse este cambio, dudamos de la permanencia de Santa Cruz en la actual estructura del país. Sólo reconoceremos la legalidad y la legitimidad de un sistema político en la medida en que ejerzamos el derecho que nos asiste a decidir nuestro propio destino en el marco de la irrenunciable autodeterminación, a la que tienen derecho todos los pueblos del mundo”.
La Asamblea de la Cruceñidad realizada el 27 de octubre se pronuncia por la Autonomía y la Refundación. Antonio Franco, Presidente de la Federación de Ganaderos se declara independentista durante la Asamblea, lo mismo hace el representante de la Central Obrera Departamental. El Segundo Vicepresidente del Comité Pro Santa Cruz presentó el primer proyecto de Carta Orgánica del Gobierno Departamental Autónomo de Santa Cruz”.
El nuevo Presidente de la República, Carlos Mesa, en su mensaje a la nación resalta la importancia de Santa Cruz; por primera vez en la historia de Bolivia en esos términos. Al poco tiempo, el 28 de octubre el mandatario visita al Directorio del Comité Pro Santa Cruz constituyéndose en el primer presidente en ejercicio que realiza esta acción.
El 14 de noviembre del 2003 la institucionalidad cruceña y el Comité Pro Santa Cruz buscan atraer los ojos de la comunidad internacional y se dirigen a los participantes de la Cumbre Iberoamericana de presidentes para demostrar la posición cruceña frente a la crisis boliviana. El Movimiento Nación Camba se dirige al Secretario General de las Naciones Unidas en términos radicales.
El 29 de noviembre, el segundo vicepresidente del Comité Pro Santa Cruz presentó al Congreso de los Comités Cívicos Provinciales de la Cruceñidad un proyecto de Cabildo Abierto escalonado. El congreso declaró a 2004 como el “Año de la autonomía departamental de Santa Cruz”.
El 9 de diciembre durante la reunión nacional de Comités Cívicos realizado en la ciudad de Cochabamba, se emite un documento donde por primera vez las palabras “autonomías” y “refundación” acompañan el repetido slogan de “unidad nacional” y “estado unitario”. El encuentro similar realizado en Oruro el 9 de febrero del 2004, en sus documentos expresa que la Constituyente deberá aprobar el sistema constitucional de autonomías con estatutos aprobados en cada departamento.
En su mensaje anual el Presidente de la República reconoció que Bolivia se encuentra en un proceso de cambio hacia las autonomías y el federalismo. Sin embargo, la sentencia hecha por Lorgio Serrate el 24 de setiembre de 1934 se cumplía: “La grandeza de Santa Cruz es el seguro de vida de Bolivia”. Ciento setenta y nueve años de lucha contra el centralismo, frente a un racismo altoperuano, constantemente estrangulando el desarrollo cruceño… y la profecía se cumplía; todas las medidas económicas del gobierno fueron elaboradas con la tendencia a que Santa Cruz, la abandonada de siempre, ahora financie con doble tributación el Estado corrupto y moribundo que habían quebrado los políticos y economistas del Alto Perú.
En este mismo mes el prefecto del departamento, Dr. Carlos Hugo Molina, presentó el primer Plan de Gobierno Departamental del siglo, con un amplio programa de desarrollo, en base a los recursos que genera la propia región. El 11 de febrero, durante la Asamblea de la Cruceñidad convocada especialmente para el acto de reafirmación de la unidad de los pueblos nativos de Santa Cruz, el dirigente indígena Bonifacio Barrientos sentenció: “Queremos un departamento federal”.
El 27 de marzo, la ciudad de Camiri, por iniciativa de sus autoridades municipales y con la participación masiva del pueblo, realiza la histórica elección directa de su Consejero Departamental. Todos los demás municipios del Departamento comienzan a considerar la experiencia, incluyendo Santa Cruz de la Sierra.
Como se ha visto en cada párrafo y en cada época, sin interrupción alguna, la historia de Santa Cruz es la historia de una guerra –armada unas veces y fría en otras- por la autodeterminación, para el desarrollo. Cada año, cada generación la ha sustentado. Siempre las mismas palabras, siempre la misma protesta, siempre el mismo esfuerzo. Si las cosas no cambian, amable lector, lo que sigue, será igual; la misma lucha de hace 443 años. Seguramente un día tendrá su desenlace final…
Santa Cruz de la Sierra, abril del 2004.
Nino Gandarilla Guardia
FUENTES:
AUTONOMÍAS DEPARTAMENTALES
Juan Carlos Urenda Díaz
ACTA DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN LORENZO
Copia de Germán Coimbra Sanz
ACTAS CAPITULARES DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Publicaciones de la Universidad Gabriel René Moreno
ACADEMIA ORIENTAL DE LA HISTORIA – No. 8
Eduardo Cortés L.
ALBUM CONMEMORATIVO DEL IV CENTERNARIO DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Antonio Velasco Franco
ANDRES IBAÑEZ CAUDILLO DEL ORIENTE
Daniel Pérez Velasco
ANOTACIONES Y DOCUMENTOS SOBRE LA CAMPAÑA DEL ALTO ACRE
Nicolás Suárez
AVATARES DE UNA ASPIRACIÓN AUTONOMISTA (Folleto)
Nino Gandarilla Guardia – Remberto Gandarilla Suárez
BASES PARA LA CREACIÓN DE UNA NUEVA REPUBLICA CON AUTONOMÍAS REGIONALES O FEDERALISTA
Carlos Valverde Barbery
BOCETO BIOGRÁFICO DEL CORONEL JOSE MANUEL MERCADO
J.M. Durán Canelas
BOLETIN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA Y DE HISTORIA “SUCRE”
1975
BOLETIN
Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos
No. 55
BOSQUEJO DE LA CONTRIBUCIÓN DE SANTA CRUZ A LA FORMACIÓN DE LA NACIONALIDAD
Hernando Sanabria Fernández
BREVE HISTORIA DE SANTA CRUZ
Hernando Sanabria Fernández
CAMBA Y COLLA
Allyn Maclean Stearman
CAMBAS Y COLLAS
Anders Bergholdt
CAÑOTO
Hernando Sanabria Fernández
CARTA ORGANICA DEL GOBIERNO DEPARTAMENTAL AUTONOMO DE SANTA CRUZ
Proyecto
CASIMIRO OLAÑETA
Gabriel René Moreno
CATÁLOGO DEL ARCHIVO DE MOJOS Y CHIQUITOS
Gabriel René Moreno
CONTRIBUCIÓN JOVEN
Nino Gandarilla Guardia
CRONISTAS CRUCEÑOS DEL ALTO PERU VIRREINAL
Publicaciones de la Universidad Gabriel René Moreno
CRÓNICA SUMARIA DE LOS GOBERNADORES DE SANTA CRUZ
Hernando Sanabria Fernández
CRUCEÑOS NOTABLES
Hernando Sanabria Fernández
DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA Y ESTADÍSTICA DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Francisco de Viedma
DIEGO DE MENDOZA
Germán Coimbra Sanz
DOCUMENTOS
Comité Pro Santa Cruz
DOCUMENTOS
Movimiento Autonomista Nación Camba
ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN EL ORIENTE BOLIVIANO
José Luis Roca
EL BRIGADIER FRANCISCO JAVIER DE AGUILERA
José Luis Roca
EL ARCHIVO
Adrián Melgar y Montaño
EL CRIMEN POLÍTICO EN BOLIVIA
Floren Sanabria G.
EL CRUCEÑO Y LOS DIEZ MANDAMIENTOS
Nino Gandarilla Guardia
EL ORIENTE
Daniel Pérez Velasco
EL “SEPARATISMO” DE SANTA CRUZ
Lorgio Serrate
EN BUSCA DE ELDORADO
Hernando Sanabria Fernández
ESTUDIOS SOBRE LA CULTURA CRUCEÑA
Humberto Vásquez Machicado
FISONOMÍA DEL REGIONALISMO BOLIVIANO
José Luis Roca
FOLLETO “ORO”
Organización Revolucionaria del Oriente
GERMAN BUSCH Y LOS ORÍGENES DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL
Juan Carlos Durán
GEOGRAFIA DE SANTA CRUZ
Hernando Sanabria Fernández
HISTORIA DE LA GOBERNACIÓN E INTENDENCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Plácido Molina Mostajo
HISTORIA DE LA CONQUISTA DEL ORIENTE BOLIVIANO
Enrique Finot
HISTORIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA, UNA NUEVA REPUBLICA EN SUDAMERICA
Enrique de Gandía
HISTORIA DE SANTA CRUZ DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
Victorino Rivero Egüez
HISTORIA DEL ORIENTE BOLIVIANO SIGLOS XVI - XVII
Alcides Parejas
HISTORIA ELEMENTAL DE BOLIVIA
Hernando Sanabria Fernández
HISTORIA DE VALLEGRANDE
Hernando Sanabria Fernández
HISTORIA DE LA GOBERNACIÓN E INTENDENCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Placido Molina Mostajo
HOMBRES DE SANTA CRUZ
Oscar Alborta Velasco
JISUNÚ
Academia de las Culturas Nativas del Oriente Boliviano
JOSE MANUEL MERCADO EL COLORAO
Ingrid Vespa
LA FAMILIA ÑUFLEÑA
Sixto Montero Hoyos
LA FAMILIA GANDARILLA
Nino Gandarilla Guardia
LA GUERRA CHIRIGUANA
Guillermo Pinkert Justiniano
LA VOZ DE LA SANGRE
Carmelo Ortiz Taborga
LA MENTALIDAD CHOLA EN BOLIVIA
Daniel Pérez Velasco
LA BANDERA CRUCEÑA
Nino Gandarilla Guardia
Charles W. Arnade
LA ONDULANTE VIDA DE TRISTÁN ROCA
Hernando Sanabria Fernández
LA PERMANENTE CONSTRUCCIÓN DE LO CRUCEÑO
Paula Peña
LA NACIÓN DE LA LLANURA
Carlos Valverde Barbery
LA LEYENDA DE AVAROA
Daniel Pérez Velasco
LIBRO MAYOR DE SESIONES DE LA ASAMBLEA DEL ALTO PERU INSTALADA EL 10 DE JUNIO DE 1825
LIBRO BORRADOR DE COMUNICACIONES DEL CONGRESO GENERAL CONSTITUYENTE INSTALADO EL 25 DE MAYO DE 1826
LIMITES CON BOLIVIA
Juan Martín Leguizamón
LIBERTADORES CRUCEÑOS
Nino Gandarilla Guardia
LITIGIO TERRITORIAL ENTRE SANTA CRUZ Y CHUQUISACA
Hernán Ardaya Paz
LOS CHANÉS
Hernando Sanabria Fernández
LUCHEMOS POR EL FEDERALISMO
Carlos Valverde Barbery
MANUAL DE HISTORIA DE BOLIVIA
Humberto Vásquez Machicado
NICOMEDES ANTELO
Gabriel René Moreno
ÑANDEROGA
Hernán Ardaya Paz
ÑUFLO DE CHAVES EL CABALLERO ANDANTE DE LA SELVA
Hernando Sanabria Fernández
ÑUFLO DE CHAVES
Roberto E. Porcel
OBRAS COPLETAS
Humberto Vásquez Machicado
OBSERVACIONES Y RECTIFICACIONES A LA HISTORIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA, UNA NUEVA REPUBLICA EN SUDAMERICA
Plácido Molina Mostajo
PAGINAS HISTÓRICAS CRUCEÑAS
J.M. Durán Canelas
PERSONAJES NOTABLES DE SANTA CRUZ
Angel Sandoval Ribera
PLUMADAS CENTENARIAS
Mariano Zambrana
PROYECTO DE CONSTITUCIÓN POLITICA DEL ESTADO
Movimiento Federalista Democrático
PROYECTO DE LEY DE DESCENTRALIZACIÓN
Comité Pro Santa Cruz
PUEBLO ENFERMO
Alcides Arguedas
SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Raúl del Pozo Cano
SANTA CRUZ EN LOS UMBRALES DEL DESARROLLO
Remberto Gandarilla Suárez
SANTA CRUZ AYER Y HOR
Carlos Torres - Mario Limpias
SANTA CRUZ UN PUEBLO HUMILLADO
Informe de los universitarios de Charcas sobre la tragedia del pueblo cruceño. 1958
SANTA CRUZ 2000
Comité Pro Santa Cruz
TODO ES HISTORIA
Felix Luna
VIAJE A AMÉRICA MERIDIONAL
Alcide D’Orbigny
LA
BANDERA
CRUCEÑA
1864
LA BANDERA CRUCEÑA
Santa Cruz fue fundada por el Capitán General Don Ñuflo de Chaves, el 26 de febrero de 1561, “con el pintoresco ceremonial que los españoles tenían por costumbre en casos semejantes”. No se conoce a ciencia cierta cuál fue el pendón que flameó en esa oportunidad. Sanabria relata: “Ñuflo se levanta a las primeras luces del alba y sale al campo con sus hombres. Lleva puesta la armadura, calado el yelmo de airosa pluma y terciada en el pecho la roja banda de capitán. Apunta el sol en el horizonte cuando el Padre Francisco Pérez empieza a celebrar la misa –la primera en tierras chiquitanas-. Al concluir la ceremonia Ñuflo cabalga y alza en alto el pendón de Castilla”
En la casa de Gobernación de la antigua “Santa Cruz la Vieja”, los cruceños diariamente veían flamear el color púrpura del pabellón, con el escudo del imperio español al centro. Esta descripción la sostiene el artista plástico Carlos Cirbián, quien afirma que corresponde al emblema de “los Austria”, que dominaban España en aquella época.
Con la traslación de Chiquitos a Cotoca y su posterior fusión con la impostora ciudad de San Lorenzo en la Punta de San Bartolomé (1622), no hubo mayores cambios, pues las dos corrientes –del Pacífico y del Atlántico- enarbolaban la misma bandera y la ciudad aún no tenía escudo de armas. Sin embargo es probable que las guarniciones militares de cada Cabildo hubiesen poseído sus respectivos estandartes, al igual que la orden religiosa.
La bandera española de Santa Cruz, con los tonos y coloraciones que pudieron encontrarse en estas tierras, flameó gloriosamente en la campaña de 1696, contra la penetración “bandeirante”, cuando el gobernador José Robledo de Torres, “a la cabeza de lucida hueste, cuyo equipo y mantenimiento fue en su mayor parte costeado por el cabildo y el vecindario (...) Los criollos cruceños dieron con los invasores en la flamante misión de San Francisco Javier, y allí les infligieron tan tremenda derrota, que del total de aquellos solo cinco pudieron escapar con vida”.
Durante la Colonia, la misión geopolítica de Santa Cruz consistía en preservar las fronteras con la monarquía portuguesa y la avanzada sobre los chiriguanos de la cordillera. Sin embargo los cruceños, por su cuenta, también mantenían celo sobre sus territorios ante las intromisiones del Virreinato de Lima y la Audiencia de Charcas. Para todo ello, siempre se llevó el símbolo patrio en la vanguardia.
El 7 de noviembre de 1636, mediante cédula real, el rey Felipe IV concedió a Santa Cruz de la Sierra el título de “Muy noble y muy leal”, junto con su escudo de armas. Seguramente comenzó a usarse en el siguiente año.
Dice Placido Molina Mostajo que la monarquía española, “en cuyos dominios no se ponía el sol, la mayor que se ha visto en este mundo, llegó a conceder a la gobernación de que tratamos, un escudo y un pendón, un cabildo municipal y tales privilegios, exenciones y títulos, que la constituyeron como una república dentro de la monarquía”.
Pasaron los siglos y ante las nuevas corrientes de pensamiento, sumadas a la anarquía que sufría Europa, llegó la hora de enarbolar una nueva bandera, primero de pensamiento y luego en acción. Durante los años de la Guerra de la Independencia los patriotas cruceños, al igual que en toda la parte sur del Continente, enarbolaron la bandera creada por Belgrano para las provincias del Río de la plata, con los colores celeste y blanco (Cirbián).
El primer emblema patriótico visto en Santa Cruz fue ofrendado a la virgen de Nuestra Señora de la Merced, el 24 de setiembre de 1813, por el propio gobernador Ignacio Warnes. En aquella oportunidad, ante la sociedad cruceña dijo: “Es una verdadera satisfacción el estar con ustedes y poder presentar la bandera de nuestra patria, que con orgullo la tenemos desde las márgenes del río Paraná, donde por primera vez la hizo flamear el Gral. Manuel Belgrano. Como veis, sus colores son sencillos y naturales: dos franjas como el cielo azul celeste, en el medio blanco, cual las nubes y un sol brillante”. Hay quienes afirman que en ese tiempo aquella bandera tornaba su color más azulado que celeste.
Los batallones del Ejército Cruceño tenían cada uno su respectivo pendón. Quizá el más famoso, aparte del de la siempre victoriosa Caballería, es el del batallón Pardos Libres, que tiene su propia historia, pues fue la ofensa a esta bandera lo que ocasionó la ejecución del gobernador Santiago Carreras, mientras Warnes se encontraba en Chiquitos.
Los realistas, por su parte, empuñaban la bandera española de “los Borbones”, con la franja amarilla ancha y sus orillas rojas. Hay quienes afirman que, cuando el coronel patriota José Manuel Mercado retorna al campo del Pari después de perseguir a la caballería del rey, el jefe realista Francisco Javier de Aguilera lo esperó con el pabellón patriota en alto para engañarle, pero éste se dio cuenta a tiempo y se refugió en la campiña de Santa Cruz.
Durante los primeros años de la República, se observaban dos emblemas en la ciudad. La Bandera boliviana y la de las Provincias Unidas del Río de la Plata; hasta que prevaleció la Bandera nacional.
En 1864, en una reunión nacional de prefectos se determina que todos los departamentos del país deben crear sus emblemas departamentales. Correspondió al brillante prefecto Dr. Tristán Roca Suárez ser el creador de la bandera cruceña con los colores VERDE, BLANCO Y VERDE, mediante Decreto Prefectural de fecha 24 de julio.
Flameó por primera vez durante un movimiento regional convocado por Roca, defendiendo la Constitución y desconociendo el golpe de Melgarejo.
Roca también escribió la letra de un Himno Cruceño y posicionó el símbolo denominado “Estrella del Oriente” -nombre del periódico que dirigía- y que consistía en una estrella de cuatro puntas, como la cruz potenzada del escudo.
Después de la persecución y muerte de Tristán Roca, la enseña cruceña estuvo escondida entre los archivos de la Prefectura. Nadie se animó a reivindicarla, seguramente por el tema tabú y chantajista que siempre se le ha achacado a todo cruceño que reivindica principios autonomistas. Siempre se tildó de “separatista” a quienes reclamaban contra la corrupción centralista altoperuana y bajo este título se asesinó varias veces a nuestros próceres y líderes.
Durante la Guerra del Chaco, el heroísmo cruceño brilló con todo su esplendor bajo el emblema nacional de Bolivia. Sin embargo algunos cruceños, ante la estrategia altoperuana de sacrificar a la población masculina cruceña –bajo pretexto de separatismo- dirigida por el general Hans Kundt, crearon una nueva bandera con los colores verde, blanco y rojo, con un triángulo azul. Sin embargo este emblema no fue reconocido por la cruceñidad.
Los fantasmas de Kundt fueron desvanecidos por la valentía de los militares cruceños en el Chaco. No hubo hogar cruceño donde no se llorara un valiente caído en la batalla; el luto era general. Asimismo, las pretensiones de cierto escritor paraguayo que, además de publicar la bandera señalada, distorsionó a su favor la reacción publicando también un mapa de la nueva república donde ofrecía canjear el Chaco cruceño por cierto apoyo a la independencia de Santa Cruz. Nunca fue aceptado precisamente por lo pretencioso y absurdo de la idea.
En los años ’70, el Dr. Hernando Sanabria Fernández encontró una agenda personal del Dr. Tristán Roca, donde se encontraban todos sus apuntes sobre la creación de la bandera cruceña. Le comentó a su ex discípulo y amigo Dr. Remberto Gandarilla Suárez, pero no publicó el contenido.
En 1977, el Dr. Gandarilla Suárez, creador del “Cambagrama” que se publicaba en el diario “El Deber” de esta ciudad, tuvo la feliz idea de difundir en su “Cambagrama Gigante”, correspondiente al 24 de setiembre de ese año, en las líneas verticales, los colores “verde, blanco, verde”. En la referencia decía: “Bandera cruceña, creada por Ordenanza Municipal de 1863”.
A los tres años, en 1980, un grupo de cruceños decide reivindicar la enseña departamental. Como primera acción mandan confeccionar cientos de gallardetes de mesa con los colores verde, blanco y verde, adornados con el escudo cruceño en el centro.
Por su parte, la Unión Juvenil Cruceñista, en coordinación con el Secretario General del Comité pro Santa Cruz, Don Luis Darío Vázquez, realiza una nueva acción a favor del rescate de nuestra enseña departamental. Durante una movilización cívica contra el Gobierno centralista, realizada en Puerto Suárez, enviaron una bandera cruceña para ser izada en esa ciudad.
Fue la primera vez que flameó en el siglo XX y mejor oportunidad no pudo haber; un movimiento cívico en la frontera. Este ejemplar fue costurado por la Sra. Ana Teresa Descarpontriez de Vázquez. Era Presidente de la institución juvenil el estudiante Jorge Hollweg y titular del Comité Cívico de Puerto Suárez el Sr. Adolfo Rau.
Ese año, durante los festejos de los 30 años de la fundación del Comité Pro Santa Cruz, en un acto coordinado con la Alcaldía Municipal, el 11 de noviembre del mismo año, a las diez de la mañana, fue izada oficialmente junto a la bandera nacional, en el patio de banderas del ente cívico. Presidió el acto el Dr. Rodolfo Roda Daza, titular del Comité.
“Un año después, el 24 de junio de 1981, el directorio del Comité Pro Santa Cruz, encabezado por el Dr. José Luis Camacho Parada, aprobó una resolución que declaraba el 24 de julio DIA DE LA BANDERA CRUCEÑA”.
El Comité y la Unión Juvenil Cruceñista emprendieron varias campañas para promover el uso de la enseña regional. Primero era vendida a bajo costo en el propio Comité, aunque luego las casas comerciales expendedoras de textiles hicieron lo mismo. En cada movilización cívica se entregaron miles de banderas, pero aún así no fue suficiente.
En 1984, durante la presidencia de Jorge Landívar Roca, se realizo la gran marcha y concentración de “Reafirmación Cívica” y por primera vez el pueblo en masa observó dos gigantescas banderas cruceñas sobre el escenario, junto a la bandera nacional. Correspondió a Nino Gandarilla Guardia construir el mencionado escenario. Las banderas fueron costuradas por la Sra. Betty Guardia Rivero y pintadas por el Sr. Soverón.
