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Asamblea Provisional Autonómica de Santa Cruz ¡Arriba cruceños hagamos historia! |
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27 de noviembre de 2007
CORREO DEL SUR
SUCRE NO TERMINA DE ENTERRAR A SUS MUERTOS; AYER MURIÓ UN TERCER JOVEN

Una multitudinaria concentración de gente pocas veces vista en Sucre
Nadie pudo contener el llanto. Una mezcla de
rabia y profundo dolor se entremezclaron ayer en el multitudinario sepelio de
los dos primeros mártires de la democracia y la libertad: Gonzalo Durán y Juan
Carlos Serrudo. Toda la población se volcó a las calles para despedir a sus
héroes y gritar su molestia por la brutal represión que terminó con sus vidas y
que aún tiene en vilo a los familiares de varios otros heridos.
Después de una emotiva misa de cuerpo presente celebrada en la Catedral
Metropolitana, a la que precedió un homenaje póstumo del municipio de Sucre, más
de diez cuadras de capitalinos acompañaron los restos de los dos jóvenes hasta
el Cementerio General.
Gonzalo y Juan Carlos no estuvieron ni un metro solos y ni un minuto dejaron de
escucharse los "glorias" para los caídos en la zona de La Calancha. Banderas
chuquisaqueñas y bolivianas con crespones negros, pañuelos blancos, flores,
estandartes y pancartas inundaron la procesión. Una banda colegial marcó el paso
de los miles de dolientes que se turnaban para cargar los féretros.
"Evo asesino, Evo asesino", se escuchó en el trayecto de algo más de un
kilómetro por el que recorrió la procesión hasta el camposanto. Y la gente no
sólo lo gritaba por sumarse a la multitud, sino lo hacía con vehemencia. En ese
estribillo estaba resumida la rabia de toda una población que no se explicaba el
porqué del accionar de un gobierno contra una ciudad. Esa era la pregunta que se
hacían los vecinos conforme avanzaba el cortejo. "Evo maldito", "Silvia asesina,
¿acaso no tienen hijos?", gritaban las más ancianas. Otros descargaron su rabia
en sus pancartas: "Evo has cumplido tu amenaza, aquí están los muertos", decía
una al ingreso del Cementerio. Los más jóvenes exigían justicia; los niños
pedían explicación sobre ese multitudinario acontecimiento; los padres
agradecían a Dios porque las víctimas no habían sido sus hijos; todos buscaban
respuestas y todos apuntaban al Gobierno. Las lágrimas se tornaron incontenibles
al llegar a la plazuela frente al Cementerio. Allí se habían apostado otros
miles de ciudadanos y varios vehículos del servicio público que incesantemente
empezaron a tocar bocina en señal de despedida. El cementerio estaba abarrotado,
no había espacio ni para los periodistas. Los universitarios se encaramaron a
los mausoleos vecinos y desde allí dijeron adiós con el alma desgarrada. "Era mi
compañero, hemos luchado juntos", decía uno. Un escenario de dolor y de profunda
solidaridad dominaron la tarde. Corrían las 17:00, cuando el cuerpo de Gonzalo
Durán fue enterrado en el cuartel número cinco y el de Juan Carlos Serrudo en el
uno. "Justicia, justicia", gritó la muchedumbre. Una diana comenzó el entierro y
provocó que una de las familiares de Gonzalo se desmayara. Ya nada podía
contener el llanto de toda una ciudad acongojada y de un cementerio abarrotado
de dolientes. Hubo rezos y discursos de homenaje. El Comité Interinstitucional,
desde su presidente Jaime Barrón, lloró a los muertos. Germán Gutiérrez Gantier
se encargó de despedir al abogado Durán, fallecido en La Calancha por un disparo
en la parte derecha del pecho. Al pedir justicia, aseguró que su muerte no había
sido en vano porque había ofrendado la vida por su región. El presidente del
Concejo Municipal, Fidel Herrera, fue el encargado de dar el último adiós a
Serrudo. "Este Gobierno represor prefirió la bayoneta antes que el debate. Ha
cobrado tres víctimas, la de un joven profesional y dos universitarios", dijo.
Comparó la lucha de estos jóvenes con los 27 caídos en Ayo Ayo en la Guerra
Federal. "Su fe inquebrantable por la Capitalidad, la justicia y la democracia
será un ejemplo que nos guiará", dijo.
A decir del Comité Interinstitucional, Gonzalo Durán y Juan Carlos Serrudo serán
recodados por siempre como los mártires de la democracia y la libertad, muertos
en la zona de La Calancha a causa de una desmedida represión policial y la
intolerancia de un Gobierno.
HOY ENTIERRAN A JOSÉ LUIS
Hoy se repetirá el panorama. Será el turno de José Luis Cardozo, un joven de 20
años, estudiante de Construcción Civil que recibió un disparo en la cabeza el
sábado pasado, en medio de la refriega con la Policía, en la zona de La Florida.
Fue uno de los heridos retenidos que no recibió atención médica a tiempo.
Noche antes, sus compañeros de universidad hicieron vigilia en el hospital Santa
Bárbara y ya por la mañana, acompañaron su féretro hasta la plaza 25 de Mayo,
donde le hicieron un primer homenaje. Su familia y sus amigos apenas podían
tenerse en pie. "¡Ay guaguay!, papito. Ahora quién va a cuidar a tu mamá", gemía
una anciana junto al féretro de José Luis.
Los jóvenes lloraban mientras cargaban el féretro de Cheo, apodo con el que lo
conocían. El paso era lento y la gente salió a las aceras para persignarse y
homenajear al universitario. Pañuelos blancos, rostros de solemnidad y dolor
acompañaron al féretro hasta la Casa de la Libertad. "Parate Cheo, levantate",
gritaba uno de sus compañeros, esperando un milagro que no llegó. Durante todo
el trayecto se escucharon dos gritos: "Evo asesino" y "Cheo te queremos". En la
casa donde nació Bolivia, el Hinmo Nacional y el de Chuquisaca fueron cantados a
ritmo de rezos, antes de que el cortejo se dirigiera hacia la casa de Cardozo
para iniciar el velatorio. Hoy será su entierro.