Las diversas instituciones de la cruceñidad comenzaron a fabricar sus propios estandartes institucionales con la bandera bicolor. En los desfiles comenzaron a verse grupos de ellas con mástiles y las clásicas banderas largas que utilizan los sectores gremiales.
En el año 1981, el laureado poeta cruceño Luis Darío Vázquez Rivero, escribió el Himno a la Bandera Cruceña, cuya primera estrofa dice:
Levantemos la Enseña Sagrada
de la tierra de Ñuflo Chaves,
con la límpida frente elevada
a la altura gloriosa del Sol.
A este himno de seis estrofas le puso música el destacado compositor cruceño Don Nicolás Menacho Tarabillo. De esta manera el Comité Pro Santa Cruz, mediante resolución del 26 de agosto de 1981, declaró oficial para todo el territorio departamental el Himno a la Bandera Cruceña.
Se estrenó ese año con la interpretación del Coro Santa Cecilia, del que se logró una sencilla grabación doméstica, para difundirlo. Posteriormente, un tenor argentino realizó una nueva grabación en estudio, pero los acentos no correspondían. Al tiempo, durante la gestión cívica del Ing. Edgar Talavera, se promovió una nueva cinta, interpretada por el cantante cruceño Tingo Vincenti, con la cual se ha cantado durante más de una década en los actos cívicos. Sin embargo esta versión era demasiado rápida y no permitía llevar cómodamente el compás.
En la primera mitad de los años ochenta, las bandas presidenciales de los comités cívicos ya llevaban los colores verde, blanco y verde, en forma de bandera y con el Escudo Cruceño en el centro. La faja del presidente de la Unión Juvenil Cruceñista tiene el color verde en todo su diámetro y un círculo con la cruz potenzada en el centro. Las fajas del Alcalde y de los Concejales también siguieron el mismo ejemplo.
Fue el Prefecto Freddy Landívar Arauz quien mediante Decreto Prefectural adoptó los colores de la Bandera Cruceña para la banda de la primera autoridad del departamento, en 1985. En esta misma gestión también decretó que el Escudo de la ciudad tenga jurisdicción en todo el Departamento, atendiendo a la solicitud del Congreso de los Comités Cívicos Provinciales de la Cruceñidad.
En 1986, durante la presidencia del Dr. Carlos Dabdoub Arrien, a iniciativa de don Pedro Rivero Mercado, el Comité Pro Santa Cruz convocó a su pueblo al “Juramento a Santa Cruz”. En aquella oportunidad, el mismo propagandista, construyó un escenario consistente en tres gigantescas banderas cruceñas y 15 mástiles representando a las provincias. El acto se realizó al pie del Cristo Redentor de la ciudad.
En 1989, el Comité Pro Santa Cruz organizó el Mes de la Bandera Cruceña. El presidente del Comité, Dr. Freddy Terrazas Salas, y su gerente, Dr. José Antonio De Chazal Palomo, se propusieron distribuir cerca de 5000 banderas y encargaron a Gandarilla “el embanderamiento de la ciudad”.
Se distribuyeron banderas y mástiles de madera a los vecinos del casco viejo, la Unión Juvenil Cruceñista se encargó de colocarlas en todos los mástiles de la ciudad y convocó a una marcha juvenil que llegó a mostrar verdaderas selvas de banderas cruceñas.
En el centro de la plaza de armas, el propagandista colocó banderas gigantes en los edificios de la Catedral y la Casa de la Cultura. A esto se sumó la colocación de grandes murales de personajes de la historia cruceña flanqueados por banderas normales en todos y cada uno de los barrotes de los edificios públicos y el Club Social.
La bandera cruceña de mayor volumen que ha visto el pueblo cruceño, por su ancho y alto, fue aquella que se utilizó de escenario para la concentración “Contra la crisis y el avasallamiento”, convocada por el Comité Pro Santa Cruz el 16 de noviembre del 2001, durante la gestión del presidente Don Lorgio Paz Stelzer. Cubría el 60% del frontis de la Casa de la Cultura “Raúl Otero Reiche” y en cuyo centro figuraba un gigantesco Escudo Cruceño.
Por su parte, el Movimiento Nación Camba, primero enarboló la bandera cruceña con el mensaje “Autonomía”, escrito en la franja inferior. Pero dentro de los preparativos para los desfiles cívicos del 24 de setiembre del 2002, tuvo dos propuestas para emblema de unidad nacional, una: Verde y Negro; la otra que simbolizaba la unidad de los pueblos del Oriente: Azul, blanco y verde. Fue elegida la primera y es la que actualmente usa este movimiento.
Desde el año 1993 a la fecha, la Unión Juvenil Cruceñista organiza el acto de conmemoración del día de la Bandera Cruceña con la entrega de la “Bandera de Oro” a destacadas personalidades cruceñas.
El año 2002, se promovió una nueva cinta del Himno a la Bandera Cruceña, esta vez a cargo del cantante Raúl Menacho Urioste. Fue grabada en España y presentada en acto especial. Se estrenó formalmente en el acto de posesión del Directorio cívico, el 30 de octubre del 2002.
El 12 de junio del 2003 el Directorio del Comité Pro Santa Cruz, mediante Resolución No. 01/2003, creó la Condecoración al Merito Institucional, “consistente en un emblema con la Bandera Cruceña como símbolo central, para reconocer a instituciones cuya antigüedad sea mayor a 25 años y sus contribuciones al Desarrollo Regional sean de trascendencia mayor”. La primera de esta clase fue otorgada a la benemérita Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz.
Actualmente la bandera cruceña es respetada en todo el territorio nacional y se la toma en cuenta en todas las ceremonias académicas y protocolares. Participa de los desfiles cívicos y es enseñada a los estudiantes. En la oficina de la Presidencia del Senado Nacional, ocupada por el senador cruceño Dr. Hormando Vaca Díez, en el año 2003 lucía sus colores junto a la enseña nacional y el escudo de Santa Cruz.
En enero del 2004 el Vicepresidente Segundo del Comité Pro Santa Cruz inició las gestiones para la construcción del Monumento a la Bandera Cruceña, con un mástil cuya altura supera los 30 metros y un emblema de 10 x 15 mts. para ser instalado en el Parque Urbano de la Ciudad.
La bandera cruceña ha sido testigo de gloriosos episodios de nuestra historia. Sobre sus colores se escriben todos y cada uno de los movimientos y actos cívicos de la cruceñidad. Es un símbolo que representa y une a todos aquellos que sienten el civismo cruceño en su espíritu.
FUENTES:
BREVE HISTORIA DE SANTA CRUZ
Hernando Sanabria Fernández
CONTRIBUCIÓN JOVEN
Nino Gandarilla Guardia
DIARIO “EL DEBER”
24-09-77
HISTORIA DE LA GOBERNACIÓN E INTENDENCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Plácido Molina Mostajo
LA NACIÓN DE LA LLANURA
Carlos Valverde Barbery
LA ONDULANTE VIDA DE TRISTÁN ROCA
Hernando Sanabria Fernández
LA PERMANENTE CONSTRUCCIÓN DE LO CRUCEÑO
Tristán Roca
ÑUFLO DE CHAVES
Hernando Sanabria Fernández
PLUMADAS CENTENARIAS
Mariano Zambrana
SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Raúl del Pozo Cano
BREVE HISTORIA
DEL EJÉRCITO CRUCEÑO
1561 – 1957
BREVE HISTORIA DEL EJÉRCITO CRUCEÑO
Las Fuerzas Armadas de Bolivia nacieron con la contribución de hombres y equipos provenientes de los Ejércitos de las diferentes Republiquetas que lucharon por la Independencia desde 1809 hasta 1825.
Una de esas fuerzas militares fue el Ejército Cruceño, compuesto por las siguientes Armas: Caballería, Infantería y Artillería. Los historiadores mencionan también a los escuadrones de Dragones y Lanceros y los cuerpos de Cazadores.
El presente trabajo intenta rescatar algunos detalles que en el futuro puedan servir para editar una historia más completa. Veamos los antecedentes.
El Ejército Cruceño durante la conquista
Santa Cruz de la Sierra fue fundada el 26 de febrero de 1561, a orillas del arroyo Sutó, por un grupo de 90 españoles a la cabeza del Capitán General Ñuflo de Chaves, cuyo segundo era el Capitán Hernando de Salazar. También estaba presente y fue regidor el Capitán Juan de Garay, quien posteriormente fundó Santa Fe y fue refundador de la ciudad de Buenos Aires.
La mayoría eran militares, excepto el cura Francisco Pérez, el escribano Francisco Gallego y algunos vecinos notables como Don Diego de Mendoza. El primer Alguacil Mayor de la Gobernación fue el Capitán Salazar (Finot).
El General Ñuflo de Chaves, nació en Santa Cruz de la Sierra de Extremadura (España), probablemente el 12 de junio de 1518 (por el día de su santo). Si bien se ha repetido durante mucho tiempo que el rango de Don Ñuflo era de “Capitán”, los documentos de la época siempre lo mencionan como “el general Chaves”. Para poder realizar el acto de fundación, fue ascendido a General (Porcel).
Fue el primer hombre que cruzó el continente de lado a lado, del Atlántico al Pacífico, para lograr la conquista del centro de América meridional. Manuel Domínguez así lo describe: “Aquel enorme Chaves… Fue de Asunción a Lima dos veces, a pie, caminó 5.600 leguas en diez y seis expediciones, flecha humana que volaba a todas direcciones en pos de sus quimeras...”
La española Maite García es más contundente: “Ñuflo hizo veinticuatro entradas, desde el treinta de mayo de 1541, hasta el 5 de octubre de 1568... Asombra la cifra de más de ¡Ochenta y cinco mil kilómetros!” Empequeñece los dos sobrehumanos paseos de Alvar Núñez y ridiculiza los maravillosos recorridos de Marco Polo. “Con la enorme diferencia de que las de Ñuflo están inequívocamente comprobadas…”
Durante el éxodo asunceño de 1564, hacia Santa Cruz de la Sierra (La Vieja), llegaron más militares a incorporarse a la nueva ciudad y gobernación. Relata el historiador argentino R. Porcel: “Los asunceños arman una gran expedición para acompañar a Chaves en su regreso al Perú. Finalmente parten en una flota de dieciocho navíos y una gran cantidad de embarcaciones menores, en muchos casos familias enteras, con todos sus bienes, pertrechos y armas y con más de setecientos yeguarizos, llevando consigo sus indios encomendados.
Encabeza el grupo el gobernador Francisco Ortiz de Vergara, y van con él el contador Felipe de Cáceres, el factor Pedro de Orantes y el obispo De la Torre junto con varios clérigos… Al pasar por la provincia guaraní de Itatín Chaves convence para que lo acompañen unos tres mil o cuatro mil naturales, todos con sus familias…”. Muchos de ellos se quedaron para siempre en Santa Cruz, provocando un desarrollo urbanístico vertiginoso que llegó a cubrir más de 40 manzanas.
En 1568 Chaves muere debido a una conspiración de los Itatines, entonces el pueblo cruceño elige a Don Diego de Mendoza como gobernador; siendo este el primer acto de soberanía en el territorio. Contrariado el Virrey del Perú, en noviembre de 1571 toma la decisión de reemplazarlo por Juan Pérez de Zurita. Santa Cruz se levanta en armas contra el intruso, lo apresa y lo devuelve al Perú. Esta es la primera actuación de defensa protagonizada por la Guardia cruceña, frente a una intromisión centralista.
Ante esta situación el Virrey Toledo intenta una acción punitiva contra Santa Cruz, pero al llegar a las sierras bajas los chiriguanos acaban con ella haciendo escapar al monarca. Luego, con cartas amistosas el virrey intenta bajar el apronte entre los rebeldes de Santa Cruz.
Una comisión militar cruceña, acompañando al hijo mayor de Ñuflo de Chaves se dirige al encuentro de Toledo, con el objeto de pactar la paz; pero antes de llegar el joven Francisco de Chaves es separado del destacamento por orden del virrey y el oficial Salgado, comandante de la tropa y partidario de Mendoza, fue colgado por decisión del mismo monarca.
Diego de Mendoza, invitado mañosamente a Potosí fue decapitado en esa ciudad; dos autoridades cruceñas que le acompañaban fueron colgados con él. Consta en documentos que estas ejecuciones y la guerra contra Santa Cruz fueron criticadas más adelante por los contemporáneos del virrey.
De los cinco hijos de Ñuflo de Chaves, dos de ellos tomaron la carrera de las armas y murieron sin dejar descendencia. Dos de sus hijas ingresaron a un convento y la mayor “casó en 1574 con un soldado de apellido Ossorio” (Finot).
En octubre de 1580, el Virrey del Perú encomienda a Don Lorenzo Suárez de Figueroa la fundación de una ciudad paralela a Santa Cruz de la Sierra, pretendiendo suplantarla y acabar con su existencia. La ciudad fue fundada el 13 de setiembre de 1590 con el nombre de San Lorenzo el Real, a orillas del Río Grande. Se mudó el 21 de mayo de 1595 a los llanos de Grigotá; el lugar era un verdadero vergel pero acechado por diferentes naciones de indios. Era territorio chiriguanae, conquistado sobre los chanés, por lo tanto era zona de guerra.
Las autoridades altiplánicas insistieron en el traslado de Santa Cruz a San Lorenzo y en 1604 enviaron a Francisco de Alfaro con órdenes de hacer prevalecer la voluntad de la Audiencia de Charcas. Los cruceños finalmente accedieron el siguiente año, abandonando Chiquitos y “dejando expresa constancia de que no se trata de fundación nueva...”
“Pero ya en ella, los hombres de la ciudad viajera negáronse a convivir con la comunidad ya existente de San Lorenzo el Real y concluyeron por establecerse, con sus instituciones y sus órganos de práctica y derecho, en el paraje denominado Cotoca” (Sanabria). Seguramente los lorenceños no sólo intentaron asentar a los cruceños en los suburbios de la ciudad e imponer su nombre y sus autoridades, probablemente en el ámbito militar tampoco reconocieron los rangos de los oficiales cruceños. Por ello la reacción.
Durante 17 años vivieron las dos comunidades separadas, azotadas por la pobreza y la guerra, hasta que en 1621 el gobernador Nuño de la Cueva, con la ayuda de los padres jesuitas de ambos lados logran acuerdos en los que se respetaban, de cada comunidad y cabildo, sus tradiciones. Así se procede a la ocupación de Santa Cruz sobre la ciudad de San Lorenzo.
Con los años los cruceños impusieron su nombre y sus autoridades; esta lucha pacífica, que en ciertos momentos seguramente se tornaba como “guerra fría”, duró unos 150 años. Sin embargo los resultados de la traslación fueron funestos; en Chiquitos habían dejado una ciudad de más de cuarenta manzanas, estable y segura, y pocos años después con la mudanza se encontraban en guerra y carencias. El nuevo asiento de Santa Cruz era un lugar para verdaderos conquistadores y para soldados; dotes que rápidamente recordaron los cruceños reorganizando su ejército.
Pero la lucha geopolítica también se realizaba en la retaguardia. Desde el segundo tercio del siglo XVII, los “bandeirantes” intentaron ingresar al territorio cruceño, pero las constantes expediciones militares desde Santa Cruz detuvieron su avance; una de estas jornadas la protagonizó el teniente de gobernador Hernando de Loma Portocarrero, en la zona de Xarayes. Años más tarde hizo lo propio el maestre de campo Antonio de Carvajal por el lado de la comarca de Itatín.
En 1696 el gobernador José Robledo a la cabeza de una lucida hueste de cruceños, cuyo equipo y mantenimiento fue costeado por el vecindario, dieron con una “Bandeira” paulista en la flamante misión de San Francisco Javier y allí les inflingieron una tremenda derrota. Este fue el único contraste serio que tuvieron los famosos bandeirantes en jornadas que duraron siglos. Fue en territorio cruceño y fue el Ejército Cruceño quien con su organización y destreza defendió el territorio. En 1740 volvieron a entrar las bandeiras pero bastó para correrlas la noticia de que iba de Santa Cruz una unidad militar (Sanabria).
Saúl Suárez Medina en su minucioso “Almanaque Oriental” registra un dato muy importante del Ejército Cruceño en aquella época colonial: “Este año 1724 la ciudad de Santa Cruz contaba en su población con 600 ‘hombres de coger armas’ para defenderse de las acometidas de los aborígenes que incursionaban en la región grigotana…”
Cada una de las “entradas” en busca de “Eldorado” significaban grandes sacrificios para los hombres que viajaban y para las mujeres que se quedaban a cuidar la ciudad y sus familias. El comercio se enfrentaba a los acosos de la guerra y la falta de caminos, pero la voluntad de acero de los cruceños superó todos los contratiempos.
La Guerra Chiriguanae duró tres siglos, con heroicos episodios por parte de cruceños y de indios (véase Pinkert). Concluye en Kuruyuqui cuando el Tumpa es vencido y su gente masacrada por el ejército boliviano. Fue un horrible genocidio.
Sin embargo es necesario meditar sobre lo complicado de esta guerra. Los Chiriguanaes no podían ceder, era una tradición de siglos la lucha por el territorio. Los Chanés colaboraron con el ejército reivindicando la vieja herida de haber sido esclavizados por los guaraníes. Por su lado, los cruceños, en cada hogar tenían el recuerdo de algún pariente caído a causa de una flecha.
Pero la guerra, a los cuatro horizontes, hizo que cada joven cruceño se convirtiera en soldado. Santa Cruz de la Sierra tenía que equilibrar su vida municipal y agropecuaria con la de una especie de fortaleza militar. Era la capitana de una inmensa geografía que tenía que defender y poblar con alto sentido civilizador.
El Ejército Cruceño hacía un servicio constante; se caracterizó por su valentía a niveles superiores. El gobernador Viedma en 1788 así describía a sus hombres: “Son de buena estatura y robustez, muy sufridores de trabajos, inclinados al manejo del arma, fieles y leales vasallos al Rey, obedientes a cuanto se les manda por sus superiores; en todo el Perú no se encontrarán mejores soldados. Las expediciones contra portugueses, indios chiriguanaes y de la pasada rebelión, dan buen testimonio de esta verdad”.
José Luis Roca cita un combate ocurrido en 1799, que sirve de ejemplo: “En sólo un mes, los rebeldes se apoderaron de los poblados de Parapetí, Obaig y Pirití, que fueron sometidos a saco y destrucción. Con alguna resistencia de neófitos leales cayeron, poco después, Tacuaremboti, Igüirapucuti y el propio Tapuitá. Misioneros y neóficos leales corrieron a refugiarse en el fuerte de Saipurú donde ya se esperaba el temido ataque Ava. Un nuevo piquete de auxilio, al mando del capitán Antonio Suárez, se hizo presente en el lugar. Con él llegó una partida de indios flecheros provenientes de Abapó, Cabezas y Tacurú.
La arremetida fue violenta y masiva, en oleadas humanas que eran rechazadas desde adentro por 100 soldados y 700 flecheros de las misiones vecinas. Las espingardas estaban prontas, los fusiles bien dispuestos, la munición en abundancia, y todo el pueblo rodeado de trincheras para impedir la irrupción de la caballería enemiga. El P. Comajuncosa, prefecto de la misiones y testigo presencial de los sucesos relata:
Rompiéndose la guerra con todo empeño, pelearon sin cesar desde las seis de la mañana hasta la una de la tarde; ya los soldados y su comandante iban desmayando, pero los misioneros puestos en la plaza no dejaron de exhortar y alentar (...); pero lo que no podían hacer las palabras lo suplían las acciones, e infundiéndoles valor y constancia al fin ganaron los nuestros una completa victoria”.
Mariano Zambrana asegura que “en la época del Gobernador Viedma y del subdelegado coronel Seoane de los Santos, contribuyó Santa Cruz con subsidios pecuniarios al sostenimiento de esa heroica Legión de Voluntarios Patricios que después de las refriegas sangrientas durante dos días en las calles de Buenos Aires, triunfó definitivamente sobre la segunda invasión inglesa que comandaba Whitelocke. Y es sabido que esa Legión de Patricios al mantener en 1809 (bajo las órdenes del coronel Cornelio Saavedra) la autoridad del virrey Liniers contra las pretensiones del partido español, apoyaba y sostenía la causa de la Independencia; y es muy sabido también que los tres batallones de que se componía esa célebre Legión, en 1810 sirvieron de base para formar los ejércitos patriotas que cubrieron de gloria inmortal a la América del Sur”.
El Ejército Cruceño en la guerra de la independencia
España tenía grandes problemas en Europa y las colonias habían sido abandonadas. La política criolla en América se calienta y rápidamente se torna en lucha patriótica. Fue así que atendiendo al llamado de las demás colonias del continente Santa Cruz responde por primera vez en agosto de 1810 con un movimiento realizado en el fuerte de Membiray de Cordillera, promovido por el Capellán de las milicias José Andrés de Salvatierra.
Un antecedente del que poco se ha hablado y se debería profundizar es la planificación y coordinación de los patriotas cruceños en la provincia Cordillera. Lo cierto es que Antonio Suárez, en 1808, era comandante en Membiray y Andrés Salvatierra era Capellán de las Milicias de la Chiriguanía en la misma misión de San Miguel de Membiray. José Manuel Baca, conocido como “Cañoto”, era su monaguillo y empleado acompañante.
A esto podemos agregar el hecho de que el padre del joven religioso, Don Alejandro de Salvatierra, había sido comandante de Cordillera antes que el Cnl. Becerra. Esto implica una serie de reuniones preparatorias entre el clero y los militares, antes de rebelarse allá y atacar la plaza de Santa Cruz de la Sierra después.
Los enviados de Buenos Aires y Charcas habían hecho su trabajo. “Moldes y Lemoine, revolucionarios y de espíritu exaltado, por intermedio de algunos patriotas cruceños, después de sigilosas conferencias, invitaron para dar el grito de libertad en Santa Cruz, a esos dos jefes realistas. Antonio Suárez aceptó, Becerra no; retirándose en consecuencia a Cordillera”, dice Durán Canelas.
El Cnl. José Miguel de Becerra abandona Membiray y decide refugiarse en la hacienda de Pirití, mientras los rebeldes se dirigen la capital. Este movimiento tiene su desenlace más importante con la toma de la plaza cruceña el 24 de setiembre de 1810, comandada por el Cnl. Antonio Suárez. Se constituyó una Junta Gubernativa autónoma que rápidamente reportó la acción a las provincias del Río de la Plata.
Becerra huyó luego hacia las provincias altas y pocos meses después volvió y retomó la plaza asumiendo las funciones de gobernador que le había acordado el Brigadier Goyeneche, jefe del realismo en el Alto Perú. Su gobierno se caracterizó por una sucesión de castigos y crímenes.
El Cnl. Antonio Suárez fue a refugiarse en Chiquitos, donde preparó un nuevo ataque. En marzo de 1813 vuelve a tomar Santa Cruz a favor de la patria. Meses después, el 24 de setiembre, llega a la ciudad con título de gobernador el porteño Cnl. Ignacio Warnes quien se encarga de organizar el Ejército patriota y lo financia con recursos otorgados por el vecindario. Llega acompañado de 25 hombres entre los que estaba el destacado militar cruceño José Manuel Mercado.
Conozcamos más a los protagonistas. El Capellán José Andrés de Salvatierra, nació en Santa Cruz el 30 de noviembre de 1772. Hijo del teniente coronel de milicias Alejandro de Salvatierra, con su esposa Doña Josefa Chávez. Hizo estudios de Teología y cánones en la Universidad Mayor y Pontifica de San Francisco Javier. En esta recibió el grado de bachiller el año 1791 y luego Licenciado en Derecho. Ordenado de presbítero vuelve a la ciudad natal en 1799.
Dice Sanabria: “Ejerce primeramente el ministerio Sacerdotal como ayudante de párroco y luego como notario eclesiástico. En 1804 es designado Capellán de la guarnición militar acantonada en tierras chiriguanas, con las funciones anexas de conversor y cura párroco de San Miguel de Membiray, pueblo recién fundado a orillas del río Parapetí”.
Antonio Suárez de Arteaga nació en Santa Cruz de la Sierra, el 10 de mayo de 1782, hijo del Capitán de Milicias Reales don Antonio Suárez y doña Ana de Arteaga. Militar de carrera por herencia familiar y por convicción propia, vocación que le convirtió en prócer de la patria cuando decidió tomar las armas de la libertad. Hernando Sanabria Fernández en su libro “Cruceños Notables” hace la siguiente relación:
“Alistado en las milicias reales con el grado de Alférez, sirvió por algún tiempo en las guarniciones de Chiquitos. Pasó después a la Cordillera de los Chiriguanos a las órdenes del comandante Alejandro Salvatierra. Asignado al fuerte de San Carlos de Saipurú durante varios años, fue sucesivamente ascendido a los grados de Teniente 2do, Teniente 1ero. y Capitán.
Hallábase en el nuevo fuerte de Membiray como Jefe de la guarnición y al mismo tiempo en el desempeño de 2do. Comandante de las milicias de Cordillera, cuando empezó a tramarse la sublevación de los criollos contra las autoridades españolas, inspirada en el movimiento del 25 de mayo de 1809, operado en Chuquisaca. El comandante Suárez se adhirió secretamente a la conjura y como tal tomó parte activa en la jornada del 24 de septiembre de 1810”.
Días después de la llegada de Warnes a Santa Cruz, el 26 de setiembre se realizó la elección de diputados al Congreso de las Provincias Unidas del Río de La Plata, siendo elegidos el Cnl. Antonio Suárez y Don Cosme Damián Urtubey. Este último, era esposo de la Sra. María Carmela Seoane, hermana del abogado Antonio Vicente, que participó del cabildo revolucionario.
Así fue el gobierno militar del héroe rioplatense-cruceño: “Warnes demostró amplio espíritu organizador, mantuvo la uniformidad de los precios de los artículos de primera necesidad, tomando bajo su dirección al comercio, para lo cual adquirió la mayoría de los productos de la región, acumulándolos para tener lo suficiente para dar al pueblo y al ejército, el restante lo intercambiaba con mercaderías del interior... En todas partes se trabaja, confeccionando ropas, tejiendo mantas, preparando alforjas y bolsones, la gente trabaja con entusiasmo preparándose para la defensa.” El Gobernador también ordenó el arreglo de la plaza de armas.
Ignacio Warnes creyó en Santa Cruz y apostó por el estratégico corazón de América meridional. Reorganizó el Ejército Cruceño, lo disciplinó, lo armó y lo equipó con los mismos elementos del país. Trabajaba en persona con los soldados jóvenes, como mecánico o maestro de armería; pues había actuado en los arsenales de Buenos Aires, Tucumán y Potosí. Tuvo que emprender, como primera medida, una enérgica campaña civil para ganar adeptos, pues la población cruceña, de ascendencia española en sus dos terceras partes, vivía sin asperezas que lamentar. Era hombre de gran personalidad y espíritu de acción, imbuido de las nuevas ideas que irradiaban de Buenos Aires. Fue él quien trajo la novedad de llamar “patriotas” a los rebeldes y “realistas” a los partidarios de mantenerse bajo la autoridad del rey hispano.
Y no solo trajo las palabras y explicó el concepto, sino logró tal conciencia y convicción que el pueblo llegó a inmolarse por la Patria, a niveles que pocas veces se ha visto en el continente.
Los almacenes o parques militares existentes en 1814 eran tres: 1) en el antiguo Colegio Seminario, frente a la acera oeste de la Plaza Principal; 2) en la Casa de Gobierno, frente a la acera sur de la misma; 3) en el llamado barrio “La Pólvora”, en las inmediaciones del actual templo de San Roque. En ellos se fabricaba y almacenaba armas, municiones, pólvora, lanzas, cureñas, arneses para caballos de silla y servicio, y avituallamiento en general para las tropas patriotas que luchaban en la Guerra de la Independencia.
El 15 de marzo de 1814 Warnes dispone que todo esclavo negro o mulato que sentara plaza en Santa Cruz, quedaría automáticamente libre; con ellos formó el batallón de Infantería “Pardos Libres”. Esta medida es similar a la emitida en Buenos Aires en 1813 y se anticipa a aquella que el Presidente José Miguel de Velasco decreta en la República. (N. del A. – Sanabria Fernández afirma que este decreto se anticipó al de Buenos Aires. La fecha citada fue tomada del Almanaque Oriental de Saúl Suárez).
Tenía que hacer galas de toda su experiencia. “Con el desastre que el 14 de noviembre de 1813 sufrió en Ayohuma el ejército del general Belgrano, mal parada quedaba en el Alto Perú la causa revolucionaria, librada ya únicamente a las esperanzas y sacrificios del coronel Warnes en Santa Cruz y del coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales en Cochabamba”, dice Mariano Zambrana.
Poco se ha hablado de la contribución de Santa Cruz a la Independencia Americana, pero lo cierto es que después de la retirada del Tercer Ejército Auxiliar Argentino a Tucumán los realistas eran dueños de todo el Alto Perú. La Republiqueta cruceña dirigida por Warnes se constituyó entonces en la plaza más importante del momento histórico, pues era el lugar de resistencia y de avanzada hacia las provincias altas.
El valiente Cnl. Álvarez de Arenales, a quien San Martín distinguió en su momento, se encontraba en Cochabamba con pocos soldados y perseguido por el Coronel Manuel Blanco. Entonces concibe la idea de unirse al Gobernador de Santa Cruz, por la ruta de Vallegrande. Poco después se refugia en el sitio estratégico de Abapó y logra comunicación con Warnes, quien le envía auxilios. Este último ya tenía a su mando 1.000 soldados cruceños disciplinados y equipados.
Las urgencias de Arenales provocan desavenencias entre ambos patriotas, pues Warnes estaba en plena organización de la defensa de la única plaza patriota que quedaba en el centro del continente. Ya había combatido valientemente bajo el mando de sus superiores y ahora le tocaba defender no solo su propia obra, sino el futuro de la causa americana. “Dijo que sólo apoyaría el plan si tuviera asegurada y firme a Santa Cruz y ante la insistencia fue incisivo: no acepta ni admite intromisión en su jurisdicción.”
“Es ante la amenaza del Coronel Blanco a Santa Cruz que Warnes, reunido en Consejo de Guerra, resuelve enviar ayuda al Coronel Arenales. Decide además fortificarse en La Angostura, lugar estratégico donde en la margen derecha hay un camino de herradura a Samaipata.” Encomienda la dirección del plan al capitán Mercado.
En abril Warnes envía al Cap. Saturnino Salazar en una avanzada hacia Florida (provincia Cordillera). En el punto de “Petacas”, los patriotas sostienen una breve refriega con el realista Cnl. Manuel Joaquín Blanco, luego siguen rumbo al lugar de encuentro con el Cnl. Juan Antonio Alvarez Arenales y Warnes, quien salió de Santa Cruz al mando del Ejército Cruceño.
Una semana después, Blanco toma Santa Cruz de la Sierra e impone una serie de castigos y contribuciones forzosas con amenaza de saqueo, lo cual fue impedido por Doña Manuela Velasco quien donó la suma de 6.000.- pesos para proteger a su pueblo. Luego el realista marcha hacia Cordillera quedando al mando el Cnl. Udaeta, quien dejó una página sangrienta para la historia, con fusilamientos, apresamientos y persecuciones.
En Florida, Warnes acuerda luchar bajo el mando de Arenales. Sus tropas se encargan de la vanguardia a cargo del entonces capitán José Manuel Mercado. Cuando la ofensiva se concentra en la aldea de Florida cae sobre la caballería de Blanco y la derrota. El Ejército cruceño ganó la batalla y al día siguiente, el 26 de mayo se dirige de regreso a Santa Cruz, para recuperar la plaza. Arenales recibió graves heridas pero sobrevivió.
En el combate muere el realista Cnl. Manuel Joaquín Blanco y su lugarteniente Cnl. Udaeta huyó hacia Chiquitos. Se distinguió también en esta batalla el Cnl. Diego de La Riva, mientras que José Manuel Baca fue ascendido en la acción a Teniente 1ero. del Cuerpo de Cazadores de Caballería.
Así reproduce Carlos Valverde la contienda: Warnes estaba tan seguro como en las batallas de Tucumán y Salta… “Interrumpe Baca, que traía la noticia de que Blanco y sus tropas ya en camino, harían seguramente contacto con Mercado al día siguiente.
Salen de inmediato Warnes y Arenales a inspeccionar las barrancas, los parapetos que simulan los sedimentos de ramas, piedras y arenas que dejan en las crecidas el arroyo. Aquí revisan a los fusileros que están en posición de rodillas y bien adiestrados. La caballería mimetizada en los bosques frente a las barrancas, sólo quedan al descubierto la artillería compuesta de cuatro cañones y sus artilleros...
Eran las once de la mañana del 25 de mayo de 1814, cuando se divisó la polvareda que levanta a la distancia la caballería, Warnes y Arenales impartían órdenes. El Coronel Diego de la Riva, frente a la infantería, con los comandantes Salazar, Pedraza, Martínez de Hinojosa, Juan Coronel, el capitán Belzú y los tenientes Baca, Nogales y otros (...)
Las calles arenosas se tiñen de sangre. Son las cinco de la tarde y la batalla continúa sin cuartel, en vano las piezas de los realistas tratan de silenciar a las de los patriotas que bien colocadas logran buenos blancos...
En la plaza del pueblo, frente a la casa de Dios, se había concentrado la lucha más intensa, ambos bandos contendientes, pelean con esforzados bríos, empleando sólo armas blancas, se había agotado la pólvora y municiones. A esta altura la batalla presenta un desangre inútil...
Warnes observa la persecución de los desbandados jinetes realistas y los sacrificios desde el extremo de la plaza y ve a Blanco que alienta en forma desesperada a sus exhaustas tropas. Audaz y decidido hace unas señas de desafío con su espada desenvainada. Blanco que lo ha visto acepta el desafío, ambos se acercan y se detienen frente a frente en un claro de la plaza. Se produce una tregua en la batalla cuando parecía que se iba a producir un exterminio entre combatientes...
Se saludan con la espada en alto y de inmediato se inicia el duelo original, caballeroso, digno de la época medieval...”
La victoria patriota de Florida, el 25 de mayo, además de asegurar el régimen revolucionario de Santa Cruz, tuvo una importancia grande en Sudamérica, porque hizo que se frustraran las intenciones realistas del general Pezuela, que después del triunfo real de Ayohuma pretendía ocupar Tucumán y unirse al ejército real de Montevideo, para invadir Buenos Aires. Los argentinos tuvieron un gesto de gratitud a esta batalla denominando una céntrica calle de la gran ciudad con el nombre de Florida.
Arenales, al volver a los centros de poder del Ejército, tuvo sus merecidos laureles y el respectivo ascenso a General, pero se olvidó de Warnes. El Decreto del 9 de noviembre de 1814, firmado por el Supremo Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata dice textualmente: “he venido a conceder a los oficiales que concurrieron a aquella acción un grado inmediato al de la clase que obtenían entonces...”. Con ello Warnes ascendió a General, aunque no hubo quien le haga los honores del caso.
El 28 de diciembre Warnes dispone el acantonamiento de un piquete de soldados para la vigilancia del Monte de San Carlos (Prov. Ichilo), ordenando la provisión de caballos y reses para su mantenimiento, operativo que se mantuvo hasta 1816.
El 18 de junio de 1815 el cruceño Leandro Suárez, desde su hacienda en La Abra de Asusaquí (hoy Prov. Warnes) marcha con 200 hombres y se parapeta en la llamada Islería o Punta de Durán, a 10 km al Norte de Santa Cruz, oponiendo resistencia al ejército patriota cruceño. Fue conminado por Warnes a parlamentar en Santa Cruz, donde finalmente fue convencido de contribuir económicamente a la causa y retirarse a sus pagos. A raíz de este suceso fueron ejecutados dos extranjeros que secundaron la aventura de Suárez.
En los siguientes días Warnes envía a Chiquitos, en misión de paz, al capitán Inocencio Limpias, el cual fue ejecutado por los realistas junto a los cuatro soldados que le acompañaron. En ese tiempo los patriotas chiquitanos eran hostigados permanentemente; allá se encontraba el Cnl. Udaeta, quien antes había ocupado la plaza de Santa Cruz a la orden del Cnl. Blanco, la cual abandonó tras la derrota de Florida, refugiándose en la Chiquitania.
El vecindario se ofreció a sufragar los gastos de una incursión militar. El 27 de agosto de 1815 Warnes dirige una proclama al pueblo de Santa Cruz y otra al Ejército Cruceño, antes de marchar hacia Chiquitos al mando de 1.600 hombres, a enfrentar a las fuerzas realistas que se habían hecho fuertes en esa región. Luego comunica a Buenos Aires su próxima campaña y marcha el día 28. Dejó en su lugar al Cnl. José Manuel Mercado.
Warnes desempeñó un gobierno sin dependencias de Buenos Aires, ni del Alto Perú. Su Republiqueta era estratégica para la avanzada patriota hacia las provincias altas y para la resistencia rioplatense. El pueblo cruceño lo apoyaba. Sin embargo, los altos mandos militares cambiaron y con ellos se pretendió reemplazar al gobernador de Santa Cruz, justo cuando emprendía marcha contra los realistas guarnecidos en Chiquitos. Como es sabido, paralelamente a la guerra militar se entrelazaban también las pugnas y estrategias políticas en toda la América. Cierto sector político de Santa Cruz habría solicitado el cambio de Warnes a Rondeau, sucesor de Belgrano.
El 6 de setiembre, días después de que la expedición militar de Warnes había cruzado el río Grande, es sorprendido con una comunicación del Cnl. Santiago Carreras, quien había sido enviado a Santa Cruz desde Buenos Aires y que le ordenaba retornar a la ciudad, menospreciando la importancia de la misión. Esta comunicación la llevó el capitán Olivera, quien, muy a pesar suyo acompañó la expedición, puesto que Warnes consultó con sus oficiales y tropa, acordándose proseguir la marcha y atacar al enemigo, cuyo foco de resistencia estaba al mando del Gobernador de Chiquitos Cnl. Juan Manuel de Altolaguirre y el ex - comandante de Santa Cruz Cnl. Juan Francisco Udaeta.
En el camino, Warnes negoció con varias tribus chiquitanas, llegando a reunir con los suyos un contingente de 2000 hombres. Poco se ha hablado de la participación indígena oriental en la guerra de la independencia, pero su aporte en guerreros y personal auxiliar fue muy importante para la causa americana. Acompañaron a Warnes en sus tres heroicas batallas.
Habiendo conocido la presencia del ejército patriota, las fuerzas realistas abandonan la estancia Santa Lucía y se dirigen a Santa Bárbara, después de quemar el caserío y envenenar las aguas. Altolaguirre ordenó a sus leales reunir leña en Santa Bárbara con el objeto de incinerar los cuerpos de los soldados patriotas que tendrían que caer en la batalla que se avecinaba.
El 7 de octubre, Warnes, al mando del Escuadrón Cazadores, un batallón de infantería y el batallón Pardos Libres, con un total de 2.000 hombres, enfrenta en la estancia Santa Bárbara, cercana a San Rafael (hoy provincia Velasco) a las fuerzas realistas, de casi 2500 efectivos, entre soldados e indios comandados por los Cnles. Juan Altolaguirre y Juan Fco.Udaeta, inflingiéndoles una total derrota y tomando gran número de prisioneros y armamento. Altolaguirre murió en batalla y Udaeta nuevamente logró fugar, esta vez al Brasil. Participó también en esta contienda el Teniente José Manuel Baca.
Así fue el encuentro: “En la madrugada del 7 de octubre de 1815 se nota el despliego de la guerrilla y cierto avance realista. Se produce la primera descarga de fusilería de casi todas las armas realistas, sin causar mayor daño a los patriotas, cuando Warnes cree que se ha derrochado suficiente cantidad de pólvora por medio de cornetas y tambores da la orden de fuego. Quien regla los tiros de artillería es el héroe de la batalla de Florida Capitán Nogales, que logra buenos impactos.
Los realistas avanzan en orden abierto a la altura de sus puntas de lanzas ocultas en el bosque; se ordena ataque a fondo y simultáneo. Las dos escuadras actúan como tenazas de fuego, castigan fuerte y duro los flancos realistas, al mismo tiempo que atacan los lanceros y dragones cruceños a gritos ¡adelante! ¡adelante! ¡viva la patria! Y entre el ulular de los indígenas atacan con tal empuje, que después de cinco horas de dura lucha no quedan enemigos a la vista. Se persigue a los que huyen, desalojándolos de todas sus posiciones y tomándoles todas sus piezas de artillería más 440 fusiles. Todo el armamento realista proporcionado seguramente desde el flamante reino lusitano o brasileño”. (N. del A.- Chiquitos, en esos tiempos, era apetecido por los vecinos portugueses).
De esa batalla existe el parte correspondiente, con la mención de los nombres de los combatientes. Uno de ellos fue el Cnl. Melchor de la Villa Guzmán, que actuó como 2do. en el mando.
“Los bosques próximos quedaron atestados de cadáveres, tanto que por la dificultad de sepultarlos se acordó de incinerarlos al día siguiente para que no infectasen el campo. De los términos del parte, se deduce que fueron más de 600 los muertos... Los muertos patriotas fueron sólo 3 y heridos 25... La división victoriosa, después de destacar 100 hombres a órdenes del Cmdte. Salazar en persecución de Udaeta, que huyó al brasil, entró en San Rafael (capital de la provincia) al día siguiente del combate, encontrando al pueblo acéfalo y saqueado...”
Plácido Molina afirma que el parte detallado de esta batalla fue suscrito el 14 de octubre, en el mismo pueblo de San Rafael, “donde por la estación de las aguas tuvo que permanecer Warnes por algún tiempo y fue dirigido a Rondeau”.
El 16 de octubre el Cnl. Warnes, dirige una proclama a los pueblos de Chiquitos, congratulándolos por el triunfo en la batalla de Santa Bárbara, librada a 2 leguas de San Rafael. El batallón de los Pardos solicita retornar para reforzar la plaza Santa Cruz y lucir su pendón victorioso ante el vecindario.
El 29 de noviembre, el 3er. Ejército Auxiliar Argentino, al mando del Gral. José Rondeau, es derrotado por el realista Gral. Joaquín de la Pezuela en la batalla de Viluma o Sipesipe (Cochabamba). Luego de este contraste, dichas fuerzas se retiraron desorganizadamente hacia las Provincias Unidas del Río de la Plata (Argentina), dejando libradas a sus propios recursos a las avanzadas patriotas, entre ellas la del Cnl. Ignacio Warnes, Gobernador de Santa Cruz, quien debido a su propia formación y audacia había construido y defendido la Republiqueta con recursos locales.
Meses después, el 16 de abril de 1816 es victimado a tiros el Cnl. Santiago Carreras, quien había sido designado gobernador en ausencia del Cnl. Warnes, que se encontraba desde setiembre en la campaña de Chiquitos. Se atribuyó el hecho a miembros del escuadrón de infantería “Los Pardos”, quienes ya habían regresado de la victoria patriota de Santa Bárbara. Los 12 oficiales argentinos que habían llegado con Carreras retornaron a su país, dejando al Cnl. José Manuel Mercado a cargo del gobierno, mientras retornaba el legítimo Gobernador.
Carreras había estimulado con su jovialidad la tradicional hospitalidad del pueblo cruceño, entre patriotas y realistas, sin embargo dos desaciertos le dieron funestos resultados. Debido a ese especial relacionamiento en medio de un conflicto armado, surgió la conjetura que señalaba la intención de Carreras de devolver los esclavos a los realistas. Los patriotas del vecindario creyeron que se había vendido a éstos y ya se preparaba un motín.
Insuperables inconvenientes para el pronto regreso de Warnes, desde Chiquitos, permitieron sólo el retorno del batallón Pardos. En esas circunstancias Carreras habría hecho tirar cien palos a un negro patriota y luego lo entregó a su patrón realista. Después de despedir desarmado y sin gratificación alguna al cuerpo de Pardos, mandó exhibir en la argolla de los criminales su inmaculado estandarte vencedor de Santa Bárbara.
Esta actitud la asumió no sólo por la situación política de Santa Cruz, pues también le quedaba el despecho de la expedición autónoma que se hizo en Chiquitos, contrariando su orden. En la mañana siguiente se conoce la noticia de su misteriosa victimación.
A pesar de los sucesivos arrestos e indagaciones, no se pudo encontrar culpables. Al día siguiente, de manera espontánea el pueblo soberano y el ejército se reúnen y proclaman gobernador a Warnes, que aún no llegaba a la ciudad.
A su regreso Warnes se dedicó a levantar el ánimo de la población y del Ejército Cruceño. En aquel mismo tiempo, el General de los ejércitos del Alto Perú, Don Juan Ramírez de Orozco, dispuso que el cruceño realista Cnl. Francisco Javier de Aguilera se dirigiera a Santa Cruz, quien luego de vencer los obstáculos que le puso el vecindario de Vallegrande, sale con sus disciplinadas y veteranas tropas.
En octubre, ante el avance desde Occidente del Cnl. Aguilera, quien venía de vencer al patriota Cnl. Manuel Ascencio Padilla en el Villar (Prov. Mendoza-Chuquisaca), el Cnl. Ignacio Warnes dispone el establecimiento de un cuartel en el estratégico lugar de Las Horcas (Prov. Ibáñez), destinado a las prácticas de maniobras y ejercicios de las tropas patriotas de Santa Cruz, que debían enfrentar al inminente ataque realista. Se instruían en él los escuadrones Lanceros y Dragones.
En noviembre, Warnes es informado que la fuerte división enemiga, con base en Vallegrande se disponía a atacarle. Fue así que lanzó proclamas y pronunció discursos al pueblo advirtiendo de la magnitud del peligro.
El combate tuvo lugar el día 21 en el campo de El Pari. Todos los historiadores coinciden en la importancia de esta batalla; Humberto Vázquez Machicado afirma que “fue la batalla más sangrienta de toda la guerra de la independencia, pues de 3.000 combatientes que de ambas partes tomaron parte de ella, sólo sobrevivieron 200, con los cuales entró Aguilera a Santa Cruz”. Allí pierde la vida el caudillo rioplatense-cruceño, pero con su obra casi terminada, pues la causa de la Independencia ya vibraba en todo el pueblo de su gobernación.
Hay quienes hoy afirman que el número de combatientes fue menor, pero equivocan el criterio tomando como referencia las actas de defunción de la época. Santa Cruz de la Sierra era una ciudad de aproximadamente 10.000 habitantes y su jurisdicción probablemente tenía más de 40.000.
Placido Molina en 1928 afirma que los caídos fueron sepultados en zanjas comunes y que “los más visibles, fueron extraídos del campo y sepultados en la capilla de la Misericordia (hoy templo de Jesús Nazareno)”. O sea que sólo fueron registrados los más “visibles”, en otras palabras “los más conocidos”. La fuente de los escritores antiguos es más directa y se puede comprobar con la simple observación de quienes componían ambos ejércitos y quienes podrían tener familias cruceñas que se ocupen de aquellos trámites.
Componían las veteranas fuerzas de Aguilera un total de 1.600 hombres. Gran parte de ellas habían peleado contra los ejércitos de Napoleón y venían de derrotar al caudillo Padilla en el Villar (14 de setiembre de 1816). El batallón español Fernando VII, de 500 plazas; otros 500 infantes del Talaveras de la Reina, formado de presidiarios iberos y gente forajida; dos divisiones cochabambinas de caballería que sumaban 500 jinetes y dos piezas de artillería con 50 soldados cada una.
El ejército de Warnes componíase de unos 1.000 hombres distribuidos en las tres armas: la Caballería estaba al mando del coronel José Manuel Mercado; del comandante Saturnino Salazar y de los capitanes Rendón y Cabezas, la Infantería; el comandante Rocha dirigía la Artillería. Una parte de la fusilería estaba compuesta de poco menos de 300 jóvenes de lo más selecto de la sociedad cruceña.
“Es indescriptible la desolación y el llanto en los hogares, desde el más aristócrata hasta el más humilde. La ciudad gemía de dolor y angustia; y esto era todavía el preludio...”
“Los infantes vestían con blusas blancas y pantalones del mismo color, con almares rojos, hecho todo de género de algodón tejido en el país y un morrión de cuero, muy semejante en su forma a las monteras, lo que le daba un aspecto pintoresco. La caballería estaba armada de lanzas y vestía de los pies a la cabeza de cuero curtido, lo cual le daba un aspecto semejante a la caballería de la edad media, cuando los jinetes estaban cubiertos de armadura. Warnes llevaba el día del combate una chaqueta morada con visos blancos, sombrero blanco de fieltro, obra del país, de copa baja y emplumada, botas largas de cuero y espada al cinto”.
Mariano Zambrana, quien escribió su libro cien años después de la batalla, contando para ello con testimonios trasmitidos de hijos de beneméritos, relata: “A las 11 de la mañana ya había tendido Warnes su línea de batalla... ambos ejércitos colocados a tiro de pistola, casi a un tiempo rompen los fuegos la infantería y la caballería. Varios disparos de carabina hacen los jinetes de Mercado y luego éste ordena arremeter al son de clarín contra la caballería realista. La arrollan y la deshacen, después de desbaratarle su cuadro formado para resistir a la segunda carga. Pasan las horas y la pelea sigue con un ardor increíble, fantástico, sobrehumano; nada es la ponderación para describirlo; a cada momento arrojaba la artillería bocanadas de fuego mortífero; y tendida la infantería patriota a flor de tierra para utilizar la desigualdad del terreno, resistía valientemente las descargas nutridas del batallón Fernando VII, que el mismo Aguilera comandaba en persona...
En esto ingresa con denuedo al combate el temible batallón Talaveras, y entonces a la voz de Warnes, botando los patriotas al suelo sus fusiles, empuñan las bayonetas y se arrojan como leones sobre la infantería real, a puñalada limpia, en lucha de cuerpo a cuerpo con los enemigos que hacen otro tanto. Toma con esto el combate un aspecto horroroso y feroz, tan sangriento como cruel. A lo lejos efectuábase la dispersión de los escasos grupos de jinetes que le quedaban a la deshecha caballería realista.
Formidable había sido asimismo la lucha de ambas caballerías. Dos nubes que al batir de los vientos repiten instantáneamente su choque eléctrico, no sorprendiera como el encuentro de esos combatientes ecuestres, confundidos entre la inmensa polvareda de los arenales de San José...”
Existen dos versiones sobre la muerte de Warnes: una que repiten los escritores señalando que su caballo le cayó encima impidiéndole la defensa y otra, que fue alcanzado por la artillería. Es posible que lo primero haya ocurrido como consecuencia de lo otro. Lo cierto es que cuando el coronel Mercado se alejaba del campo de la lucha, persiguiendo los últimos restos de la caballería enemiga y Warnes combatía en plena línea de batalla, a poca distancia de la infantería, el destino actuaba en su contra y en los siguientes instantes yacía en el campo, “en momentos en que ya la victoria se pronunciaba a favor de su causa...”, quedando los patriotas sin líder y convirtiéndose la victoria en derrota.
“Sólo en los remotísimos tiempos heroicos de Grecia, en el sitio de Troya o cuando Leonidas, pudo quizá haber llegado el valor a la enormidad del frenesí; pero en los diez y seis años de la guerra americana, nada hubo semejante a la espantosa carnicería de los gladiadores del Pari”.
En El Pari, destacó también el capitán Saturnino Salazar, el valiente comandante que llegó con Warnes y que le acompañó fielmente en las tres batallas. Poco se conoce de la vida y destino de este militar patriota.
Del batallón Fernando VII sobrevivieron unos pocos hombres, entre ellos un fraile español que hacía de cirujano. De los 1.600 hombres, sólo con 200 del Talaveras entró el caudillo realista en la ciudad. Pocos días después el Virrey Pezuela confirió a Aguilera el título de Brigadier, el cual fue ratificado por S.M. Fernando VII.
No cabe duda que la victoria se estaba pronunciando a favor de la patria; fue por ello que Warnes avanzó a zona descubierta; pues si las cosas hubieran estado diferentes lo lógico era que haya ordenado la retirada, prevista siempre en estrategia militar, lo cual permitiría la reincorporación de Mercado para nuevo ataque. Aguilera desde su resguardo aprovechó esta situación aplicando la medida no convencional.
Warnes, antes de librar batalla proclamó a sus hombres las siguientes palabras: “¡Soldados, a vencer o morir con gloria! ¡Viva la patria!” Y eso fue lo que obtuvo desde aquel momento de su inmolación, pues la Patria no murió en el Pari.
El Gral. Ignacio José Javier Warnes García es considerado un héroe rioplatense-cruceño o argentino-boliviano. Llegó a la gobernación cuando aún no se habían constituido los países y las relaciones de Santa Cruz con las provincias del Río de la Plata eran muy estrechas. Nació en el barrio de Boedo de Buenos Aires, el 27 de noviembre de 1770; hijo de Don Manuel Antonio Warnes y Doña Ana Jacoba García de Zúñiga. Tuvo esposa y descendencia cruceña. Militar de carrera, como todos los oficiales de la época inició sus armas en el ejército realista para luego, convencido de los fundamentos de la independencia, alistarse en las filas patriotas. Fue el caudillo y Libertador de Santa Cruz, habiéndose inmolado por la causa patriótica cruceña.
Aguilera queda con 200 hombres hábiles y “por un exceso de precaución, no quiso aventurarse esa misma noche a hacer su entrada a la ciudad que bien la sabía tan patriota. Estableciendo su cuartel sobre el leve morro de San José que domina el campo del Pari, permaneció dos o tres días más, y recién al cabo de ello resolvió hacerse presente en la ciudad”.
Mientras Aguilera logra tomar la plaza cruceña, Mercado, ante la situación, primero se refugia con sus tropas en la campiña de Santa Cruz. Durán Canelas afirma que se había acordado realizar un nuevo ataque la misma noche y para levantar el ánimo dice a sus hombres: “Compañeros: no hay que desmayar; esta noche o mañana triunfaremos, pocos realistas nos faltan”.
Luego de evaluar la situación y reunir el resto de la tropa de Warnes, se dirige con dirección a Chiquitos para después marchar hacia la Cordillera de los Chiriguanos a continuar la resistencia. “Allí cuenta con amigos y tiene unas cortas tierras heredadas de su padre. Establecido con los suyos en la antigua misión franciscana de Saipurú hace de ésta su campamento y centro de operaciones”. Desde allá dirige las constantes incursiones y tomas sobre la plaza de Santa Cruz.
Según Molina, Mercado logró reorganizar 350 hombres y dio parte de la batalla el 2 de abril de 1817 al Cuartel General de Tucumán. “De ese entonces a 1825 la guerrilla de Saipurú vino a ser uno de los núcleos patriotas de mayor y más afortunada resistencia a las tropas realistas. Cuantas veces se envió expediciones contra ella, las tropas fueron fácilmente abatidas por los guerrilleros (...) Mercado se unió después al caudillo Umaña, que como él operaba a favor de la patria en aquella misma comarca”.
El 3 de julio de 1817, el Cnl. Francisco Javier de Aguilera, “sabedor de las correrías del Cnl. José Manuel Mercado, que merodeaba por las cercanías de Santa Cruz, sale de esta ciudad y lo bate a orillas del río Grande, persiguiéndolo hasta derrotarlo totalmente el 17 del mismo mes”.
El 9 de noviembre de ese mismo año se produce un enfrentamiento armado en las calles de Santa Cruz cuando los patriotas, al mando del persistente patriota Cnl. Mercado atacan en la ciudad a las fuerzas realistas de Aguilera. Los patriotas fueron derrotados, cayendo prisioneros un oficial y varios milicianos.
Esta resistencia valió para que el 24 de enero del mismo año, el Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, desde Lima conceda ascensos a varios jefes, oficiales, clases y soldados realistas que habían resistido con éxito el ataque de los patriotas. Con ello, se puede deducir la importancia que le dio la corona a esta incursión comandada por Mercado, así como lo difícil que resultó la resistencia al gobernador Aguilera.
Pero, el 24 de diciembre de 1818 Mercado realiza el “golpe de mano de Noche Buena”. Desde El Trompillo, acompañado de José Manuel Baca y sus huestes, dan el golpe armado en Santa Cruz, irrumpiendo en la Nochebuena; huyó el gobernador y cundió el pánico en toda la ciudad. Los patriotas se apoderaron del Cuartel, Casa de Gobierno y Cabildo, replegándose en la madrugada hacia Saipurú (Prov. Cordillera), que constituía su Republiqueta y donde tenían su centro de operaciones.
Dice Saúl Suárez que “golpes como éste se dieron a menudo en los últimos años del coloniaje español”. La rapidez de estos ataques, no sólo se debían a la resistencia realista sino que probablemente tenían como objetivo la captura de equipos, municiones y provisiones que guardaban los enemigos.
Valverde relata que “Ante el peligro de un ataque a la ciudad, el General Aguilera fortifica las calles principales y dispone la construcción de reductos y torreones de defensa. Santa Cruz se ha transformado en una ciudad amurallada. La figura heroica de Mercado se vuelve legendaria entre los pobladores de la extensa gobernación. Todos admiran al impulsivo caudillo que aparece con su asistente Ramitos y sus denodados jinetes por breñas y boscajes, por acras y llanuras, con su apuesta figura de guerrero de la Patria, vestido de casaca y pantalón con galones dorados, chambergo tricorne, espolín de plata y reluciente espada toledana que golpea los ijares de la briosa cabalgadura.
Son ocho años azarosos de interminables aventuras. Unas veces victorioso y otras fugitivo, pero siempre alentando en su espíritu la llama de la libertad y la convicción del triunfo final de su causa”.
Zambrana afirma que Mercado hizo construir sus barricadas a dos leguas de Saipurú, “cuyas ruinas se distinguen todavía a un lado del camino” (1925 publicó su libro).
En enero de 1821, el Cnl. Aguilera se encontraba en su cuartel de Vallegrande y es anoticiado de que el Cnl. José Manuel Mercado estaba rondando por Santa Cruz y el mes anterior había tomado la ciudad durante una noche. Se moviliza en su persecución; Mercado, Baca y su tropa se retiran hacia el sur, siendo alcanzados al cruzar el río Grande y sufriendo numerosas bajas.
Mercado nuevamente se refugia en su Republiqueta y José Manuel Baca, “Cañoto”, llega hasta lo que hoy es Argentina, donde se integra a las fuerzas del Gral. Martín Miguel de Güemes.
“En las postrimerías del año 20, el asistente del Coronel Mercado, Ramitos, logró capturar y desarmar a las columnas realistas de Abapó y Saipurú, lo que obligó al brigadier a organizar una nutrida expedición al mando de su hermano Lorenzo de Aguilera. Mercado se apostó con sus fuerzas en las barricadas que había construido a dos leguas de Saipurú y al arribo de los destacamentos realistas sublevó a los neófitos de la zona inflingiendo una total derrota a los expedicionarios”. (N. del A. - José “Ramitos”, era José María Ramos).
A raíz de esta derrota, Aguilera enfureció y tomó mayores medidas, que le dieron singulares resultados. “Tomó prisioneras a la madre de Mercado, Rosa Montero, a una tía del mismo, llamada Micaela y a la hija de ésta y de Warnes llamada Manuela Antonia; las condujo a Santa Cruz donde guardaron su prisión, y cosa rara: el tirano gastó con estas pobres mujeres mucha consideración y respetos...”. Con ello, conocemos que Mercado se había hecho cargo de la familia Warnes Montero hasta su captura, asimismo que la tía de éste era la esposa de Warnes.
“Cierta vez que al morir el día se dibujaban en el occidente los primeros celajes de una hermosa tarde, a esa hora en que los recuerdos y los ensueños elevan el espíritu, la madre de la tierna hija del héroe del Pari cantaba una tristísima canción en momentos en que pasaba por la cárcel el Brigadier; éste se detiene a escuchar esa voz de sirena y reconociendo a la cantora la pone en libertad, lo mismo que a sus dos compañeras de desgracia que con ella estaban”, dice Zambrana.
El año 1822 el Cnl. Aguilera, siempre atento a las noticias del Alto Perú, donde había combatido con éxito, decide establecer su cuartel general en Vallegrande.
El 15 de junio de 1823 regresa Baca del sur, con el grado de Capitán. Llega al fuerte de Saipurú y se pone a órdenes de su Comandante, Cnl. Mercado, incorporándose nuevamente a la guerrilla cruceña. En diciembre de ese año, se produce la insurrección del general Pedro Antonio de Olañeta contra la autoridad del virrey y Aguilera respalda a Olañeta desde Santa Cruz.
Relata Sanabria en Breve Historia de Santa Cruz: “A principios del año 24 hubo de estallar la llamada Guerra Doméstica, que dividió a los realistas en dos enconados bandos: el Liberal, que encabezaba el General Valdez, y el absolutista, que tenía por jefe supremo al Gral. Olañeta. Aguilera que había tomado partido por este último, volvió a Santa Cruz, pero sólo de paso, para dirigirse a Cordillera, donde uniéndose a Mercado y otros guerrilleros patriotas, debía asumir el mando para marchar sobre Chuquisaca. Sabido es que durante esta Guerra Doméstica casi todos los montoneros altoperuanos plegáronse al bando absolutista e hicieron causa común con él”.
En ese estado de cosas, Mercado, al igual que otros guerreros patriotas, hizo causa común con Aguilera y Olañeta (tío de Casimiro, el abogado demagogo). Saúl Suárez relata que el 28 de noviembre de 1824, el Gral. Aguilera nombra al Cnl. Mercado Gobernador de Santa Cruz; por esos días también le había reconocido sus grados militares. “Sin embargo el Cabildo, compuesto por recalcitrantes adictos a la corona española, se negó a posesionar a quien había sido caudillo de montoneras patriotas, y más bien nombró al cabildante Juan Manuel Arias como Gobernador Interino”.
Estas contrariedades y decepciones sufridas por Mercado le llevaron al retraimiento en su residencia de Saipurú. Todos los militares de esa época estaban agotados de la guerra, incluyendo a Sucre y Aguilera (sus cartas lo evidencian). Sin embargo los políticos y oportunistas apenas comenzaban a tomar fuerza; prueba de ello es la influencia del cabildo cruceño sobre el antes “feroz” Aguilera.
Un mes después, el 3 de enero de 1825, a raíz del rechazo a Mercado, Aguilera opta por colocar en el cargo a su hermano el Tcnl. Tomás Aguilera, quien gobernó sólo hasta el 14 de febrero, fecha en que fue depuesto por el ejército de Mercado y el “Cabildo Revolucionario” encabezado por su Alcalde José Ignacio Méndez.
Para entender los sucesos de 1825, hay que comprender y hacer seguimiento a los acontecimientos políticos y sus protagonistas. Después de la muerte del Libertador Ignacio Warnes, en Santa Cruz las corrientes políticas se habían dividido no sólo entre Patriotas y Realistas, con sus respectivos antagonismos, pues la situación del Continente también cambiaba y se veía venir la victoria de los revolucionarios. La situación se tornó en “un huracán de cambios y vicisitudes”
Fue así que, después de la Guerra Doméstica, que había aliado incluso a los antagónicos, de acuerdo a visiones diversas sobre el mejor futuro cruceño, en el 25 existía la corriente autonomista, integrada por los militares de la Republiqueta patriota de Warnes y una fracción de ex-realistas.
Dice Charles Arnade: “¿Qué fue entonces la Patria: la Audiencia de Charcas, el Virreinato del Río de la Plata o Lima? ¿O fue la Patria cada una de las pequeñas republiquetas guerrilleras? (...) El historiador boliviano Humberto Guzmán, resumió muy bien esta amalgama cuando escribió que: ‘la ligazón del suelo inspiró el origen y significado de la Patria”.
Por otro lado estaban los políticos “Altoperuanistas” de Seoane, junto a la otra fracción de ex -realistas, que habían amarrado con Olañeta –en la Universidad de Chuquisaca- la inclusión del Oriente a la nueva República altoperuana, que nacía en contra de la voluntad del Libertador Bolívar.
En medio de ello, se encontraba también el Gral. Aguilera, conservando el poder en Santa Cruz y manteniéndose cauteloso, tanto de las invitaciones del Mariscal Sucre como de las acciones de su aliado el Gral. Olañeta. En el año nuevo de 1825, desde el Cuzco Sucre le dice: “Al llegar aquí, el 29 pasado, he sido instruido de que V.E. ha levantado en su patria el estandarte de la libertad...” Luego lo halaga y resalta sus virtudes patrióticas.
En sus cartas de respuesta al Mariscal todo era difuso, excepto el mando bajo su jurisdicción. En la nota de fecha 4 de febrero de 1825 le dice: “Bajo estos antecedentes me conservo y me conservaré rigiendo estos países en el orden y tranquilidad que los constituyan felices sin que por mi parte pueda aparecer jamás oposición directa ni indirecta a las ideas filantrópicas de S.E. el Libertador (...) Persuadido de que sea cual fuere el rumbo que tomen los negocios, yo sabré conservarme en la línea demarcada por mis sentimientos y conceptos y no dejaré de corresponder al honorífico juicio que se tiene formado en mi abono.”
Todo esto le ocurría a Santa Cruz por su especial situación geográfica e histórica. Hasta 1816, la Republiqueta cruceña durante el gobierno de Warnes, fue la única que quedó en manos patriotas. Ahora las cosas estaban diferentes, Sucre toma interés por Santa Cruz debido a que fue el último país que se encontraba en manos realistas y, obviamente, por los consejos de Olañeta, ya que el extenso territorio era codiciado para fines agrícolas del futuro estado que engendraba. Por otro lado, se encontraba la permanente amenaza lusitano – brasileña.
El brigadier Aguilera se encontraba en Vallegrande, allí se había enterado de las noticias de Junín, Ayacucho y la campaña de Sucre sobre el Alto Perú. Pero fue la sublevación de Cochabamba en enero de 1825, la que le hizo marchar con su tropa para sofocar el levantamiento, pues era una plaza que él había dominado y estaba cerca, pero su gente se le defeccionó en Chilón, el día 26 de enero.
No sabemos qué realmente pasó en el levantamiento de Chilón, puesto que Aguilera escribe el siguiente mes en términos de ejercicio del mando. Probablemente, las tropas se rebelaron y se dirigieron a Cordillera en busca del jefe de los patriotas y el realista retornó a Vallegrande con sus leales.
El 14 de febrero, ocurrió nueva rebelión en Santa Cruz a iniciativa y por acción de los patriotas militares y civiles; depusieron al Gobernador Tcnl. Tomás Aguilera y eligieron al Cnl. Mercado como gobernador. Pasó a las armas de la patria la guarnición de 190 infantes y 2 piezas de artillería. Al día siguiente, el 15 de febrero, ocurre la Proclamación de la Independencia de Santa Cruz presidida por el cabildo cruceño y siendo nombrado gobernador el cabildante Don Juan Manuel Arias.
Mariano Zambrana describe un movimiento realizado el 26 de enero que confunde por la fecha: “después de conocerse la grata noticia de Ayacucho, el Cnl. Mercado, Cañoto y Montero a la cabeza de un piquete armado y los vecinos patriotas entre los que se hallaban el Dr. Antonio Vicente Seoane, Antonio Suárez, Nicolás Cuéllar y José Reyes Oliva, se apoderaron de la plaza y proclamaron la independencia, nombrando como jefe militar y político al coronel Mercado”. Sanabria nombra también a José Ignacio Méndez y José Vicente Suárez.
Eran tres héroes militares de la línea warnista, un abogado de la línea altoperuanista y dos miembros del Cabildo ex-realista. Cuéllar había trabajado en los almacenes instalados por Warnes y Montero probablemente era Marceliano, quien había luchado junto a San Martín.
Valverde relata que después del apresamiento de Aguilera en Vallegrande, “Las fuerzas libertadoras se unieron a Mercado en Cordillera, se desplazaron a Santa Cruz y contando con el apoyo de denodados patriotas cruceños proclamaron la libertad el 26 de enero de 1825”.
Este juego de fechas se repite con varios autores, sin embargo debemos deducir que si el movimiento de Chilón fue el 26 de enero y los patriotas se unieron a Mercado, obviamente el movimiento en Santa Cruz ocurrió en febrero, para luego iniciarse una nueva historia política.
José Luis Roca sostiene que en Vallegrande fue el 12 de febrero y evidentemente lo demuestra con el parte militar respectivo. Esto se confunde con la tradición vallegrandina, la cual es muy respetable y fue sustentada por Sanabria con los respectivos documentos. Probablemente se trata de dos movimientos coordinados en Santa Cruz y Vallegrande en enero, con poca duración y los definitivos en febrero con las respectivas proclamaciones. En aquella época esto podía suceder. Otra situación que podría deducirse, es el error o acomodo de los protagonistas, en las fechas de los partes y correspondencias.
Sanabria anota la siguiente relación: “Gobernaba en Vallegrande el teniente coronel Blas Menacho, el jefe realista que más se había distinguido defendiendo a Santa Cruz en el ataque de Mercado el 9 de noviembre de 1817. Hallábase en su despacho, cuando la mañana del 12 de febrero comparecieron ante él varios de los principales vecinos de la ciudad, notificándole su pronunciamiento por la Patria. El jefe realista, al tanto ya de lo ocurrido, no hizo ninguna resistencia, y el cambio se produjo sin otros altercados, quedando la gobernación encargada al patriota Marcelino de la Peña.
Dos días después, esto es el 14 de febrero, se operaba igual movimiento en Santa Cruz”. Con estos movimientos la tropa realista acantonada en Chuquisaca sigue el mismo ejemplo y Santa Cruz nuevamente contribuye a la libertad de América con hechos de histórica trascendencia.
Durán Canelas aclara más la situación: “Aprisionado Aguilera, lo conducían a Cordillera para que lo juzgase el Coronel Mercado; mas, los veteranos soldados suyos que lo custodiaban le permitieron fugarse…”
Las distancias y protagonistas nos muestran un escenario para razonar. De manera convencional y con más precisión que en anteriores publicaciones resumamos: El 26 de enero se levanta la tropa en Chilón y se dirigen a Cordillera para unirse con Mercado; Aguilera escapa hacia Vallegrande. Luego de reorganizarse, el jefe patriota se dirige a Santa Cruz y envía emisarios a Vallegrande, cuya proclama se realiza el 12 de febrero. Resuelto el problema del cuartel realista, dos días después, el 14 de febrero se levanta Santa Cruz de la Sierra y eligen a Mercado como Gobernador. Al día siguiente, el 15 de febrero, se produce la Proclamación de la Independencia del territorio cruceño y el Cabildo restablece a uno de sus integrantes como Gobernador: Juan Manuel Arias, quien lo hace secundar en Cordillera, Mojos y Chiquitos.
Todo el país estaba libre. Vallegrande inicia el desenlace a la Cabeza del Cnl. Pedro José Antelo; Cordillera dio a favor porque permaneció libre desde el comienzo de la lucha y Mercado venía de allá; Mojos se pronuncia el 22 de marzo, a la cabeza de Anselmo Villegas; Chiquitos bajo el mando de Sebastián Ramos también secunda a Arias. Todos ellos habían sido hombres de confianza de Aguilera o de respeto del mismo, como el caso de Mercado que fue su aliado por algunos días durante la guerra doméstica.
Sin embargo Ramos, que había asumido las instrucciones de Arias, ante la falta de comunicación con Aguilera, por la distancia, se desespera y aplica la estrategia antigua de solicitar respaldo a la realeza instalada en Brasil, como último recurso de la monarquía Europea. “Ese planteamiento estratégico no fue ajeno al pensamiento de Olañeta y de Aguilera, de quienes Ramos se consideraba un leal y convencido seguidor”, dice Roca. Ante esta situación José Videla –que gobernaba Santa Cruz- ordena la aprehensión de Ramos y Sucre envía un ultimátum a los portugueses.
Toda la atención política del momento se concentraba en el Alto Perú, donde habían llegado los vencedores de Ayacucho. Ante la situación política imperante, el Cnl. Mercado, se presta un caballo –ya que era dueño de su casa y de tierras en Cordillera pero no tenía efectivo, pues todo lo había dado a la causa de la Libertad- y se dirige a Chuquisaca para entrevistarse con Sucre. Se repite la historia de más de dos siglos y medio atrás cuando Don Ñuflo de Chaves, el valiente Capitán General de la conquista, tiene que trajinar de Asunción a Lima y viceversa en busca de respeto a su jurisdicción.
Durán Canelas asegura que el ejército colombiano tenía la arrogancia clásica de los vencedores. De este gran encuentro de libertadores sólo hay el siguiente resultado: Sucre lo elogia y le asigna un “medio sueldo”, como veterano pero, por las razones expuestas no le apoya en ningún poder adicional. Ya había enviado a Videla como “Presidente del Departamento de Santa Cruz”.
A los cuatro meses de aquella proclamación, el 6 de junio, los 23 españoles residentes en Santa Cruz prestan el “juramento de fidelidad” a la patria, prometiendo honrarla y defenderla; para lo cual firman un documento que, un siglo después, Adrián Melgar i Montaño reprodujo en “El Archivo”.
Vicente Seoane no aprovechó el movimiento de febrero para hacerse cargo de la gobernación, como lo hizo en 1810, esta vez tenía ya sus proyectos en dirección de una diputación, de acuerdo a los planes de su colega Olañeta. En abril se reúnen los políticos de la ciudad y junto al Cabildo manejado por Ignacio Méndez eligen a Seoane y su amigo Vicente Caballero como diputados, por Santa Cruz y Vallegrande.
Cordillera, Mojos y Chiquitos, tuvieron patriotas civiles y militares para defender la libertad y para proclamarla, pero teóricamente “por el hecho de que los grandes partidos de Cordillera y Chiquitos no tenían un solo hombre que pudiera ser encontrado con requisitos para la investidura de diputado...”, el vasto Departamento sólo envió a dos, dice Charles Arnade.
Antes había sucedido un nuevo conflicto en Vallegrande. El 5 de abril de 1825, el Presidente del Departamento designado por Sucre, Francisco María del Valle, envía una carta a Charcas, que reprodujo Plácido Molina Mostajo:
“A las 8 de la noche se sublevó la tropa (…) diciendo a voces que no quieren nada de Colombia ni el que los mandase jefe dependiente de las órdenes del E. S. Libertador” Seguidamente informa que los presos se los llevan a Santa Cruz y su comandante general es Don Miguel Dávila.
Había descontento entre los veteranos del Ejército cruceño. Durán Canelas relata que cuando llegó el comandante Ramitos de Cordillera, junto al asistente de Mercado Juan Manuel Melgar, el primero y su gente no fueron tomados en cuenta por quienes ostentaban el poder y el segundo fue enviado a la frontera con Brasil a cumplir servicios.
Ramitos y sus compañeros, contrariados y furiosos se insurreccionaron, tomando el cuartel y aprehendiendo al Tesorero del Cabildo José Reyes Oliva. Luego lo soltaron, pero tomaron los recursos del Tesoro, para escapar hacia Cordillera. Tiempo después vuelven a tomar la plaza de Santa Cruz para luego ser alcanzados por las tropas y victimados.
El Cnl. Mercado asistió a la Asamblea del 6 de agosto como invitado y no como diputado, se dice que derramó lágrimas de emoción, pero no sabemos si fue de alegría o de impotencia al ver que “Estos hombres eran diferentes de aquellos de la generación de 1809, quienes habían dado sus vidas por la causa que sostenían (...) Ellos eran oportunistas que habían usurpado los sitiales pertenecientes a los veteranos de la guerra de diez y seis años; estos demagogos habían ocultado con éxito sus actuaciones de fidelidad al rey”, (Arnade ,“La Asamblea de Tránsfugas”).
Seoane, principal usurpador del sitial de Mercado, se incorporó a la asamblea el mismo 6 de agosto por la tarde, sin contribuir ni deliberar nada y su amigo Vicente Caballero, llegó recién el día 9 y lo hicieron firmar el acta.
Para explicar esto es preciso conocer que “Treinta de los cuarenta y ocho diputados eran graduados en la Universidad de San Francisco” y “puede suponerse que de los diez y ocho diputados no graduados es posible que unos pocos también hubieran estudiado en la Universidad...” En medio de ella, dice Arnade, estuvieron “dos caras tales como Casimiro Olañeta, Manuel María Urcullu, Angel Mariano Moscoso y José Mariano Serrano. Casi todos los otros diputados eran gente oscura que era desconocida en los anales de la guerra de la independencia y quienes probablemente estaban subordinados a los deseos de los dos caras...”
Esa era la situación política a la que fueron enfrentados los próceres de la libertad. En medio de ellos Sucre tenía que actuar con cautela. Seoane es nombrado prefecto de Santa Cruz, pero poco tiempo confió Sucre en él y fue sustituido por el prócer cruceño José Miguel de Velasco. La fecha de Proclamación fue conservada por todos los patriotas de esa época, debido a que Velasco comunicó al Mariscal Sucre que el 15 de febrero se recordaba el día de la independencia de Santa Cruz.
Y pasaba el tiempo, Aguilera había logrado fugar y contactarse con Sucre, para luego instalarse por algún tiempo en Cochabamba. Allí, en sus momentos de absoluta soledad y desilusión, quien en su tiempo luchó con ferocidad contra los patriotas, se inspiró en textos de “los cinco tomos de la historia política de los reinos ultramarinos, de un autor apellidado Luque” y decidió enviar al mundo y a los siglos su último mensaje, en medio del imperio de los tránsfugas.
“El 26 de octubre de 1828, después de tres años de que Aguilera no daba señales de vida, la población Vallegrandina amaneció sorprendida con la noticia de que éste se había apoderado de la ciudad esa madrugada intimando la rendición del prefecto Anselmo Ribas” y restituyendo la vigencia de la corona española, bajo los principios con los que se había iniciado en la vida militar. Después de un breve combate logró fugar ileso pero fue delatado y fusilado.
Toda la América estaba sumergida en el mismo fango. Sucre es traicionado y asesinado el 4 de junio de 1830, en las montañas de Berruecos (Colombia, su patria). Francisco María del Valle fue fusilado en Santa Cruz, el 27 de marzo de 1831 por organizar un levantamiento para declarar la independencia de Santa Cruz, esta vez de la caótica y corrupta nueva república anarquizada por el demagogo Olañeta, enemigo de Bolívar.
A Mercado, “El Mariscal Sucre le reconoció el grado de coronel que ostentaba de tiempo atrás y el Presidente de Santa Cruz le confirmó lo mismo, el año 1833, asignándole el cargo de Mayor de Plaza”. Honrado por las autoridades, admirado y querido por el pueblo, falleció después en su ciudad natal.
El Cnl. José Manuel Mercado Montero nació en Santa Cruz de la Sierra el 2 de febrero de 1782. Tuvo por padres a don Josef Mercado y Dña. Rosa Montero, “con quienes se crió y vivió hasta los veinte años”. El cronista Durán Canelas asegura que Mercado fue enrolado en las tropas del Gobernador de Mojos, Urquijo, que estuvo en la Revolución del 16 de julio de 1809, en La Paz.
Mercado arribó a Buenos Aires, después de una penosa travesía desde La Paz. Estando en Buenos Aires, se reincorporó a la causa de América. Gobernaba entonces, en la banda oriental del Uruguay, el virrey Francisco Elío; y siempre corajudo, Mercado se incorporó al Ejército de la Revolución de Mayo, dirigido primero por ese letrado glorioso que se llamaba Manuel Belgrano, y después por el General José Rondeau, militar argentino y, el uruguayo, José Artigas.
Las fuerzas de Belgrano y Pío Tristán, se enfrentaron el 24 de setiembre de 1812, librando la Batalla del Tucumán, donde las fuerzas realistas fueron barridas por los patriotas. Para el capitán Mercado –dice Enrique Kempff Mercado- tiene ese triunfo una significación profética, es el segundo aniversario del grito de la Independencia dado en el lejano Santa Cruz de la Sierra por Suárez, Moldes, Lemoine, Seoane y Salvatierra. Su corazón patriota palpita de orgullo ante el glorioso triunfo de las armas libertadoras”.
Mercado, en 1812 militaba ya en la división llamada “del norte” que venció a los realistas en las renombradas batallas de Tucumán y Salta. Allí conoce a Warnes y con parte de esa división habrían ingresado al país por órdenes del general Belgrano, ostentando el grado de capitán en el arma de Caballería.
El Ejército vencedor continuó sus marchas hacia el Alto Perú y Belgrano decide la estratégica medida de consolidar la conquista del corazón del continente, enviando a dos de sus mejores hombres. El 24 de setiembre de 1813 llega a Santa Cruz el Cnl. Ignacio Warnes, designado Gobernador por el Gral. Manuel Belgrano. Junto a él llega el Comandante José Manuel Mercado, apodado “el colorao”, debido a su tez blanca y mejillas encendidas. Era su lugarteniente y segundo en el mando.
El Cap. José Manuel Baca, nació en Santa Cruz de la Sierra el 10 de diciembre de 1790. Hijo de Pedro Pablo Baca y Manuela Baca, naturales de Santa Cruz. Fue conocido como “Cañoto”, durante la guerra de la Independencia, al lado de Warnes, Mercado y otros caudillos. Su carrera militar se produce a raíz de su alistamiento como montonero.
“Fue en su infancia monaguillo y aprendiz del oficio de esterero. Pasó la adolescencia y primeros años de la juventud como empleado acompañante del padre José Andrés Salvatierra, que ejercía en la Cordillera de los Chiriguanos las funciones de Párroco conversor de la misión de Membiray y capellán de las milicias allí acantonadas. Tomó parte del movimiento insurgente estallado en aquella comarca a fines del año 1810”.
Probablemente participó de los movimientos que encabezó el padre Salvatierra en Membiray y regresó a la ciudad de su nacimiento con el movimiento del 24 de setiembre, para luego enrolarse en las milicias patriotas que organizaba el coronel Ignacio Warnes.
Baca se había ganado la confianza de Warnes y el Cnl. José Manuel Mercado, por ello la comunicación entre los dos caudillos, de Abapó a Florida, estaba a su cargo. Se distinguió también en esta batalla el Cnl. Diego de La Riva, mientras que José Manuel Baca, fue ascendido en la acción a Teniente 1º del cuerpo de Cazadores de Caballería.
Después de El Pari, Baca “se retiró a la campiña con un puñado de combatientes patriotas, por los cuales fue reconocido como jefe. Corrió con éstos singulares aventuras, amagando constantemente a las tropas del rey acantonadas en la ciudad al mando del Brigadier Aguilera”.
En 1821 se retira hacia el Sur. “Encontró en Salta con el comandante Güemes de las guerrillas gauchas, a las cuales hubo de incorporarse con el grado de Capitán. Mereció la confianza del Gral. Martín Miguel de Güemes
quien le dio la jefatura del polvorín”.
El 24 de abril de 1821, el José Manuel Baca toma parte en el llamado “Día Grande de Jujuy” (Argentina) bajo las órdenes del Gral. Güemes, en que los patriotas rioplatenses recuperaron esa ciudad de manos realistas, habiendo merecido “Cañoto” citación honrosa y la confirmación de su grado de Capitán que ostentaba provisionalmente desde el año anterior. Mas adelante retorna a su tierra y se reincorpora a las fuerzas del Cnl Mercado, participando del movimiento del 14 de febrero.
Francisco Javier de Aguilera nació en Santa Cruz de la Sierra el 3 de diciembre de 1779, “de la unión legítima del criollo cruceño D. Juan de Dios Aguilera y doña María Vargas de la Roca. Siendo el mayor de cuatro hermanos hombres, sus padres le habían destinado para el sacerdocio, enviándole a que cursara estudios al Seminario de San Cristóbal de la ciudad de Chuquisaca. La abandonó a breve tiempo, decidiéndose por la carrera de las armas. Alistado en las milicias reales de aquella ciudad con el grado de alférez de infantería, actuó desde los primeros encuentros en las filas de los partidarios del rey español contra los de la insurrección por la independencia. Tuvo un singular comportamiento en los combates de Vilcapujio y Ayohuma, habiendo merecido por ello sucesivos ascensos hasta llegar al grado de teniente coronel.
Combatió como comandante de una unidad de infantería en 1815 cuando fue destinado a la lucha contra los guerrilleros. A principio del año siguiente, 1816, entró en campaña contra el caudillo de Tomina, Manuel Ascencio Padilla. Logró sorprender y derrotar a éste en las inmediaciones del pueblo de Vilar, el 14 de septiembre de aquel año. En vista de del triunfo alcanzado el general Laserna, comandante en jefe del ejército realista que operaba en el Alto Perú, le asignó la misión de atacar al caudillo patriota Warnes…” (Sanabria).
La guerra de la independencia fue así, llena de contradicciones y de idealismos; pero cruenta como toda guerra. Quienes un día fueron compañeros de armas, en su momento tuvieron que enfrentarlas, en defensa del concepto de patria que más amaban.
El Ejército Cruceño en la construcción y defensa de la República
Después del 6 de agosto, a pesar de los descontentos antes señalados, paulatinamente el Ejército Cruceño comienza a fusionarse con los demás ejércitos del país y algunos de los más destacados militares cruceños participan del proceso de construcción del nuevo Estado y sus Fuerzas Armadas.
En los primeros años de la República, el libertador cruceño Gral. José Miguel de Velasco, intentó varias veces controlar la situación caótica del nuevo gobierno con acciones militares y administrativas que fueron de profundo espíritu democrático. Fue 4 veces presidente de la República, pero a pesar de que contaba con todo el apoyo del pueblo cruceño y simpatía de los bolivianos, siempre tuvo quien le ofenda y le arrebate el poder.
El Gral. Velasco Nació en Quebrada Blanca – Chiquitos, departamento de Santa Cruz, el 29 de setiembre de 1795. Hijo del Sr. Ramón González de Velasco y la Sra. Petrona Franco. Militar de carrera, ingresó al ejército bajo el mando del Brigadier José Manuel Goyeneche. Como todos los militares de ese tiempo, sus primeras armas las hizo a favor de las fuerzas realistas, que le habían dado su formación; pero convencido de la noble causa libertadora, se alistó en las filas patriotas, luchando junto a ellas hasta conseguir la independencia de Bolivia.
Mayor de Ejército en la campaña libertadora del Perú, se incorporó al ejército del Gral. José de San Martín y luego a las órdenes de su amigo el Mariscal Antonio José de Sucre; tomó parte de las batallas de Junín y Ayacucho. Fue el caudillo más controvertido de su época y una figura considerada como salvadora y estabilizadora de la patria en cada momento de crisis.
Velasco fue el primer presidente cruceño y el primero que gobernó al país en cuatro oportunidades, en el lapso de 20 años; tenía 32 años al jurar. Este es el resumen cronológico de sus presidencias: Del 12 de agosto al 25 de diciembre de 1928; constitucional interino. Del 1ero. de enero al 24 de mayo de 1829; constitucional interino. Del 9 de febrero de 1839 al 10 de junio de 1841; Presidente Constitucional, proclamado por la Asamblea Nacional. Del 2 de enero al 6 de diciembre de 1948; interino.
Por esos tiempos, como un acto de justicia histórica, en 1834, los dos próceres de la independencia, Antonio Suárez y Andrés Salvatierra, junto al ciudadano Lorenzo Moreno son elegidos Senadores de la República, durante la presidencia de Andrés de Santa Cruz. Los cruceños envían a sus mejores hombres para tales funciones de Estado.
En 1838 Suárez acepta las funciones de Prefecto del Departamento, que el gobierno central le ha confiado. La ejerce hasta mediados de 1839 en que, triunfante la revolución del general José Miguel de Velasco, es reemplazado por el ciudadano D. Francisco Bartolomé Ibáñez, primo y cuñado del general victorioso.
Velasco es derrocado por Ballivián y el Ejército Cruceño se reorganiza. Ante la invasión peruana de 1841, fiel al compromiso del 6 de agosto de 1825, envía a sus mejores soldados para defender la independencia. Destacó en la batalla el Cnl. Agustín Saavedra y el Escuadrón Cazadores a órdenes del Teniente Coronel Marceliano Montero. Ellos y los soldados cedidos patrióticamente por Velasco, fueron quienes determinaron la victoria boliviana el 18 de noviembre.
“Pieza clave para el desarrollo exitoso de la lucha épica de 50 minutos: el entonces Teniente Coronel Agustín Saavedra Paz, ascendido a Coronel en el campo de batalla por su valor y decisión, ya que su carga al mando del Escuadrón de Coraceros (Caballería) resultó determinante para lograr un resultado a favor de las armas bolivianas…
Agustín Saavedra Paz nació en Samaipata el 29 de agosto de 1796. Estuvo presente en la batalla de Ayacucho que concluyó la lucha por la independencia americana y luego participó de las epopeyas crucistas de Yanacocha y Socabaya, en el período estelar de la Confederación Peruano-Boliviana. Anteriormente, le cupo contener en 1828 –por instrucciones del Mariscal Sucre– la invasión brasileña del territorio boliviano de Chiquitos, defendiendo así la heredad de nuestro naciente país.
Según el libro de Julio A. Díaz ‘Los generales de Bolivia’, Saavedra fue uno de los militares más distinguidos por el Mariscal de Zepita Andrés de Santa Cruz, quien le guardaba alta consideración y total confianza. El también le prodigó su permanente lealtad. Es por eso que Saavedra peleó denodadamente en Yungay, pero vino el desastre y aunque salvó milagrosamente su vida, terminó prisionero en la fortaleza del Callao (Perú), sufriendo largos meses de encierro.
Su probado valor volvió a estar al servicio de Bolivia en Ingavi y como elemento clave para el triunfo nacional. Saavedra Paz cruzó luego el río Desaguadero, formando parte de la vanguardia del ejército boliviano que ocupó suelo y puertos peruanos sobre el Pacífico en 1842. Luego de su participación en la Convención Nacional de 1843, retornó a Santa Cruz dónde fue Prefecto del Departamento y ascendió al grado de General de Brigada.
Ya en sus años de ocaso, tuvo fuerzas para volver a Chiquitos en la frontera con Brasil, reafirmando la soberanía boliviana en esa alejada zona, coadyuvando en la fundación de San Matías y creando también otras vitales atalayas de la nacionalidad en el extenso –y geopolíticamente débil– límite oriental, el que quedó felizmente consolidado con la importante expedición de Agustín Saavedra. El anciano soldado terminó sus días un 18 de octubre de 1862. El Departamento de Santa Cruz honró a su prócer: el antiguo pueblo de Bibosi –aproximadamente a 65 kilómetros de la capital oriental– fue rebautizado ‘Gral. Saavedra’ y así se lo sigue llamando, en honor del héroe de Ingavi”.
Para completar la información sobre las actuaciones militares a favor del desarrollo regional, por aquella época, es bueno destacar que San Matías fue fundada el 24 de febrero de 1844, por el Gral. Fermín Rivero, entonces Prefecto de Santa Cruz. Una calle de nuestra ciudad lleva su nombre.
El coronel Marceliano Montero nació en San Ramón de la Víbora, hoy Montero (Prov. Obispo Santistevan), probablemente el 16 de enero del año 1802. Durante la guerra de la independencia luchó en las filas patriotas bajo las órdenes del Gral. San Martín, Bolívar, Ballivián y Velasco (Zambrana).
“En 1834 figura con el grado de sargento mayor como 3er. Jefe de regimiento de caballería No. 2, acantonado en La Paz y designado como “Lanceros del General”. Sanabria afirma que se cuenta con plausible evidencia documental “de su sobresaliente participación en la campaña contra el invasor Gamarra que culminó con la batalla de Ingavi. Allí, en lo más reñido de la acción, encabezó una carga de caballería que acabó con la resistencia peruana y en cuyo decurso Gamarra fue herido y muerto.
Aparece más tarde, ya con el grado de coronel, en las funciones de mayor de plaza en Santa Cruz. En 1852 es nombrado gobernador de Cordillera”. Fundó Lagunillas en 1855. Se estableció allá y encontró la muerte en el año 1860.
Saavedra y Montero son otros dos arquetipos de aquellos cruceños nacidos en pequeños pueblos de provincias cuya tradición militar fue heredada del Ejército Cruceño de la conquista. En medio de miles de soldados bolivianos, de todas las regiones, sobresalieron por propia capacidad y valentía. También son ejemplos de aquellos héroes, víctimas de las maniobras raciales de los ejércitos con cierta mayoría étnica, que envían a primera línea a unos para proteger a otros, sorprendiéndose con las gloriosas victorias de quienes habían subestimado.
Sigamos. En 1847 el caudillo Francisco Bartolomé Ibáñez depuso al prefecto Gral. Rodríguez Magariños y asumió el Gobierno Departamental proclamando al Gral. José Miguel de Velasco como presidente. No fue posible.
En el mes de octubre de 1853, el Cnl. Fabián Hoyos, quien había sido destituido mañosamente por el gobierno de Belzu como Comandante Militar de Santa Cruz, acompañado del mayor Eduardo Roca y el capitán José Hoyos Gil, toman el cuartel de la ciudad.
“La revolución estaba consumada, el Cnel Hoyos se había hecho cargo de una fuerza de quinientos hombres que lo vitoreaban y le juraban absoluta lealtad”. Se monta la maquinaria revolucionaria proclamando al Gral. Velasco como presidente de la República. Esto provocó nueva reacción del gobierno de Belzu quien destacó una incursión militar mayor, enfrentando a las fuerzas de Hoyos en Quimorí, donde cayó prisionero el jefe cruceño (enero de 1854). Hoyos logró liberarse al cruzar el río Grande, cuando era conducido al destierro.
La situación en Santa Cruz, dentro de Bolivia, se debatía entre la esperanza de que las cosas mejoren y los permanentes desengaños. Siempre tratando de involucrarse en la política nacional, el departamento era marginado del poder y del desarrollo. Hasta que en 1864 el Prefecto de Santa Cruz Dr. Tristán Roca prepara las condiciones para una revolución regional: inaugura el periódico “La Estrella del Oriente”, crea la bandera cruceña y escribe el primer Himno Cruceño, en una versión que desde su primera estrofa anuncia el camino militar de su revolución: “A las armas valientes cruceños / al combate entusiastas volad. Que es temible el soldado que invoca /Libertad, libertad, libertad”·
El 28 de diciembre de ese año, levanta al pueblo cruceño y se pronuncia en contra de reconocer al gobierno del tirano altoperuano Melgarejo. Convoca a elecciones y reorganiza al Ejército. Pero Roca no tuvo los recursos suficientes para sostener la rebelión y es exiliado; se refugia en Paraguay para preparar nuevos movimientos, sin embargo muere antes de su objetivo.
Melgarejo asume el gobierno y hace del país un verdadero festín de la corrupción y la violencia. En aquel tiempo Brasil acreditó como diplomático a Felipe Lopes Netto, “quien en menos de un mes, el 27 de marzo de 1867, suscribió el tratado más ominoso que registran los anales hispano americanos.
Por ese tratado el Brasil ganó mas de 300.000 Km2; cerró a Bolivia la salida al Madeira, libre de sus saltos y rompientes y se llevó toda la margen derecha del río Paraguay, dejando al país sin las salidas naturales que habían heredado de España y que el propio Portugal había reconocido en tratados solemnes” (Vásquez).
A la fuerza, tiempo después el tirano hace aprobar el tratado por el Congreso. Fue así que, en 1868, nuevamente el pueblo cruceño protagoniza movilizaciones contra el gobierno central y el prefecto Cnl. Ignacio Castedo hizo causa común con su gente.
Pero a pesar de los movimientos y emprendimientos cruceños, las cosas no cambian en Bolivia y menos en Santa Cruz. Como consecuencia de ello, a comienzos del año 1875 el Dr. Andrés Ibáñez a la cabeza de grupos armados intenta tomar la plaza de Santa Cruz. Encontrándose preso el 1ero. de octubre de 1876 hizo amotinarse a los gendarmes que los custodiaban y el Cnl. Ignacio Romero al intentar sofocar la revolución “Igualitaria” fue victimado. Al día siguiente, un comicio popular proclamó a Ibáñez como Gobernador.
En el mes de diciembre del mismo año, Ibáñez organiza una Junta de Gobierno Federal, la cual encabezó y estuvo integrado por los señores Urbano Franco, Simón Alvarez y Santos María Justiniano. El Gobierno Federal de Santa Cruz desarrolló su administración durante cinco meses en medio de la amenaza centralista. Reorganizó al Ejército Cruceño y preparó la defensa de la Revolución Federal.
Finalmente el gobierno boliviano envía una fuerte división al mando del Gral. Villegas, cuyo número y armamento oficial superaban al Ejército Federal provocando su repliegue a Chiquitos. El 1ero. de mayo de 1877 Ibáñez, el revolucionario federalista-igualitario es fusilado junto a sus fieles seguidores en la frontera con Brasil (Chiquitos).
Dos años después Bolivia pierde la guerra del pacífico. El poder central había tenido una reacción militar rápida y prepotente contra Santa Cruz, pero al poco tiempo cayó con manos corruptas y traidoras ante las tropas y la geopolítica chilenas. Es más, cuando el gobierno envía un representante para responder con la “no rendición” a los invasores chilenos, eligen al Comisionado Menacho, cruceño, que fue desaparecido por el enemigo y olvidado por la historia boliviana. El mar boliviano era vendido por los traidores de la política altoperuana y por ello no llegaban las tropas de refuerzo a la Batalla del Alto de la Alianza.
Pero el Ejército Cruceño puso la cara por el país. Se había reagrupado organizando su cuerpo de caballería denominado “Escuadrón Velasco”, con un efectivo de más de trescientas plazas equipadas por el propio vecindario y al mando del Cnl. Héctor Suárez Velasco. Las matufias del estado altoperuano hicieron que en Tacna se disuelva el flamante escuadrón y sus tropas pasaron a engrosar la unidad llamada “Libres del Sur”. La historia oficial dice que los Libres del Sur era integrado por “jóvenes voluntarios de Chuquisaca y Potosí”. Nuevamente Bolivia ignoraba el sacrificio y la sangre del militar cruceño.
Durante la contienda, el cruceño Cnl. Miguel Castro Pinto, Jefe de los Libres del Sur, comandó el centro de la línea de batalla; fue abandonado por Bolivia y prisionero de los invasores. Luego también fue olvidado por la historia.
Para la batalla del Campo de la Alianza (26 de mayo), la más importante de la Guerra del Pacífico, los cruceños habían sido distribuidos tanto en el ala izquierda como en el centro. “La reserva estaba conformada por la 4ta. División peruana al mando del Coronel Mendoza, más los escuadrones bolivianos Coraceros, Vanguardia de Cochabamba y Libres del Sur, que obedecían directamente al Coronel Heliodoro Camacho” (…) Al centro de la línea se encontraba la 2da. División boliviana, compuesta por los batallones Grau, Loa, Chorolque y Padilla, al mando del Coronel Acosta; la 5ta. División peruana, formada por los batallones Arequipa y Ayacucho, al mando del Coronel Herrera, que fungía de reserva. Dos cañones y dos ametralladoras cubrían esta ala, que fue puesta al mando del Coronel boliviano Miguel Castro Pinto…” (Oblitas).
“Presentábase la batalla con sombríos augurios para los chilenos y era cerca del medio día cuando pasándose la voz de la confianza los dos jefes de línea de la alianza, Camacho en la izquierda y Castro Pinto en el centro, ordenaron un ataque general sobre las debilitadas y rotas a trechos líneas del ejército chileno…” (Vicuña Mackena).
Este fue el ambiente donde nuestros muchachos y oficiales pelearon, lejos de sus hogares: “El centro, donde obraba con más vigor la artillería enemiga, ofrecía el espectáculo de un confuso hacinamiento de nubes bajas, unas blancas y otras cenicientas, según que las descargas eran de Krupp o de ametralladoras. En el costado izquierdo, donde el combate era más reciamente sostenido, no presentaba sino una densa oscuridad, impenetrable a la vista, pero iluminada de momento a momento, como cuando el rayo cruza el espacio en una noche tempestuosa. El tronar era horrible, o más bien, no se oía más que un trueno indefinidamente prolongado…” (Narciso Campero).
Más tarde, el número y el equipo de los invasores se impone y hasta los veteranos “Colorados de Bolivia”, del ala derecha, son vencidos. Chile, Bolivia y Perú los habían matado.
Cinco mil combatientes de ambos lados quedaron tendidos; entre ellos los nuestros. “Durante todo el día las ambulancias han recorrido las alturas de la alianza y a cada instante pasan camillas con heridos de las tres nacionalidades…” (Alberto del Solar). Destacaron los médicos cruceños Bailón Mercado y Zenón Dalence, la valiente enfermera cruceña Ignacia Zeballos auxilió a los heridos, siendo la única mujer en el lugar de la batalla.
Castro Pinto nació en Santa Cruz de la Sierra el 29 de septiembre de 1828, hijo del Dr. Rafael Pinto y de doña Balvina Castro. “En abril de 1880 marcha al teatro del a guerra con la nueva división de reserva que ha formado el general Campero (…) goza de prestigio y ascendiente en el ejército, a mérito de su saber humanista, su preparación militar y las prendas de su conducta moral. Aprobado el plan de resistir al ejército chileno en los corredores de Tacna, el general Campero asigna al coronel Castro Pinto como comandante en jefe del cuerpo que debe operar en el centro de la línea de combate” (Sanabria).
Cuando se lee “Historia Secreta de la Guerra del Pacífico”, de Edgar Oblitas Fernández, el leyente puede comprobar que Bolivia es un lugar donde los patriotas son llamados traidores, los héroes son encarcelados y fusilados; pero si fuera poco, los verdaderos traidores se hacen presidentes y dan sacrílegos golpes de estado cuando el país está invadido por el enemigo.
Los militares cruceños y su pueblo seguían cumpliendo con su compromiso de 1825, la flor y nata de su juventud entregó su vida en Ingavi y en el Pacífico, pero el poder central los ignoraba.
Avivado el patriotismo nacional, que siempre exige el mayor sacrificio no solo a favor de la patria, sino también en beneficio de quienes ostentan el poder, entonces la resistencia cruceña contra la mala administración del Estado se debilita por algunos años. Pero Bolivia continúa su escandalosa historia de corrupción centralista.
El Ejército Cruceño estaba disperso por todo el país y no representaba una fuerza que pueda defender el reclamo patriótico de los orientales en busca de mejores días para el pueblo. Es así que en todo el Oriente se asume la causa Federalista de manera política y durante la Asamblea Nacional de 1890 los representantes del departamento Beni se pronuncian a favor del sistema Federal para Bolivia.
Los nuevos Ejércitos cambas
Un año después de aquella proclama beniana, el 2 de enero de 1891 los coroneles Domingo Ardaya, José Domingo Avila, Don Augusto Toledo y los ciudadanos Moreno y Bustillos, tomaron el cuartel de la guarnición militar proclamando el Gobierno Federal de Santa Cruz. Los “domingos” fueron nombrados Presidente y Vicepresidente respectivamente y el Dr. Jerónimo Otaso, Secretario General.
Se dictan todas las medidas administrativas del caso, incluyendo la organización de una Guardia Nacional, y “el ejército con un batallón de infantería, tres regimientos de caballería y una brigada de artillería”. Asimismo se creó el Banco Oriental con su respectiva emisión de moneda, siendo esta disposición una de las más revolucionarias.
“La Junta Gubernativa Federal del Oriente empezó la proclamación de la federación en todas las provincias del departamento, encontrando el apoyo de Chiquitos y Cordillera. Las consignas eran ‘Federación o Muerte’ y ‘Viva la Federación’. El prefecto del departamento Horacio Ríos, huyó a Samaipata y desde allí pidió ayuda al gobierno de Aniceto Arce” (Peña). La revolución federal cruceña nuevamente fue reprimida.
Ocho años después, el 10 de abril de 1899, el Gral. José Manuel Pando gana la Guerra Federal en La Paz, para luego traicionarla en la Convención Nacional de Oruro; pues estableció la Sede de Gobierno en su departamento natal. Así las cosas Bolivia continúa su camino de corrupción y despotismo; Santa Cruz se rebela constantemente buscando su autonomía pero recibe la furia de las armas. El glorioso Ejército Cruceño otra vez había sido disuelto sistemáticamente, por el nuevo orden de cosas dentro del Estado boliviano.
Pero el 11 de octubre de 1902, un nuevo Ejército Camba defiende la soberanía nacional en otro punto geográfico abandonado por el corrupto y miope Estado boliviano. La gloriosa Columna Porvenir, integrada en su totalidad por orientales, al mando de Don Nicolás Suárez –que con sus propios recursos la creó y adiestró- recuperó Bahía, hoy Cobija, Capital del Departamento Pando. Los refuerzos bolivianos no llegaron a la contienda.
En los datos históricos registrados por la Guía de Santa Cruz del año 1952, aparece la siguiente lista de los cruceños que estuvieron en la campaña del Acre: “Nicolás Suárez, Félix Arano, Gonzalo Moreno, Nicanor Gonzáles Salvatierra, Simón Moreno y Juan Manuel Suárez entre otros muchos…”
No obstante, “el 17 de noviembre de 1903 se firmó en Petrópolis el tratado de este nombre en virtud del cual Bolivia cedió toda esa rica región a cambio de mínimas compensaciones territoriales y de una entrega de dos millones de libras esterlinas” (Vásquez).
El persistente pueblo cruceño continúa la lucha y en los primeros años del siglo XX protagoniza nuevas manifestaciones cívicas. El proyecto de Santa Cruz, postergado desde 1825 ahora se concentra en sus intelectuales. En julio de 1903 se organiza la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz. Un año después la flamante institución emite el “Memorandum” dirigido a la nación, donde se establecen todas las pautas para el desarrollo del Oriente y la importancia de su integración con el sistema nacional a través de un ferrocarril.
En su introducción el documento dice: “Cierto es que tenemos el órgano regular de nuestros representantes que hemos enviado al Congreso para que aboguen por los intereses del Oriente y Noroeste de Bolivia; pero una larga y dolorosa experiencia de más de 70 años, nos ha persuadido de que los pueblos occidentales de la región andina, cuyos intereses son más o menos solidarios entre sí, no toman en cuenta los intereses y el progreso de los pueblos orientales, que bien comprendido, son los intereses más importantes, para el bienestar general de la Nación, y la mayoría parlamentaria del Occidente, ahoga las opiniones de la minoría del Oriente”.
Advierten también sobre la ocupación paraguaya en territorio cruceño desde siglo pasado: “El solo hecho de la ocupación paraguaya en territorio netamente boliviano, demuestra la indiferencia con que los gobiernos de Bolivia han mirado los intereses del Oriente”.
La meritoria entidad no fue escuchada y los años pasaron en medio de reclamos y debates. Bolivia seguía igual.
Con este estado de cosas, el 1ero. de julio de 1924, el Dr. Saldaña León encabezó un nuevo movimiento emancipador, en compañía de Don Alfredo Ortiz, Don Enrique Banzer, Dr. Juan Felipe Roca, Dr. Cástulo Chávez y el Dr. Rómulo Saldaña.
El Jefe de las fuerzas militares fue el Tte. Jacinto Reque Terán. La Junta de Gobierno la presidía Pablo E. Roca. Pocos detalles se conocen de este levantamiento armado apoyado por el nuevo Ejército Cruceño.
El Ejército Cruceño en el Ejército boliviano
El 5 de diciembre de 1928, las advertencias de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz, hechas en el Memorandum de 1904 y la nula respuesta del Gobierno Central tienen su desenlace. Sorpresivamente fuerzas paraguayas atacan el fortín Vanguardia en el Noreste del Chaco, con bajas en ambos bandos y la respectiva respuesta sobre el fortín paraguayo Boquerón. Esta provocación fue el inicio de las tensiones que desencadenaron la guerra en 1932.
La Plaza de Armas de Santa Cruz de la Sierra se llenaba de indignación popular y de discursos inflamados de patriotismo. Miles de jóvenes se alistaban constantemente para formar filas en el ejército. Durante la Guerra del Chaco, por órdenes del gobierno central, los cruceños son llevados a primera línea, igual que en Ingavi y en el Pacífico. Situación que llevó a los militares cruceños a destacarse como los mejores soldados y, al vecindario cruceño, en luto general.
Afirman algunos autores que se pretendía exterminar la población masculina de Santa Cruz, pues en el plazo de tres meses fueron ejecutados más de 200 soldados cruceños, por las armas bolivianas, bajo el supuesto delito de espionaje. En cada casa cruceña se velaba un hijo, un hermano o un padre, caído por el fuego paraguayo o por el boliviano.
A pesar del incentivo político y bibliográfico por parte de ideólogos paraguayos y argentinos, en plena guerra los cruceños asumieron el papel más leal con la Bolivia que provocó el conflicto y abandonó a sus gentes. El pueblo cruceño y sus líderes no accedieron a ninguna propuesta de anexionismo ni de separatismo por parte de los vecinos; pues todas ellas tenían una tendencia a ceder territorio cruceño al invasor. Santa Cruz apostó una vez más al compromiso de 1825, a pesar de la odiosa y constante calumnia boliviana.
Destacaron muchos militares cruceños y la historia nuevamente los olvidó, pues ningún niño boliviano conoce sus nombres. Por su enorme brillo resplandeció la figura del Tte. Germán Busch Becerra quien fue después Presidente de la República. Asimismo, por su flamante dignidad militar y civil se conoce en Santa Cruz de la Sierra el nombre del héroe de la guerra del Chaco Gral. Froilan Calleja Castro.
El general Calleja nació en Santa Cruz de la Sierra el 4 de diciembre de 1897. Sus hazañas en el campo de batalla aún no se han difundido en la historia oficial, pero la tradición popular lo recuerda con toda su talla. En su vida civil y militar se caracterizó como un hombre de honor. Vivía en la calle Warnes, frente norte de donde ahora es la plazuela Calleja. Igual que toda su familia era devoto de la virgen y de la Santa Cruz de Cristo, por ello cada año encomendaba a sus vecinas, las Srtas. Elsa Rivero Gutiérrez y Celina Vaca, la celebración de la fiesta de la Cruz (primer domingo de mayo) con la participación de todo el barrio.
El general Germán Busch Becerra nació en el pueblo de San Javier, provincia Ñuflo de Chaves, el 23 de marzo de 1903. “Cursó la instrucción primaria en su pueblo de nacimiento y en Trinidad. En los comienzos de la década del 20 pasó a la ciudad de La Paz, ingresando luego al Colegio Militar. Egresó de éste, graduado como subteniente de caballería, el año 1927 y pasó a prestar servicios en varias unidades de aquel arma. Fue destinado seguidamente al Chaco, en donde a la sazón nuestro ejército cumplía la tarea que ha dado en llamarse la carrera de los fortines, frente a igual actitud del ejército paraguayo…”
Bush, después de haber penetrado las trincheras de Boquerón, al inicio de la guerra, continuó una brillante actuación. “Su valor a prueba y pericia en las lides entre el bosque cerrado y la planicie rasa fueron día a día acrecentando su fama. Comandaba el 5to. regimiento de caballería con el grado de capitán y su actuación con éste le hizo acreedor a distinciones y ascensos. En la última etapa de la campaña llegó a la jefatura del Estado Mayor General y ganó ascendiente pleno, así entre militares como entre criollos” (Sanabria).
Antonio Velasco Franco, en su “Album Conmemorativo del IV Centenario de Santa Cruz de la Sierra”, publicó una lista ilustrada de los Jefes y Oficiales cruceños que actuaron en la campaña del Chaco. Estos son los nombres:
General Froilán Calleja Castro. Jefe de E.M. de la 3ª Div. de Inf.
General César Menacho. Cmte. de la 2ª Div. de Inf.
General Ernesto Arteaga. 1ª Cmte. de Grupo de llería.
General David Terrazas. Cmte. de Bat. Y de Op. de la 3ª Div. Inf.
General Lucio Guzmán Velasco. Cmte. de Regimiento.
Coronel Luis Añez Rodríguez. Jefe de E.M. del Cmdo. S. del Ej. en Campaña.
Coronel Jorge Chávez Claros. Jefe de E.M. de Art. del Cmdo. Superior
Coronel Max. España. Jefe de Sec. de la Sec. Op. del Ej. en Campaña
Coronel Raúl Wichtendahl M. Cmte. Ac. Regto. y Jefe op. de la 3ª Div. Inf.
Coronel Rómulo Moreno Suárez. Cmte. de Regimiento
Coronel Francisco Barros Parada. Cmte. de Destacamento
Coronel Enrique Gutiérrez Landívar. Cmte. de Regimiento
Coronel Tomás A. Suárez. Cmte. de Batallón
Coronel Germán Parada. Cmte. de Regimiento
Coronel Roberto Cuellar. Cmte. de Regimiento
Coronel Facundo Moreno. Cmte. de Batallón
Coronel René Miranda Catoira. Oficial de Sector en la Def. de Boquerón
Tnte. Cnel. Marceliano Montero. Cmte. Escuadrón Divisionario
Mayor César Vásquez. Cmte. de Regimiento
Mayor Jorge Banzer López. Cmte. de Campaña
Capitán Rogelio Banegas. Cmte. de Compañía en Boquerón
Capitán Waldo Ballivián. Oficial de Regimiento
Capitán Ricardo Rivera Durán. Cmte. de Compañía
Subteniente Osvaldo Parada Suárez. Of. de Regto. (muerto en combate)
Subteniente Samuel Roca Peirano. Of. De Regto. (muerto en combate)
Otros oficiales que actuaron en la campaña:
Coronel Carlos Banzer. Cmte. de 9ª Div. De Inf.
Coronel Román Urdininea. Cmte. de Regimiento
Coronel Adolfo Ampuero. Cmte. de Regimiento
Coronel Ignacio Saucedo. Cmte. de Batallón
Coronel Andrés Saucedo. Cmte. de Acdtl. De Batallón
Coronel Raúl Antezana. Cmte. de Batallón
Mayor Noé Antelo Cmte. de Batallón
Mayor Alcibíades Antelo. Cmte. de Unidad
Mayor Gonzalo Suárez. Cmte. de Compañía
Mayor Orlando Gutiérrez. Cmte. de Compañía
Teniente Cnel. César Camacho. Jefe de E. Mayor 1ª Div. (muerto en combate)
Capitán Mariano Arrién. Cmte. de Comp. (muerto en combate)
Capitán Humberto Salinas. Cmte. de Batallón
Teniente Pablo Rojo. Cmte. de Comp.
Teniente Hernán Herrera. Cmte. de Comp.
Teniente Aurelio Roca Lladó. Oficial Aviador (muerto en combate)
Teniente Mamerto Cuellar. Cmte. de Comp. (muerto en combate)
Subteniente Humberto Ribero. Oficial Aviador (muerto en combate)
Subteniente Hernando Balcázar. Oficial de Regto. (muerto en combate)
Subteniente Fidel Antelo Oficial. de Regto. (muerto en combate)
Subteniente Ignacio de la Quintana. Oficial de Regto. (muerto en combate)
Subteniente Arsenio Peña Cmte. de Comp. (muerto en combate)
Subteniente Walter Vega. Of. de Regto. (muerto en combate)
Subteniente Nataniel Aponte. Of. de Comp. (muerto en combate)
Jefes y oficiales de sanidad:
Cnel. SANIDAD Dr. Angel Foianini
Cnel. SANIDAD Dr. Melchor Pinto Parada
Tcnl. SANIDAD Dr. Mamerto Salas
Tcnl. SANIDAD Dr. Luis Velasco Franco
Mayor SANIDAD Dr. Bernardo Cadario
Mayor SANIDAD Dr. Osvaldo Vaca Diez
Mayor SANIDAD Dr. Mario Ortiz Suárez
Mayor SANIDAD Dr. Alfredo Parada
Mayor SANIDAD Dr. Fermín Peralta
Capitán SANIDAD Dr. Rodolfo Weise
Capitán SANIDAD Dr. Luis Balcázar Pimentell.
En las “Palabras de elogio al soldado cruceño” que realiza el Gral. Angel R. Revollo, en el libro citado dice: “Todo esto es verdad, pues no cabe exageración ninguna cuando se trata de hacer historia y darle a cada cual lo que le corresponde en el devenir de los acontecimientos. Los hechos valen como documentos en este caso. En la Guerra y en el transcurso de treinta meses que permanecí en la zona de operaciones donde Comandé cuatro Divisiones de Ejército, el soldado cruceño cumplió su deber a satisfacción de sus superiores, con hombría y responsabilidad, puesto que bajo mis órdenes no cayó ni un solo prisionero, no se entregó ni un solo fusil al enemigo, no de dejó sentir ni en un solo momento la sensación del derrotismo y todo esto debido, justamente, al comportamiento conciente del elemento oriental que supo responder a su misión patriótica sin otro miraje que ser digno del hombre boliviano y de cruceño”.
Un artículo de Leonor Ribera Arteaga publicado en el “Diario Popular” el 17 de marzo de 1936, en pocas palabras resume el orgullo que sintieron los cruceños que pelearon en el chaco: “Santa Cruz desalojó a los paraguayos del Parapetí”.
Hubieron muchos héroes de la guerra, algunos anónimos que un día serán recatados para la historia. Uno de ellos es el Tte. Aurelio Roca Lladó, de la Fuerza Aérea, cuyas hazañas están aún en la memoria de sus contemporáneos. Otro grande fue el cacique guaraní Casiano Barrientos, que apoyó al ejército boliviano con sus guerreros.
En la Guía de Santa Cruz del año 1952, se registra lo siguiente: “Son dignos de mención los regimientos 24 y 30 de infantería que sobresalieron en la primera etapa de la guerra, el 12 y el 40, compuestos por mestizos e indígenas chiquitanos, el “Santa Cruz de la Sierra”, 9 de infantería, que hizo proezas en la defensa del campo atrincherado en Villa Montes y quebrada Cuevo.
Se pueden enumerar más de 200 jefes y oficiales que rindieron la vida cerca de 3.000 de la clase de tropa…”
Lorgio Serrate en 1936 escribió: “La última campaña del Chaco es la mejor demostración de esta gran verdad, que nunca nos cansamos de repetir. El soldado oriental, para orgullo nuestro y de las generaciones venideras, escribió con sus hazañas la mejor página de gloria de la guerra. Fue allá, a la cabeza de un Germán Busch, del Cnel. Luis Añez, del Cnel. César Penacho, del Cnel. Froilán Calleja, y de otros distinguidos jefes del Ejército, donde Santa Cruz y el Beni demostraron en la hora del sacrificio todo el valor de que es capaz el alma indomable de la raza.
Esa oficialidad joven y brillante, en cuyos cuadros se destacaron Jorge Chávez, Marceliano Montero, Ernesto Wende, David Terrazas, Ceferino Rioja, Ernesto Arteaga, Facundo Moreno y muchos otros, merecerá siempre el bien de la Patria. Juicios autorizados de prestigiosos militares, y aún del mismo Comando Superior del Ejército, coinciden en reconocer la superioridad del soldado oriental en la guerra del Chaco. Y es que tuvo en la acción inteligencia y valentía combinadas. ¡Bellos atributos de la estirpe!”
Existe bibliografía sobre la guerra del Chaco. La Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz recientemente publicó “Diario de Campaña” de Carlos Vaca Ribera. También destaca un libro inédito del Dr. Hernán Montero Zankyz, con el título “La participación oriental en la Guerra del Chaco”, que se ha especializado en las actuaciones de los militares cambas dentro del Ejército boliviano en la defensa del territorio nacional.
Cabe señalar que esta contienda pudo tener menos bajas en ambos países. Según Humberto Vásquez Viaña, “cuando la guerra del Chaco, Humberto Vásquez Machicado dejó sus trabajos de investigación histórica en Europa y entró a la guerra como soldado, a la línea de velo, de donde salió condecorado y con el grado de Subteniente.
En medio del fragor del combate fue llamado para acompañar a Dionisio Foianini hasta Buenos Aires, en una misión secreta para una entrevista con el Presidente paraguayo, quien propuso parar la guerra en mitad del chaco.
La propuesta paraguaya, beneficiosa para Bolivia, fue entregada al Ministro de Guerra Dr. Enrique Hertzog quien la ocultó del Presidente Salamanca por el lapso de seis meses, mientras las tropas paraguayas continuaban su avance sobre el Chaco. Ayer como hoy, la guerra es un millonario negocio y ésta debía continuar. El Ministro Hertzog tenía intereses económicos en la guerra porque junto a la Casa Gundlach eran importadores de los materiales de guerra. Esto fue denunciado por Humberto Vásquez Machicado en un informe que fue publicado por Víctor Paz Estenssoro en su campaña electoral contra Enrique Hertzog. Pese a su traición en el Chaco, Hertzog fue elegido Presidente de la República…”
Santa Cruz de la Sierra bautizó una céntrica plaza en honor a los “Héroes del Chaco”.
La Legión Oriental y un militar cruceño al poder
Las cosas no podían volver a lo mismo, se había dado todo por Bolivia. Pasada la guerra se organizó la Legión Oriental de Excombatientes, integrado por soldados y trabajadores.
En 1936 se levanta Santa Cruz a la cabeza del Tcnl. Froilán Callejas Castro, apoyando al nuevo gobierno militar del Cnl. David Toro, cuyo principal aliado fue el Teniente Coronel Busch.
El movimiento tuvo las características autonomistas que la fuerza de la historia exigía, se tomó el control del departamento nombrando un nuevo Prefecto y las principales autoridades. Nuevamente la rosca andina acusó de separatismo al levantamiento cruceño y envió sus negociadores.
Se firmó un acuerdo en el que se reconocía la autonomía de la Universidad cruceña, la necesidad de concluir el ferrocarril a Cochabamba y el principio de que “el Prefecto del departamento siempre sea cruceño…”
Pero las cosas no cambiaban en el país y fue así que el 14 de julio de 1937 el Jefe de Estado Mayor del Ejército asume el poder. La gallarda figura del Teniente Gral. Germán Busch iluminó al país entero. Santa Cruz había advertido a Bolivia sobre la guerra y no fue escuchada; había propuesto integración y había sido ofendida, había peleado valientemente en una guerra provocada por la dejación andina y, ahora, ofrecía a Bolivia su mejor soldado.
Cien años después de Velasco, un cruceño vuelve a la Presidencia. El héroe del Chaco intentó moralizar el país, poniendo a raya a los poderosos y corruptos de ayer. Trató de tomar medidas heroicas para bien de la República, pero el entorno palaciego lo acosaba constantemente, llegando el poder externo a penetrar en la intimidad de su propia familia.
En su breve mandato corrigió la centenaria postergación del Oriente con leyes que sólo un verdadero estadista podía dictar de manera patriótica. Dispuso la vinculación ferroviaria con Brasil y Argentina y la Ley que reconoce las regalías petroleras del 11% a favor de los departamentos productores. Ambas medidas beneficiaban a departamentos y, a la vez, al país. El 23 de agosto de 1939, el Presidente Germán Busch es asesinado en el propio seno de su entorno familiar, en La Paz.
Surgen los movimientos sociales a la cabeza de Adolfo Román Hijo y después de su trágica muerte (1940), nacen nuevas organizaciones en 1942: la Unión Obrera Juvenil y la Unión Obrera, bajo el liderazgo de Edmundo Roca Arredondo.
La institución de Roca, trata de paliar de manera autónoma la falta de un Estado en Santa Cruz, atendiendo a los pobres en sus necesidades de salud y vivienda.
Era una organización cívica y democrática “fundada bajo los principios de Busch”, sin embargo no tenía acceso a los recursos del Estado. Por ello, en diciembre de 1943 apoya el golpe de Villarroel y se transforma en instrumento político del MNR. A la caída de Villarroel, la Unión Obrera mantuvo el poder en Santa Cruz ganando las elecciones municipales de 1947 y 1948. Santa Cruz renovaba sus esperanzas y esta vez estaba apostando a la Revolución.
Las contradicciones de la política en la sede de gobierno nos muestran un detalle del golpe de 1943. Dos cruceños, nacidos en Vallegrande, se encontraban en ejercicio de su profesión: Rubén Terrazas, parlamentario y el Tcnel. David Terrazas, héroe del Chaco. El primero, una figura nacional con probabilidades de ser presidente de la República es asesinado en noviembre de 1944 por los organismos represores del gobierno y el segundo es exiliado a la Argentina. Para dar cuenta de la talla de este militar cruceño transcribimos un fragmento de su manifiesto firmado el 18 de abril de 1946
“Puedo decir, sin vana jactancia, que conocéis vosotros, y con vosotros el país, la invariable rectitud de mi conducta. Jamás formé parte de logias o grupos militares y los repudié como gérmenes de indisciplina y desjerarquización del Ejército. Nunca intervine en actividades políticas ajenas y contrarias a la función militar. Durante la campaña del Chaco cumplí con mi deber y permanecí en el frente rechazando toda la licencia que me fuera otorgada hasta su total terminación. No fui el favorito de ningún caudillo ni formé parte de camarilla militar alguna. En tiempo de paz, seguí siendo un soldado respetuoso del orden de la ley y me cupo el alto honor de contribuir al a capacitación técnica de varias promociones de oficiales enseñando la moral con el ejemplo… He ahí mi vida militar, fiel reflejo de mi vida privada, ambas limpias de toda mancha”.
En 1949 se levanta Santa Cruz contra el gobierno de Urriolagoitia, Edmundo Roca encabeza la rebelión cruceña que desconoce al gobierno central y la falta de apoyo en el resto del país lo lleva a tomar la histórica forma autonomista.
Llegó niveles bastante radicales, se organizó una Junta Revolucionaria que proclamó como presidente a Victor Paz (en el exilio), como vicepresidente a Edmundo Roca y Froilan Callejas como Jefe de las Fuerzas Armadas. Desde La Paz nuevamente se habló de un movimiento “separatista” y el ejército marchó sobre Santa Cruz.
Más tarde el pueblo cruceño se levanta en armas y llega la Revolución. Pero toda guerra civil tiene sus detalles. Al otro lado del país, los cruceños que se encontraban estudiando en el Colegio Militar de Ejército combaten, junto a sus camaradas andinos en las jornadas del 9 de abril. “Aquel valeroso Batallón, que luego sería conocido como del 52, por su valerosa acción en defensa de sus Fuerzas Armadas…” (Revista Verde y Blanco).
En el Escuadrón de Caballería del clausurado Colegio Militar fueron instructores los tenientes José Gil Reyes y Hugo Banzer Suárez y los oficiales Joaquín Zenteno Anaya y Alfredo Píttari Smith. Entre los caballeros cadetes se encontraban: Herland Landívar, Mosito Suárez, Gonzalo López, Padre Eduardo Arcuza, Oscar Bello, Jorge Balcázar, Chin Bello, Adhemar Oliveira, Chicha Suárez, Ovidio Ortiz, Ivo Canido, Hermelindo Penacho, José Crónenbold, Lorgio Barrero y Polo Bello (Verde y Blanco).
Sin embargo, con la Revolución no llega ni el pavimento, ni el agua, ni la luz eléctrica estable. Sólo habían emprendimientos locales en estos rubros y no abastecían a la población. Se avecina el cuarto centenario de la fundación y el Proyecto Cruceño sigue postergado. Habían varios proyectos técnicos de desarrollo, desde 1927, pero sólo se consolidaban aquellos esfuerzos con recursos de empresarios cruceños o con aportes del vecindario. La lucha continúa.
La guerrilla cruceña
En 1956 el diputado Virgilio Vega presenta un proyecto de Ley interpretativa que corregía el Código del Petróleo para hacer efectivo el pago de las regalías del 11%. La Ley fue sancionada el 15 de enero de 1957; los diputados Omar Chavez Ortiz, Jorge Flores Arias y Virgilio Vega exigieron al presidente Hernán Siles Suazo su promulgación pero ya era junio y éste no firmaba.
El Comité Pro Santa Cruz, fundado en 1950, acentúa las exigencias al gobierno central, a favor del desarrollo regional. En este estado de cosas el 7 de octubre de 1957 el líder juvenil beniano, Carlos Valverde Barbery organiza la Unión Juvenil Cruceñista, como brazo movilizador y armado de la lucha cívica; lo acompañan en la directiva Julio Cortez Lozada y Jorge Landívar Gil. El 31 de octubre del mismo año se organiza la Unión Femenina Cruceñista a la cabeza de Doña Elfy Albrech.
Santa Cruz estaba en apronte. El gobierno centralista de Hernán Siles Suazo ordena la mano dura sobre el movimiento cívico cruceño. El 31 de octubre fue asesinado frente a la plaza el cruceño unionista Jorge Roca Pereyra, por milicianos del gobierno. El 7 de diciembre muere en combate el unionista Gumersindo Coronado Zambrana, en el barrio de San Luis, hoy 2do. anillo (zona Oeste). El 12 de diciembre se firmó en La Paz el Decreto Supremo que reconocía el 11% de las regalías a los departamentos productores.
Pero la lucha continuó, había heridas abiertas por los caídos y las ofensas; lo cívico se confundía con el activismo político de FSB, frente al MNR. El gobierno usó esta situación como pretexto para escarmentar a Santa Cruz. Melchor Pinto Parada, presidente del Comité Pro Santa Cruz es deportado y retorna 55 días después. Una concentración de 40.000 personas lo reciben la plaza de armas. El Comité asume una posición firme y exige el pago de las regalías devengadas desde 1938.
En 1958 el gobierno central está decidido a aplastar el movimiento cívico de Santa Cruz y envía un contingente de 10.000 milicianos de la provincia de Ucureña, más 3000 soldados fuertemente armados. En abril de 1959, el Ministro de Gobierno Walter Guevara Arce en actitud prepotente e imperdonable ofreció públicamente 50.000 pasaportes al pueblo cruceño para que abandone su propia tierra.
La única fuerza de defensa cruceña se encontraba en los cuadros armados de la Unión Juvenil Cruceñista que tenían incluso que realizar guardia en la ciudad durante las noches. El pueblo financió un arsenal para mejorar la resistencia pero las armas no llegaron a tiempo y los unionistas tuvieron que replegarse.
Los resultados fueron sangrientos, no sólo para los cívicos sino también para los líderes políticos cruceños que apoyaron el movimiento; en Terebinto fueron masacrados cruelmente. El Dr. Melchor Pinto es exiliado nuevamente en 1959. Santa Cruz, una vez más pagaba su decisión de asociarse con el Alto Perú en 1825, para fundar Bolivia.
En esta lucha participaron junto a las filas unionistas los cadetes del Colegio Militar de Aviación. También se destacaron el capitán cruceño José Gil Reyes y el dirigente unionista José Terrazas.
Las regalías fueron conquistadas con sangre. Existen libros como “Ñanderoga” y un informe editado por los estudiantes universitarios de Sucre que describen la atrocidad de la represión y el heroísmo de los cuadros de la Unión Juvenil Cruceñista.
El 11% comienza a pagarse desde abril de 1959. El Comité de Obras Públicas comienza a recibir recursos y en 1964 se convierte en ente autónomo bajo la presidencia de Omar Chávez Ortiz. En el futuro se convertirá en la Corporación Regional de Desarrollo.
En el año 1959 el Comité de Obras Públicas contrató una compañía técnica italiana que estructura el “Plan Techint”, donde se diseña la estructura urbana de la ciudad y se recogen todas las iniciativas anteriores. Comienza a proyectarse el desarrollo. Todos los departamentos productores se beneficiaron de la lucha cruceña.
Los militares cruceños de los nuevos tiempos
En los años ’60 se producen grandes cambios en la política del continente americano. La lucha ideológica enfrenta a militares y guerrilleros en todas partes, incluyendo a Bolivia.
En 1967 el guerrillero argentino-cubano Ernesto Guevara comienza su campaña en el país. “Guevara aspiraba, a partir del Chaco boliviano, expandir un foco guerrillero que permita la liberación de la América Latina del dominio capitalista. La guerrilla se organiza en la zona ‘Quebrada Grande’, sobre el río Ñancaguazú y, aunque tiene un desenlace corto y fatal, dio lugar a un conjunto de situaciones y acontecimientos internacionales…” (El Deber).
Entre marzo y octubre de 1967 se produjeron varios combates y muchos soldados y oficiales cruceños tuvieron que pelear en la defensa de la ideología oficial y la soberanía nacional. Destaca la figura del Cap. Gary Prado Salmón en la captura del “Che”. Actualmente los excombatientes cruceños se han organizado en una institución que lleva el nombre del sitio del primer combate. Los seguidores del guerrillero también constituyeron su organización y celebran anualmente la polémica contienda.
Pasó el tiempo en medio de la política internacional de las potencias y los partidos políticos bolivianos como Falange Socialista Boliviana y el MNR se alinean con la geopolítica estadounidense. En 1971 es derrocado el presidente Juan José Torres y el militar cruceño Cnl. Hugo Banzer Suárez es llamado desde el exilio para gobernar siete años en medio de toda una brutal telaraña de estrategias transnacionales entre capitalistas y comunistas.
Banzer gobierna con cierta estabilidad y es beneficiado por los precios del mercado internacional para los productos del país. Llama a elecciones nacionales en 1978, resultando ésta ser parte de la misma estrategia contra las fuerzas de izquierda. En adelante se suceden una serie de golpes y amagues de retorno a la democracia, donde los militares cruceños tienen que participar de acuerdo a la estructura de las Fuerzas Armadas y en el lugar donde le tocaba su servicio.
Viene el gobierno militar de Luis García Meza, matizado de violencia y saqueo de las piedras preciosas del departamento. En 1981, otra vez Santa Cruz hace noticia, esta vez con una nueva rebelión militar encabezada por el general beniano Alberto Natush Busch, contra el dictador García Meza. El militar camba se declara Presidente de la República desde el Oriente y sólo la renuncia del dictador evitó que el movimiento sea permanente.
Con el retorno definitivo a la democracia, una vez más un militar cruceño con un partido político fundado en Santa Cruz de la Sierra (ADN) participa en elecciones y logra llegar a la Presidencia Constitucional de la República. Más allá de las calificaciones que se le pueda dar al segundo gobierno del Gral. Banzer, lo cual deberá ser incluido en otro estudio, es innegable su voluntad de dejar para la historia un recuerdo de su decisión democrática.
En los nuevos tiempos, la historia de los militares cruceños se circunscribe a sus contribuciones en cada unidad donde se encuentran y en las unidades asentadas en el Oriente boliviano.
Hoy, como ayer en la colonia o en la guerra de la independencia, cada año, en toda la República, jóvenes cruceños son instruidos en los cuarteles militares o la premilitar. El racismo andino, aún incrustado dentro del Ejército boliviano, muchas veces impide que los orientales continúen la carrera militar. Sin embargo, se conocen también historias de lealtad por parte de verdaderos camaradas andinos para con los camaradas cambas.
Pero los herederos del ejército cruceño, del Capitán General Ñuflo de Chaves, del General Warnes, del Mayor General Velasco y del Tte. General Bush, continúan la tradición y en toda Bolivia existen generales, coroneles, oficiales y soldados cambas aportando con su profesión al desarrollo nacional.
Los militares cruceños y sus biografías
Un trabajo que algún día tendrá que hacerse es la biografía de los militares cruceños. En ella se encontrarán grandes servicios a la patria durante los tiempos de paz y enormes sacrificios en la defensa del territorio.
Además de los que ya hemos citado en el presente trabajo, Hernando Sanabria Fernández registra en su libro “Cruceños Notables” los siguientes nombres:
Mayor Justo Leigue Moreno (geógrafo y cartógrafo).
Cnl. José Martínez (militar y político).
Cnl. Juan Manuel Landívar Villegas (Militar y hacendado).
Cnl. Manuel María Franco (militar, servidor público).
Bailón Mercado Menacho (Médico, benemérito de la patria).
Tcnl. Héctor Suárez Velasco (Militar de la guerra del Pacífico).
Flora Salas (Defensora de la Patria).
Gral. Julio Prado Montaño (Militar, dignatario del estado, político).
Cnl. Antonio Vicente Peña Reinoso (Ingeniero militar, geógrafo).
Sanabria menciona también, aunque sin biografía, al Cap. Zoilo Mercado, de la campaña del Acre. Francisco Rivero, combatiente de la independencia y esposo de la célebre patriota Ana Barba.
En el libro “La historia a través de las calles de Santa Cruz de la Sierra”, de Ernesto Zambrana, se registran también los héroes militares de la cruceñidad. Entre los héroes del Chaco que tienen nombres de calles figuran:
UNIDAD VECINAL No. 5
Calles:
- Cabo Quiroga
- Armando Marcó
- Tte. Rivero (Humberto)
- Tte. Hormando Balcázar
- Tte. Walter Vega
- Tte. Roca Peirano (Samuel)
- Cap. Mariano Arrien (Avenida).
- Cnl. Roberto Cuéllar Salazar
- Tcnl. Félix M. Romero Téllez
UNIDAD VECINAL No. 6
Calles:
- Tte. Mamerto Cuellar
- Tte. Rómulo Arteaga
- Tte. Nataniel Aponte
- Tte. Osvaldo Parada Suárez
- Tte. Román Alderete
- Cabo Augusto Doise
Cada uno de ellos con sus biografías resumidas. Asimismo, hay calles nominadas con el nombre de batallas, unidades militares y la Plaza “Héroes del Chaco”.
Unidades militares en el Oriente boliviano
De las 10 Divisiones que dispone el Ejército Boliviano, cinco se encuentran en el Oriente:
TERCERA DIVISIÓN, con asiento en Villamontes, en el Chaco tarijeño. Se encuentra allí el Grupo de Artillería “Piragua”.
CUARTA DIVISIÓN, con asiento en Camiri, en el Chaco cruceño. Están establecidas las siguientes unidades militares:
-Batallón de Infantería “Campos”. Boyuibe
-Batallón de Infantería “Boquerón”. Charagua
-Grupo de Caballería “Avaroa”. Chorety
-Grupo de Artillería “Bullaín”. Cuevo
QUINTA DIVISIÓN, con asiento en Roboré:
-Batallón de Infantería “Junín”. Roboré
-Batallón de Infantería “Montes”. San José de Chiquitos
-Batallón de Infantería “Florida”. San Matías
-Grupo de Caballería “Castrillo”. Puerto Suárez
-Grupo de Artillería “Vergara”. Santiago de Chiquitos
SEXTA DIVISIÓN, con asiento en Trinidad:
-Batallón de Infantería “L. Echeverría”. Trinidad
-Batallón de Infantería “Independencia”. Guayaramerín
-Grupo de Caballería “Ballivián”. San Joaquín
-Batallón de Ingeniería “Riosinho”. Cobija (Pando)
En Rurrenabaque existe una unidad militar del Ejército y Fuerza Aérea.
OCTAVA DIVISIÓN, con asiento en Santa Cruz de la Sierra:
-Batallón de Infantería “Marzana”. Cabezas
-Batallón de Infantería “Warnes”. San Ignacio
-Batallón de Policía Militar “Tte. Amezaga”. Santa Cruz
-Batallón de Ingeniería “Gral. Pando”. Santa Cruz
También se encuentra el Batallón Logístico No. II y el Batallón de Transportes No. II “Diablos Verdes”. Asimismo, en la ciudad de Santa Cruz está el Instituto Geográfico Militar y la Escuela Militar de Ingeniería.
En Montero (Prov. Obispo Santistevan) está el Regimiento de Fuerzas Especiales No. 12 “Manchego” (Ranger). En Cordillera está la Corporación Gestora del Proyecto Abapó –Izozóg.
No sabemos porqué los nombres de la mayoría de estas unidades no responden a héroes cruceños y batallas ganadas por cruceños.
En lo referente a la Fuerza Aérea, en Santa Cruz de la Sierra tiene asiento la TERCERA BRIGADA AÉREA, con las siguientes unidades militares:
-Grupo Aéreo “21”. Santa Cruz
-Grupo Aéreo “32”. Santa Cruz
-Grupo de Artillería y Defensa Antiaérea “93”. Santa Cruz
-Grupo Aéreo “22”. Puerto Suárez
-Grupo Aéreo “61”. Roboré.
Asimismo se encuentra en Santa Cruz el Colegio Militar de Aviación “Germán Busch”. En Villamontes se encuentra la Cuarta Brigada Aérea, con el Grupo Aéreo “63”.
En Riberalta (Beni) existe una unidad dependiente del Comando General de la Fuerza Aérea.
La FUERZA NAVAL tiene cinco de sus seis grandes unidades en el Oriente boliviano.
PRIMER DISTRITO NAVAL (Riberalta)
-Batallón de Ingeniería Marina I “Bague”. Riberalta
-Base Naval “Riberalta”. Riberalta
SEGUNDO DISTRITO NAVAL – Trinidad
-Sin información disponible
TERCER DISTRINO NAVAL (Guayaramerín)
-Batallón de Infantería Marina “Mejillones”. Guayaramerín
-Batallón de Infantería Marina “Abuná”. Abuná
-Batallón de Infantería Marina “Itenez”. Itenez
-Batallón de Infantería Marina “R.G. Gutiérrez”. R.D. Gutiérrez
-Base Naval “Guayaramerín”. Guayaramerín
CUARTO DISTRITO NAVAL (Tiquina)
Tiene su base en el Titicaca, pero tiene otra base naval en Bermejo (Río de Tarija), cuyo nombre es “N. Paz Galarza”.
QUINTO DISTRITO NAVAL (Puerto Guijarro)
-Batallón de Infantería Marina “Calama”. Puerto Guijarro
-Base Naval “Tamarinero”. Puerto uijarro
SEXTO DISTRITO NAVAL (Cobija)
Sin información disponible.
En Santa Cruz de la Sierra existe una unidad dependiente del Comando General de la Fuerza Naval con asiento en la ciudad (“AMA II”).
Esa es toda la información oficial que hemos podido reunir sobre las unidades militares asentadas en el Oriente boliviano, para el presente trabajo. Desde todas ellas, se reclutan soldados cambas para reforzar las Fuerzas Armadas de la Nación.
Homenaje de Bolivia a los militares cruceños
En marzo del 2002, el Comité Pro Santa Cruz hizo las consultas a la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos, con relación a la importancia de hacer ascensos póstumos a los libertadores de Santa Cruz, encabezados por Warnes. La benemérita institución respondió de manera afirmativa, con lo cual el Círculo de Corresponsales Militares hizo la representación ante la Octava División de Ejército cuyo trámite siguió su curso.
El 12 de julio del 2003, durante los festejos del centenario de la distinguida sociedad, el Encuentro Nacional de Sociedades Geográficas e Históricas de Bolivia aprobó una resolución que instruye realizar las gestiones para los respectivos reconocimientos y ascensos. En consecuencia, el Senado Nacional, en su sesión de homenaje a la efemérides de Santa Cruz, el 22 de setiembre del 2003, mediante Resolución Camaral aprobó lo siguiente:
“Artículo primero. – Reconózcase, con carácter póstumo, el grado de General de la República al prócer argentino-boliviano José Ignacio Warnes García.
Artículo segundo. - Otórguese los ascensos póstumos al grado de Generales de la República a los próceres cruceños: Antonio Suárez de Arteaga, José Andrés de Salvatierra Chávez y José Manuel Mercado Montero.
Artículo tercero. – Otórguese el ascenso póstumo en el grado de Coronel al prócer de la independencia José Manuel Baca Baca”.
Día del Ejército Cruceño
Si un día, en Bolivia, se reconoce la historia tal como fue y se respetan las contribuciones de cada uno de los pueblos de la república a la heredad nacional, el día del Ejército Cruceño deberá celebrarse el 25 de mayo.
Las Fuerzas Armadas de Bolivia deberán realizar orgullosas el acto de homenaje a lo que fue el más glorioso momento del ahora disperso Ejército Cruceño, la Batalla de Florida (1814).
Santa Cruz de la Sierra, febrero del 2004.
*Boletín Estadístico. Ministerio de Defensa Nacional
Nino Gandarilla Guardia
(Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz.
Círculo de Corresponsales Militares)
FUENTES:
ACTAS CAPITULARES DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Publicaciones de la Universidad Gabriel René Moreno
ACADEMIA ORIENTAL DE LA HISTORIA – No. 8
Eduardo Cortés L.
ALMANAQUE ORIENTAL
Saúl Suárez Medina
ALBUM CONMEMORATIVO DEL IV CENTERNARIO DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Antonio Velasco Franco
ANDRES IBAÑEZ CAUDILLO DEL ORIENTE
Daniel Pérez Velasco
ANOTACIONES Y DOCUMENTOS SOBRE LA CAMPAÑA DEL ALTO ACRE
Nicolás Suárez
BOLETÍN ESTADÌSTICO
Ministerio de Defensa Nacional
BOSQUEJO DE LA CONTRIBUCIÓN DE SANTA CRUZ A LA FORMACIÓN DE LA NACIONALIDAD
BOCETO BIOGRÁFICO DEL CORONEL JOSE MANUEL MERCADO
J.M. Durán Canelas
BREVE HISTORIA DE SANTA CRUZ
Hernando Sanabria Fernández
CASTAS
Maite García
CASIMIRO OLAÑETA
Gabriel René Moreno
CATÁLOGO DEL ARCHIVO DE MOJOS Y CHIQUITOS
Gabriel René Moreno
CAÑOTO
Hernando Sanabria Fernández
CRONISTAS CRUCEÑOS DEL ALTO PERU VIRREINAL
Publicaciones de la Universidad Gabriel René Moreno
CRÓNICA SUMARIA DE LOS GOBERNADORES DE SANTA CRUZ
Hernando Sanabria Fernández
CRUCEÑOS NOTABLES
Hernando Sanabria Fernández
CONTRIBUCIÓN JOVEN
Nino Gandarilla Guardia
DESARROLLO DEMOGRÁFICO DE LA CIUDAD DE SANTA CRUZ
Jorge Bendek Telchi
DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA Y ESTADÍSTICA DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Francisco de Viedma
DIARIO DE CAMPAÑA
Carlos Vaca Ribera
DIEGO DE MENDOZA
Germán Coimbra Sanz
DOCUMENTOS
Comité Pro Santa Cruz
DOCUMENTOS ORIGINALES
Biblioteca - Remberto Gandarilla Suárez
ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN EL ORIENTE BOLIVIANO
José Luis Roca
EL ARCHIVO
Adrián Melgar i Montaño
EL BRIGADIER FRANCISCO XAVIER DE AGUILERA
José Luis Roca
EL CRIMEN POLÍTICO EN BOLIVIA
Floren Sanabria G.
EL CONFLICTO DEL CHACO
Julio A. Gutiérrez
EL COSMOPOLITA ILUSTRADO No. 33
Julián Eladio Justiniano
EL CLERO CRUCEÑO EN LA INDEPENDENCIA
Adrián Melgar y Montaño
EL ORIENTE
Daniel Pérez Velasco
EL “SEPARATISMO” DE SANTA CRUZ
Lorgio Serrate
EN BUSCA DE ELDORADO
Hernando Sanabria Fernández
ESTUDIOS SOBRE LA CULTURA CRUCEÑA
Humberto Vásquez Machicado
GEOGRAFIA DE SANTA CRUZ
Hernando Sanabria Fernández
GUIA COMERCIAL, INDUSTRIAL Y TURISTICA DE SANTA CRUZ 1952
Miguel Rejas Negrete, Remberto Gandarilla Suárez, Hernán Pedraza.
HOMBRES DE SANTA CRUZ
Oscar Alborta Velasco
HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA
J.M. Durán Canelas
HISTORIA DE SANTA CRUZ DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
Victorino Rivero Egüez
HISTORIA DEL ORIENTE BOLIVIANO SIGLOS XVI - XVII
Alcides Parejas
HISTORIA DE LA GOBERNACIÓN E INTENDENCIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
Plácido Molina Mostajo
HISTORIA DE LA CONQUISTA DEL ORIENTE BOLIVIANO
Enrique Finot
HISTORIA SECRETA DE LA GUERRA DEL PACÍFICO
Edgar Oblitas Fernández
IGNACIO WARNES Y LA FLORIDA
Yngrid Vespa Adomeit
INTERNET
Biografías
JOSE MANUEL MERCADO EL COLORAO
Ingrid Vespa
Charles W. Arnade
LA NACIÓN DE LA LLANURA
Carlos Valverde Barbery
LA HISTORIA A TRAVÉS DE LAS CALLES DE SANTA CRUZ
Ernesto Zambrana Cascales
LA FAMILIA ÑUFLEÑA
Sixto Montero Hoyos
LA ESTATUA DE WARNES
Berthy Bascopé Anglarill (El Mundo, 24-09-81)
LA LEYENDA DE AVAROA
Daniel Pérez Velasco
LA GUERRA CHIRIGUANA
Guillermo Pinkert Justiniano
LA ONDULANTE VIDA DE TRISTÁN ROCA
Hernando Sanabria Fernández
LA PERMANENTE CONSTRUCCIÓN DE LO CRUCEÑO
Paula Peña
LIBERTADORES CRUCEÑOS
Nino Gandarilla Guardia
LIBRO MAYOR DE SESIONES DE LA ASAMBLEA DEL ALTO PERU INSTALADA EL 10 DE JUNIO DE 1825
LIBRO BORRADOR DE COMUNICACIONES DEL CONGRESO GENERAL CONSTITUYENTE INSTALADO EL 25 DE MAYO DE 1826
LIMITES CON BOLIVIA
Juan Martín Leguizamón
LOS PRIMEROS CIEN AÑOS DE LA REPUBLICA DE BOLIVIA
José Agustín Morales
LUCHEMOS POR EL FEDERALISMO
Carlos Valverde Barbery
ÑANDEROGA
Hernán Ardaya Paz
ÑUFLO DE CHAVES EL CABALLERO ANDANTE DE LA SELVA
Hernando Sanabria Fernández
ÑUFLO DE CHAVES
Roberto E. Porcel
MANUAL DE HISTORIA DE BOLIVIA
Humberto Vázquez Machicado
MUSEO CATEDRALICIO
OBRAS COPLETAS
Humberto Vásquez Machicado
PÁGINAS HISTORICAS
Placido Molina Mostajo
PAGINAS HISTÓRICAS CRUCEÑAS
J.M. Durán Canelas
PERSONAJES NOTABLES DE SANTA CRUZ
Angel Sandoval Ribera
PLACA RECORDATORIA –MONUMENTO A WARNES
Plaza 24 de Septiembre
PLUMADAS CENTENARIAS
Mariano Zambrana
PRESIDENTES DE BOLIVIA
Floren Sanabria
SANTA CRUZ EN LOS UMBRALES DEL DESARROLLO
Remberto Gandarilla Suárez
SANTA CRUZ AYER Y HOY
Carlos Torres - Mario Limpias
SANTA CRUZ UN PUEBLO HUMILLADO
Informe de los universitarios de Charcas sobre la tragedia del pueblo cruceño. 1958
TODO ES HISTORIA
Felix Luna
VERDE Y BLANCO
Revista
VIAJE A AMÉRICA MERIDIONAL
Alcide D’Orbigny
WARNES EN SANTA CRUZ
Virgilio Chini Ludueña
EL
ESTADO
FEDERAL
DE
SANTA CRUZ
1876
EL ESTADO FEDERAL DE SANTA CRUZ
A 127 años del asesinato del Gobernador cruceño
Dr. Andrés Ibáñez Justiniano
“Mártires, quizá un día
los miembros de la junta que habéis elegido,
los que han sembrado nuestra doctrina
y otros con la espada en alto
con abnegación patriótica,
simbolizan no obstante,
la forma de Gobierno Federal que sustentáis”.
(Junta Superior del Oriente. 27 – XII- 1876).
El 1ero. de octubre de 1876, ante el abandono que sufría Santa Cruz desde la creación de la República, debido a la sucesión de gobiernos centralistas, el político y jurista cruceño Dr. Andrés Ibáñez Justiniano, encabezo la revolución armada que lo proclamó Gobernador de nuestro departamento, con el apoyo de un comicio popular. En diciembre del mismo año, Ibáñez organizó la Junta de Gobierno Federal, cuya administración resistió durante medio año la amenaza centralista que no admitía la existencia de un Estado Federal en Bolivia.
Finalmente el gobierno central envió una División de 600 hombres para destruir al Gobierno Federal de Santa Cruz y el Gobernador Ibáñez tiene que replegarse a Chiquitos, con la compañía de medio centenar de fieles soldados del denominado gobierno “Igualitario” (por su doctrina social). El 28 de abril de 1877 es capturado en Santa Ana de Chiquitos el dirigente federalista Benjamín Urgel, quien fue fusilado por negarse a delatar a su Líder. El 30 del mismo mes es alcanzado y fusilado en el río Uruguaito Cecilio Chavez, camarada de Ibáñez.
Al día siguiente, el 1ero. de mayo de 1877, es asesinado el líder federalista Dr. Andrés Ibáñez, en la estancia San Diego, hoy provincia Velasco. Junto a él fueron fusilados sus compañeros de campaña Cnl. José María Prado, Cap. Manuel Valverde, Don Francisco Javier Tuero y otros 7 revolucionarios. Todos fueron ejecutados sin juicio alguno. Luego, “la noche llegó tétrica y pesada con pocos soldados en la hacienda, pues las patrullas habían salido hacia diversos lugares a cazar federalistas…”
El centralismo boliviano había reaccionado con rapidez y prepotencia contra la Revolución Federal de Santa Cruz, pero dos años después actuó con lentitud y traición a la patria en la Guerra del Pacífico. Pero las ideas federalistas de Ibáñez no murieron y más bien se propagaron por todo el país. En Sucre, don Lucas Mendoza, Julio Méndez y Nataniel Aguirre se convierten en líderes del federalismo, llegando a convencer incluso al Gral. Daza, quien había enviado las tropas contra Ibáñez.
Tiempo después, en la Asamblea Nacional de 1890 los representantes del Beni se pronuncian a favor del sistema Federal para Bolivia. El 2 de enero de 1891 en Santa Cruz nuevamente se proclama el Gobierno Federal, a la cabeza de los coroneles Domingo Ardaya y Domingo Avila. Con ellos combatió Octavio Urgel, hijo de Benjamín. Esta revolución fue reprimida por el presidente Aniceto Arce, traidor de la patria, quien había vendido el litoral boliviano. Pero el federalismo continúa su lucha contra el centralismo y el 10 de abril de 1899 el Cnl. José Manuel Pando gana la Guerra Federal en la ciudad de la Paz. Pero la sangre federalista paceña es traicionada en la Convención de Oruro, cambiando la sede de gobierno y continuando con el unitarismo de Estado.
En adelante, Santa Cruz tiene que luchar en diferentes formas contra el estado Unitario. Unas veces a través del Orientalismo, otras demandando el 11% de las Regalías (que es un federalismo económico), luego la Descentralización y hoy lo hacemos con las Autonomías Departamentales.
En el sistema Federal, los Departamentos (o Estados) asignan al gobierno central la representación de sus intereses comunes, reservándose los propios de su jurisdicción. En un proceso de descentralización o de autonomías, el sistema central devuelve a los departamentos aquellas facultades que ya tenían desde las Republiquetas, cuando obtuvieron su Independencia de España y asigna gradualmente estas potestades a los departamentos nuevos. El líder federalista cruceño, mediante una revolución armada abrevió el proceso e instaló el Gobierno Federal.
“Las matanzas de mayo –dice Cortés- fueron recordadas por los cruceños durante muchos años, y fue así como Andrés Ibáñez sembró, por generaciones, los ideales autonomistas o federativos de los orientales”.
Andrés Ibáñez Justiniano nació en Pailas, el 30 de noviembre de 1844; hijo del Cnl. Francisco Bartolomé Ibáñez y de doña María del Carmen Justiniano. Su esposa fue doña Angélica Roca y tenía tres hijos de anteriores nupcias. Su padre fue otro gran caudillo cruceño; en 1847 encabezó una revolución que proclamó al Gral. José Miguel de Velasco a la Presidencia de la República.
La última carta del Gobernador Ibáñez -dirigida a su esposa- se hizo famosa. La transcribimos a continuación:
“San Diego, 1º de mayo de 1877
A la señora Anjelica Roca
Hoi se me ha leido i notificado mi sentencia de muerte, así es que esta la recibirás despues de ella.
Los últimos latidos del corazón que va a dejar esta vida no se consagran, sino al ser huérfano que uno deja.
Ayer escapé de la muerte, pero esto no había sido sino un aplazamiento.
Escucha i lee mi último adios: Resignación.
Sé feliz en nuestra común desgracia, te encargo vivas al lado de mi familia que ella por el cariño que me ha tenido, te sustentará.
Consuela a mi hija Leocadita i los otros.
No puedo escribirte más largo; desfallece tu
Andrés
Adíos,
Muero”
El Dr. Ibáñez amó tanto a Santa Cruz y a su pueblo, que ofrendó la vida en busca de su desarrollo y de ubicarnos en un lugar especial dentro de la República. Su gran visión de estadista, logró establecer el Estado Federal en una ciudad que contaba con apenas 15.000 habitantes. Honor y Gloria a su heroica memoria.
Nino Gandarilla Guardia
FUENTES:
ALMANAQUE ORIENTAL
Saúl Suárez Medina
ACADEMIA ORIENTAL DE LA HISTORIA – No. 8
Eduardo Cortés L.
DESARROLLO DEMOGRÁFICO DE LA CIUDAD DE SANTA CRUZ
Jorge Bendek Telchi
ESLABONES ENCONTRADOS
Nino Gandarilla Guardia
HISTORIA SECRETA DE LA GUERRA DEL PACÍFICO
Edgar Oblitas Fernández
PERSONAJES NOTABLES DE SANTA CRUZ
Angel Sandoval Ribera
Este libro fue editado en mayo del 2004.